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De la vida al mito (1616-2016): Curiosa exposición en torno a Miguel de Cervantes

La Biblioteca Nacional de España, dentro de la conmemoración de los cuatro siglos sin Cervantes en vida, celebra una exposición que se puede visitar en Madrid hasta el 22 de mayo para solaz de investigadores, expertos o simplemente curiosos del creador del caballero de la triste figura.

09 abr 2016 / 12:36 h - Actualizado: 09 abr 2016 / 14:29 h.
  • Retrato de Miguel de Cervantes. Litografía de Célestin Nanteuil, realizada en el siglo XIX. / El Correo
    Retrato de Miguel de Cervantes. Litografía de Célestin Nanteuil, realizada en el siglo XIX. / El Correo
  • Manuel Wssel de Guimbarda, Miguel de Cervantes(1880). / El Correo
    Manuel Wssel de Guimbarda, Miguel de Cervantes(1880). / El Correo

Comisariada por José Manuel Lucía Megías, se nos insiste desde un principio en esta exposición que alberga la Biblioteca Nacional de España, en que Miguel de Cervantes Saavedra, como Antonio Machado, fue sobre todo escritor hasta morir. Con lo último dicho sobre el papel y un busto electrónico que cuenta su vida a través de una poderosa voz de hombre, asistimos a la vida de don Miguel desde las últimas palabras de esa obra publicada un año después de morir, llamada Los trabajos de Persiles y Segismunda.

La talla de Cervantes en la literatura española es tratada en la exposición desde tres perspectivas: hombre, personaje y mito. Se prefiere que la talla humana quede referida a través de la documentación de su vida administrativa a partir de 1547 antes que a través de testimonios por todos conocidos; a este respecto estamos ante una cantidad de información abrumadora. Partiendo de esas cartas autógrafas en que, como recaudador de impuestos sobre el aceite, el trigo y la cebada, le llevaron por morosidad de su cobro a la cárcel, se aportan igualmente documentos interesantes como el de Antonio de Eraso, del Consejo de Indias o facsímiles de la partida de bautismo de él y su esposa Catalina de Palacios Salazar, acompañadas de un grabado ambientado en la complutense iglesia de Santa María La Mayor. Quizás don Miguel fue el primer soñador de nuestra literatura en tanto en cuanto utilizaba la ficción para huir de sus pesares reales. Como soldado, estuvo en los tercios italianos participando en la batalla naval de Lepanto, donde perdió la movilidad de un brazo, embarcándose primero hacia Nápoles y quedando cautivo en Argel. Dos son los primeros grabados que llaman la atención: de un lado el más convencional de María Cartaro; y de otro el de Giovanni Battista de Cavalieri (basado en los frescos de Giorgio Vasari), que comparten espacio con otros dibujos o grabados anónimos: el de Vicente Urrabieta, también Manuel Castellano (que ofrece una versión de la batalla parecida a la de un story-board). De raigambre más histórica destaca el óleo de Eduardo Cano de la Peña en que don Juan de Austria visita al finado por entonces herido en el hospital de Messina. Todo ello además acompañado por el documento La información de Argel y datos para los versos de la Epístola a Mateo Vázquez.

Junto a un conjunto de obras de su tiempo sobre su vida y figura literaria, destaca como valor poético admirado por el novelista, El testamento de don Quijote de Francisco de Quevedo y el Laurel de Apolo con otras rimas, de Lope De vega, datado en 1630. También interesante resulta el cuadro expuesto en vitrina Cervantes con su sobrina y un estudiante leyendo el Quijote a orillas del Manzanares.

Respecto a los últimos años de su vida, se conserva libro de difuntos y mapa topográfico de la ciudad o villa de Madrid de la época.

De Víctor Manzano y Mejorada, y ejecutado a media mitad del XIX, destaca su lienzo con una particular luz en duermevela, llegando a encontrar más gracia en Cervantes y la dedicatoria de su obra al conde de Lemos, que Antonio Muñoz Efraín pintó en 1916. Encontramos, como no, el retrato anónimo en óleo del escritor a través del que nos educaron en los libros de texto y dibujos de Rafael Ximeno y Planes; también extraordinarios bustos, en concreto uno de Juan Cristóbal en madera dorada, pintada y estofada sobre base también de madera; y la escultura tallada en piedra finamente por Pablo Serrano.

A partir de aquí nace el mito así como el merchandising de Cervantes y El Quijote, con esa colección de 48 naipes que ilustran la vida y hazañas de Alonso Quijano, basada en la baraja tradicional española. Otros retratos dibujados son los ejecutados por Celestin Nanteuil, Bartolomé Marra Muntaner, el mismísimo Salvador Dalí (de 1965), el precioso aguafuerte de Eberhard Schloter y el nunca antes expuesto de Martí-Ramón Durban Bielsa, en que sus contrastes y juegos de luces podrían sugerir equivocadamente cubismo.

Más adelante encontramos, ya finalizando un original en escayola del grupo Rinconete y Cortadillo, de Federico Coullaut Valera, así como otras esculturas en bronce realizadas por su hermano Lorenzo. Acompaña también este batiburrillo final el retrato del pintor cubano Manuel Wssel de Guimbarda, que representa al óleo a un Miguel más sanchopancesco, así como una colección de diez cromos, publicidad de un medicamento con su nombre e incluso papel de fumar Cervantes, objetos todos estos que van del mito a la marca.

De mayor interés y calado es el breve apartado referido al cervantismo como modo de vida en que vemos retratos fotografiados de Marcelino Menéndez Pelayo, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset o Manuel Azaña, realizados por Kaulak y Alfonso.


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