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«Doctor en Alaska»: El universo deseado

En los años 90, se pudo disfrutar en TVE (La 2) de la serie más atrevida de todos los tiempos. A pesar de que se cambió de horario un millón de veces, la serie triunfó y dejó prendados a miles de españoles

07 oct 2020 / 15:00 h - Actualizado: 08 oct 2020 / 09:59 h.
"Televisión","Cine","Cine - Aladar"
  • Los personajes de ‘Doctor en Alaska’ conforman el grupo más entrañable de las series de televisión que se han emitido hasta la fecha.
    Los personajes de ‘Doctor en Alaska’ conforman el grupo más entrañable de las series de televisión que se han emitido hasta la fecha.

«Doctor en Alaska» (Northern Exposure, 1990-1995) es la mejor serie de televisión de todos los tiempos. Ya sé que las hay verdaderamente buenas, pero nada se puede comparar al universo que nos dejaban visitar cada semana hace ya 30 años.

Cada capítulo era una joya en sí mismo. En cada uno de ellos se trataban, sin complejos ni prejuicios, asuntos que iban del libre albedrío al amor más puro, pasando por la magia o la capacidad de superación del ser humano. No dejaban nada pendiente para el siguiente salvo las diversas historias de amor que se iban produciendo. Nunca antes se había contado tanto y tan bien el amor.

«Doctor en Alaska»: El universo deseado
Rob Morrow y Janine Turner. / El Correo

Joel Fleischman (interpretado por Rob Morrow) es un doctor que acaba en Cicely, un pueblo lejano y desconocido (Roslyn, Washington en realidad). Tendrá que estar cinco años trabajando como médico para pagar su beca. Y allí conocerá un nuevo mundo. Él es doctor en medicina, urbanita, arisco y judío. En Cicely le espera un grupo formado por todo tipo de habitantes extraños, divertidos, chispeantes y entrañables.

Maggie O'Connell (interpretada por Janine Turner) es feminista, decidida, gafe con los novios y está llamada a protagonizar la historia de amor más divertida, profunda y dolorosa al mismo tiempo, de la historia del cine. El beso de despedida de Joel a Maggie resulta inolvidable para los seguidores de la serie. Y la postal de Joel diciendo «New York is a state of mind» resume muy bien lo que ha sucedido.

«Doctor en Alaska»: El universo deseado
John Corbett. / El Correo

Chris Stevens (interpretado por John Corbett) es el filósofo de la serie. Expresidiario, artista autodidacta y locutor de radio, deja ideas para rumiar en todos los capítulos de la serie. En todos.

Ed Chigliak (interpretado por Darren E. Burrows) es la magia de la serie, la bondad, la idea de un mundo mejor. Es un personaje maravilloso que aporta todo lo bueno que uno puede imaginar.

Maurice Minnifield (interpretado por Barry Corbin) representa la ambición, la prepotencia y el poder del dinero. Ex astronauta y dueño de grandes propiedades. Pero los guionistas se apiadaron de él, en muchas ocasiones, para enseñarnos lo que había detrás de un enorme muro protector. La soledad de Maurice es desoladora.

«Doctor en Alaska»: El universo deseado
Barry Corbin y Rob Morrow. / El Correo

Holling Vincoeur (interpretado por John Cullum) es el tabernero. Un hombre que ha dormido a la intemperie cientos de veces, cazador de fieras, rastreador incontestable. Y enamorado hasta la médula de Shelly Tambo (interpretada por Cynthia Geary) una mujer mucho más joven que él. Es guapa y tontorrona aunque sirve para compensar lo que es su pareja. Otra maravillosa historia de amor.

Marilyn Whirlwind (interpretada por Elaine Miles) es el personaje más divertido, extraño y atractivo de la serie. Habla con monosílabos (casi siempre) y saca de quicio al doctor Fleischman una vez sí y otra también. Encarna la importancia de los nativos de Alaska, la zona más mágica de la realidad y, en varios capítulos, nos acerca algunos cuentos populares y tradiciones de su pueblo.

Ruth Anne Miller (interpretada por Peg Phillips) es la tendera. Muy agradable aunque con carácter si es necesario. Protagoniza la historia de amor más tierna de la serie.

Resultan inolvidables algunas escenas por su sentido, por su intensidad o por su carga emotiva. El capítulo que acaba con Joel recitando el Kadish en honor a su tío junto a los habitantes de Cicely (cada uno acompañando al médico desde su condición religiosa es una de las escenas más bonitas que recuerda el que escribe que tengan a Dios como protagonista) causa verdadera emoción. La despedida que hace Holling al oso contra el que ha tenido que pelear durante años (Jessie) es una maravilla; la obra de arte que en el capítulo de la cuarta temporada titulado «Luces del norte» nos enseña Chris es de una belleza aplastante; la cena que Joel y Maggie tienen en un poblado perdido el día del cumpleaños de él es la apoteosis del amor verdadero (qué final de capítulo utilizando el tema «Caminando por la calle» de los Gipsy Kings) o el baile de Marilyn a ritmo de Chank a Chank («Good day two step»), son golpes a la consciencia que no se pueden olvidar fácilmente.

«Doctor en Alaska»: El universo deseado
William J. White, Darren E. Burrows y Elaine Miles. / El Correo

Le echo un vistazo cada dos años. Es decir, veo todos los capítulos cada dos años. Y siempre, siempre, acabo pensando que el mundo debería ser como ese en el que el inglés es desastroso, en el que los sueños son la vida misma, en el que por encima de cualquier otra cosa está el amor, la amistad y la lealtad entre personas.

Anuncian una secuela de la serie. Si es cierto lo que se dice, llega la artillería pesada. Peg Phillips y Barry Corbin no estarán en el elenco puesto que han muerto. El resto del reparto sí. Los productores y guionistas son los que estuvieron y llegan con refuerzos de altísima calidad. Personalmente espero con dudas. No se me ocurre cómo alguien puede hacer algo mejor, ni siquiera parecido. Pero la vida da sorpresas y estamos hablando de Cicely y de sus habitantes.


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