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«Después de mí, el diluvio»

Fele Martínez se rodea de un estupendo elenco de actrices en la versión teatral de «Todas las mujeres», cinta de Mariano Barroso cuyo guion fue reconocido en los Premios Goya de 2014. Hasta el domingo 26 en el Teatro Lope de Vega

25 may 2019 / 12:07 h - Actualizado: 25 may 2019 / 12:12 h.
  • Lola Casamajor y Fele Martínez en una escena de ‘Todas las mujeres’. / Fotografía Producciones OFF
    Lola Casamajor y Fele Martínez en una escena de ‘Todas las mujeres’. / Fotografía Producciones OFF

Decía el poeta inglés Alexander Pope que «no hay cristales de más aumento que los propios ojos del hombre cuando miran su propia persona». Una afirmación que nos viene de perlas para introducir el penúltimo espectáculo de la temporada en el Teatro Lope de Vega. Y es que a la vista de su argumento, el título Todas las mujeres es una suerte de sinécdoque donde se incluyen los cinco personajes femeninos que jalonan la historia, pero también el masculino al que dan réplica durante sus escasos noventa minutos —y digo ‘escasos’ en clara alusión a lo rápido que se pasa el tiempo en el patio de butacas—. Para empezar, este proyecto de Producciones Off y Vania, con autoría de Mariano Barroso y Alejandro Hernández, bebe de una serie de televisión (la primera producida en España por un canal de pago) que, a su vez, fue llevada al cine en el año 2013. Dicha película, dirigida por el propio Barroso e interpretada por figuras como Eduard Fernández, Michelle Jenner, Nathalie Poza o Petra Martínez, se alzó con el Premio Goya al mejor guion adaptado al año siguiente, amén del Forqué a mejor actor para Fernández. Un trabajo que, pese a su escaso éxito comercial —poco más de 21.000 espectadores, según Filmin— fue excelentemente valorada por la crítica. Sirvan como ejemplo la puntuación de cinco sobre cinco de Jordi Costa en la revista Fotogramas —para él es «una pequeña joya»—, los elogios al trabajo de los actores de Sergio F. Pinilla en Cinemanía, o la sentencia de Luis Martínez, de El Mundo, calificándola como «la más brillante sorpresa del año».

«Después de mí, el diluvio»
Nuria González interpreta a la antigua novia del protagonista. / Fotografía Producciones OFF

El ‘método’ Veronese

Dicho esto, no debiera sorprendernos su salto a los escenarios en agosto de 2018, en una operación tutelada por sus propios autores y liderada por Daniel Veronese, uno de los que más saben de esto. Por cierto que este «hombre de teatro», cuyos inicios se remontan a 1975, fue el responsable de dirigir la versión argentina de El método Grönholm, uno de los fenómenos teatrales españoles más importantes de los últimos tiempos, y que, casualmente, posee numerosos puntos en común con Todas las mujeres. Entre otros, el tratarse de una lectura fresca de los problemas de la sociedad actual, el contar una historia sencilla y cercana al espectador y, muy especialmente, el hacerlo de una manera tan coloquial como divertida. Pero es que, además, El método también se coló en los cines en una curiosa versión de Marcelo Piñeyro —otro director argentino— con Eduard Fernández como punta de lanza de su reparto junto a Carmelo Gómez, Adriana Ozores o Eduardo Noriega. ¿Casualidad?

Una fiesta de la dramaturgia

La trama de Todas las mujeres narra la historia de Nacho —Fele Martínez en la versión teatral—, un veterinario que trabaja en la finca de su suegro inseminando vacas; labor ardua y poco reconocida, que le impulsa a cambiar de rumbo a través de un arriesgado plan. A partir de esta premisa, la estructura del montaje se organiza en torno a cinco escenas en las que el actor mantiene un cara a cara con cada una de las mujeres que han marcado su vida. Desde su joven amante —una sensual y convincente Lucía Barrado— a su primera novia —la siempre brillante Nuria González—, pasando por su madre, a quien da réplica la actriz madrileña Lola Casamayor, en uno de los mejores pasajes de la obra. A estas se suman la hermana menor de su mujer —rol interpretado por Mónica Regueiro– y una psicóloga ‘de guardia’, a quien presta su bello rostro la jerezana Ana Álvarez; todas estupendas en su desempeño. De este modo, los espectadores irán descubriendo al verdadero Nacho, una suerte de Peter Pan en la cuarentena, bajo el testimonio de quienes más lo quieren y lo sufren. Para sostener el tinglado —muy alejado en el tono de su homónimo cinematográfico—, Veronese recurre a la tragicomedia como vehículo de transmisión. Ello permite que cada round se convierta en una fiesta de la dramaturgia, tomando como base los defectos y vicios del personaje masculino («después de mí, el diluvio») así como la paciencia de sus partenaires. Y lo cierto es que el experimento funciona, contribuyendo a su éxito una sencilla y funcional escenografía, obra de Ana Garay, una luminotecnia apropiada, con el sello de Pedro Yagüe, y un vestuario acorde firmado por Marco Hernández. Y por encima de todo, el despliegue de medios de Fele Martínez, un actor camaleónico que es capaz de hacernos temblar, reír y emocionarnos en cada proyecto que emprende. Baste recordar, por citar algunos ejemplos, su inolvidable Chema de la película Tesis, el Otto de Los amantes del círculo polar o ese genial pusilánime llamado Alfredo que nos enterneciera en Gran Hotel. Logros solo a la altura de los grandes.


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