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Cartografía de un paisaje mental y de la metáfora

12 may 2018 / 08:32 h - Actualizado: 06 may 2018 / 23:36 h.
  • Portada de ‘Diarios’. / El Correo
    Portada de ‘Diarios’. / El Correo
  • Alejandra Pizarnik. / El Correo
    Alejandra Pizarnik. / El Correo

Los diarios de Alejandra Pizarnik son altamente envolventes. Te envuelve su obsesión por la escritura, sus observaciones casi narcisistas donde acabas fascinada por su capacidad autodestructiva y de donde sale airosa a fuerza de forzar la escritura. La complejidad de la mente donde el amor por la muerte roza al yo y las otras de su escritura, una escritura unida muy de cerca con el cuerpo, por eso probablemente rezuma vida.

Han transcurrido doce años desde la publicación de la obra diarística de Alejandra Pizarnik, de cuya selección se hizo cargo la escritora y traductora Ana Becciu. La reedición de los mismos amplía sus páginas al doble (503 en la edición de 2003, 1093 en la de 2017). Ana Becciu nos habla de los pormenores que llevaron a la reedición de estos diarios. Así mismo Lumen también ha reeditado la Prosa completa y la Poesía Completa de Alejandra Pizarnik en cuidadas ediciones a cargo de Ana Becciu, en la editorial Lumen.

El trabajo extenso de recopilación, lecturas, análisis de los diarios de Alejandra Pizarnik ¿han llevado a lograr un retrato más exacto de la escritora con esta nueva edición ampliada?

«Sí, puesto que se puede apreciar el desarrollo de su vocación, o deseo de ser una poeta desde los diecisiete años. La incorporación en forma de apéndices de las entradas reescritas por ella misma permite al lector comprender su forma de trabajar cada frase».

La brevedad de tu prefacio y tus notas ¿es voluntaria? Una forma de no realizar intervenciones solo para dejar oír la voz de la poeta.

«Mi prólogo a un libro de este género no debía ser extenso; su finalidad es explicar el trabajo que se ha llevado a cabo. Ten en cuenta que yo no soy una profesora ni llevo ropa de crítica literaria. Seguramente con el tiempo habrá una o varias ediciones críticas y en el medio académico no faltará quien teorice en un prólogo ad hoc».

Cuando realizaste el estudio minucioso de sus diarios ¿tuviste la sensación de que asumir el personaje podría haber cambiado tu concepción de la obra de Pizarnik?

«No entiendo lo que quieres decir con «asumir el personaje». Si tomo tu expresión literalmente, yo no asumí ningún personaje, puesto que no es un personaje quien escribió estos diarios sino una persona, que fue poeta y escritora. Lo que ella escribe en esos cuadernos es una constante reflexión sobre su quehacer artístico. Si por «concepción de la obra de Pizarnik» te refieres a su significado y cualidades artísticas, diría que estos diarios permiten al lector de la poesía de Pizarnik acercarse a su mundo interior y empezar a entender un poco la génesis de su paisaje mental y sus metáforas».

En sus diarios apenas hay referencia a su vida familiar, los lugares de la ciudad donde paseaba, son unos diarios más bien introspectivos, casi obsesivos ¿Crees que ayudan a comprender mejor su poesía o sus diarios son otra parte de su obra?

«Son, en efecto, parte de su obra literaria».

¿Cómo nació el proyecto de la recopilación, lo explicas en el prólogo, pero me gustaría que ampliaras tus conocimientos y amistad con Alejandra Pizarnik.

«Alejandra había expresado claramente, en los últimos meses de su vida, el deseo de ver un día editados esos cuadernos. Incluso llegó a decir que Alberto Manguel y yo debíamos encargarnos de armar un libro que estuviera a la altura del trabajo que se había hecho con los diarios de Virginia Woolf. Entonces sólo se conocía la edición de Leonard Woolf. Yo no lo tomé en serio y me limité a decirle que con todo gusto Alberto y yo la ayudaríamos en la tarea, pero que debía ser ella quien lo hiciera, puesto que ya había empezado. Prueba de ello eran las publicaciones en algunas revistas de fragmentos de sus cuadernos. Cuando murió, repentinamente y siendo tan joven, el objetivo fue que su obra publicada e inédita no cayera en el olvido. La editorial Sudamericana de entonces se comprometió en editarla. La madre de Alejandra, que era una mujer perfectamente consciente del talento de su hija, nos pidió a Olga Orozco y a mí que nos encargáramos de ordenar sus papeles. Allí surgió la idea de Olga de publicar el libro Textos de Sombra (en el que Alejandra estaba trabajando) póstumamente, además de La bucanera de Pernambuco, que ya había concluido. Había muchos poemas que nos parecieron terminados y listos para publicar, y también los incluimos. Pero se nos vino encima el golpe militar y Sudamericana no publicó el libro. Salió recién en 1982, una vez acabada la dictadura. Para entonces ya no se conseguían ejemplares de su obra; los estudiantes fotocopiaban lo que había. Yo llegué a Barcelona en 1976. Conversamos sobre esta cuestión con Ana María Moix. Decidió que teníamos que ir juntas a ver a Esther Tusquets, a Lumen, a proponerle la edición de los libros de Pizarnik. Pero no nos hizo caso, le pareció arriesgado apostar por una escritora que ella no conocía, que habíamos leído sólo nosotras y pocas personas más en España, y que la Argentina estaba lejos y en sombras y no estaba segura ella de poder vender. Tuvieron que pasar 23 años para que Esther se decidiera. Aurora Bernárdez, quien custodiaba en su casa los cuadernos de Alejandra, aceptó la idea de que ya era hora de publicar su obra en condiciones. Nos expuso, con justa razón, que la mejor forma de que un editor se atreviera a editar su poesía era ofrecerle además los diarios. Entonces, cuando habló con Esther, le ofreció los diarios, pero le exigió que primero editara su obra, poesía y prosa, puesto que, adujo Aurora, los lectores que no hubieran leído su poesía no entenderían sus diarios. Por este motivo su obra completa fue editada en España y no en Argentina. En esa época la obra de Pizarnik aún no atraía al mundo editorial argentino, el cual, por otra parte, estaba muy de capa caída, después de haber sido arrasado por la dictadura militar».

¿Consideras, en general, que los diarios son fundamentales en la obra de una poeta? ¿O es una obra menor o un compendio de sus reflexiones que nos ayudan a comprender su obra?

«Son fundamentales».

¿La fragmentación de sus diarios, publicados por ella misma en algunas publicaciones, mostraban una clara intención de elaborar un diario de escritora?

«Sí, por lo que te he contado antes».

¿Ha cambiado tu lectura de la poesía de Alejandra Pizarnik a partir del estudio de sus diarios?

«No. Se ha profundizado».

¿Con esta edición de 2016 reeditada en 2017 de momento concluyes? Tú misma dices que hay cuestiones personales que no os parece pertinente que sean publicadas, tanto a ti como a su familia, en concreto a su hermana?

«Insisto. Seguramente en el futuro se harán ediciones de carácter crítico, eruditas. En cuanto a las «cuestiones personales», en todos los cuadernos se mencionan «cuestiones personales», y la presente edición tiene, creo, unas mil páginas de cuestiones personales. Si te refieres a las intimidades de terceras personas, la cuestión para mí es clara: son esas terceras personas quienes deben autorizarlo. En cuanto a su familia, al tratarse de diarios personales, no considerados stricto sensu, obra de creación artística o ficción, la familia tiene derecho legal a oponerse a que se publique esto o aquello. Si depositaron el material en la Universidad de Princeton, reconocida por su idoneidad para la conservación de manuscritos, fue precisamente para conservarlos, que no se perdieran o dispersaran y que los investigadores pudieran ocuparse de estudiar y ampliar los conocimientos sobre su obra. Hace poco el investigador argentino Patricio Ferrari, especialista en Pessoa, detectó unos poemas escritos originalmente en francés y que revela un aspecto poco conocido de la autora. Se publicarán en breve».


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