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Copi o de la condición humana. Surrealismo o muerte

La edición antológica de Anagrama de las obras de Copi en castellano, es el acicate definitivo para acercarse a un autor absolutamente excepcional, un argentino que escribió todas sus obras en francés y resulta, por tanto, casi un desconocido en nuestro país

14 mar 2021 / 21:44 h - Actualizado: 14 mar 2021 / 21:57 h.
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  • Copi o de la condición humana. Surrealismo o muerte

Es inevitable caer en los tópicos con los que la crítica, los estudiosos y los prologuistas se refieren a Copi, un escritor argentino nacido en 1939 en Buenos Aires y fallecido en París en 1989. Raúl Daponte Botana. Excesivo, inclasificable, de verbo fácil y prodigiosa imaginación, especialmente dotado para la comedia, a caballo entre lo surrealista y lo grotesco, anclado entre los referentes inexcusables para un escritor latinoamericano: Borges, Europa, la telenovela, la oralidad, la familia y el exilio.

Si «Río de la Plata», el artículo que cierra el primer volumen es más o menos una interesada biografía; si «La Internacional Argentina» es delirante y bebe directamente del misterioso y borgeano «Congreso del mundo»; la trilogía titulada «La vida es un tango» es una obra maestra del equívoco y la novelación. Se diría que usa los acordes y el ritmo de la música argentina para imprimir a su prosa un crescendo vertiginoso, plagado de giros bruscos pero armónico, violento, vertiginoso, voraz, sensual y canalla. Es la vida de Silvano Urrutia contada en tres momentos diferentes de su vida. Son tres vidas diferentes contadas bajo un mismo nombre. Es el relato de las cosas que suceden y se suceden en el tiempo entre Argentina y París. Analiza Copi los efectos de ser argentino, del paso del tiempo y de las cosas que pasan en la vida. Estudia la corrupción, la ruptura, las relaciones (amorosas o paternofiliales), el enriquecimiento y la pobreza. Y lo hace con tal acierto, con un virtuosismo tan grande, que no cuesta imaginar porqué influyó tanto en el ambiente literario de cuantos conocieron su obra difícil de catalogar.

Copi o de la condición humana. Surrealismo o muerte

Copi es queer o no es nada, escribe a borbotones, deja a los lectores sin aliento, perplejos, cierto que se acerca en algunos momentos a un compatriota suyo, Manuel Puig, pero no como para hablar de influencia, sino más bien de argentinidad compartida. El primero está más entre Kafka y Lewis Carroll, onírico y caricaturesco. Se sitúa en un margen desde donde reírse de sí mismo y, ya puestos, de todos y de todo. Es tremendamente divertido y mordaz. Narra con trazos gruesos, perfectamente entonados, sorprende hasta la última línea.

La narrativa de Copi es un festín para la imaginación lectora, concebido por un autor desquiciado y delirante.

«El uruguayo» es de un surrealismo indefinible, cercano a las imágenes de René Magritte. En algunos momentos parece que esté describiendo el infierno, que es el Uruguay, aunque alterna después la crítica nacionalista a orientales y argentinos, ciudadanías a las que el autor estuvo vinculado. El cuento solo es superado en cripticidad por el prólogo de María Moreno, que quiere ser evocativo, pero se aproxima a lo ilegible.

Y es que el escritor porteño utiliza una especie de escritura automática en la que parecen mezclarse las realidades de la vida del narrador con sus más perversos impulsos y deseos, esto da como resultado unas tramas rocambolescas, propias de un vodevil, que no duda en lanzar hacia lo escatológico, o lo sádico, o lo masoquista, con tal de golpear al lector con su imaginación y sus transgresiones.

Resulta prodigioso -casi inexplicable- que, a pesar del retorcimiento de la trama de narraciones como «El baile de las locas», y de sus giros continuos, el autor sea capaz de mantener el hilo conductor y el ‘histórico’ de sus personajes.

Copi o de la condición humana. Surrealismo o muerte

Delirio, es la palabra que nos acude una y otra vez a la cabeza.

«Las viejas travestís», y «Virginia Wolf ataca de nuevo» son dos colecciones de relatos cortos, paradójicos, con un fondo de absurdo, incursionan alguna vez en lo antropológico, en lo mágico-fantástico. En todos ellos hay destellos de una crítica mordaz a las relaciones familiares, institucionales, amorosas o sexuales; más un análisis de las estructuras de sometimiento: mujer/hombre, criado/señor, marica-travestí/macho.

«El baile de las locas» es una desatada relación triangular en la que los deseos, los sexos, se intercambian en distintos lugares geográficos, parece un viaje por paraísos artificiales que el autor hubiera conocido o habitado: Ibiza, Roma, París, Nueva York.

Es inevitable recordar que Copi comenzó su heterodoxa y heterogénea carrera artística actuando en el grupo Pánico con Alejandro Jodorowsky, Fernando Arrabal y Roland Topor para intentar clasificar su obra en algún punto de partida, el de los elementos básicos que inspiraron un movimiento intelectual vanguardista: terror, humor y simultaneidad.


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