martes, 31 marzo 2020
21:17
, última actualización
Rugby y cultura

«El ingenuo salvaje»: El patán que quería amar

Si un hombre estúpido, incapaz de amar, que solo buscar ostentar y ser un ídolo vacío y superficial, llega a ser famoso gracias al rugby ¿qué puede pasar en una sociedad de doble cara?

01 mar 2020 / 15:08 h - Actualizado: 11 mar 2020 / 17:00 h.
"Cine","Rugby","Cine - Aladar","Rugby y cultura"
  • El actor Richard Harris consigue una interpretación fabulosa. / El Correo
    El actor Richard Harris consigue una interpretación fabulosa. / El Correo

El rugby británico de los años sesenta era violento, era el reflejo de la forma de entender la vida que tenía una clase trabajadora sin apenas esperanzas de progreso, el rugby de los años sesenta era barro, era golpes y era brutalidad. Como la vida de la working class británica que quiso retratar, desde la superficie a los sótanos, a una generación de cineastas que construyeron el Free Cinema.

El Free Cinema nace en 1956 y funciona hasta finales de la década de los sesenta. Compartió espacio artístico con el Neorrealismo italiano y la Nouvelle Vague francesa aunque el compromiso social de los autores británicos era mucho más marcado. Al fin y al cabo, el Free Cinema representaba el descontento de cineastas, escritores, pintores y todo tipo de artistas con el cine comercial que no representaba la realidad en sus películas.

«El ingenuo salvaje» («This sporting life», 1963) es una película del realizador Lindsay Anderson que, junto a Tony Richarson y Karel Reisz formaba el grupo conocido como The Angry Young Men. Sin este título no se comprendería del todo el Free Cinema. La película es magnífica y escarba la superficie de la sociedad británica de la época (años 50) para encontrar dobles caras, una sexualidad histérica o la condición personal de alguien que estaría llamado a ser un ídolo si no fuera un ser humano.

Arthur Machin es un minero. Es el hijo de un modesto ferroviario. Y, de repente, es una estrella del equipo de rugby de su ciudad que pelea por ganar la Liga Nacional inglesa. Se codea con los importantes, rinde a sus pies a las mujeres, maneja cantidades de dinero importantes, pero es un patán violento, un tipo incapaz de enamorarse, un hombre que quiere hacer cosas buenas por las demás y convierte lo que hace en un chiste. Ocupa una habitación en la casa de una viuda, la señora Hammond, situada en un barrio obrero y periférico de la ciudad. Desea a la joven y quiere que le ame, pero fracasará porque ni sabe querer ni deja que le quieran. Porque para Machin el dinero, la ostentación, la fama y una pequeña cuota de poder es lo que cuenta. Además de ser violento jugando al rugby, Machin mostrará su violencia con la casera.

«El ingenuo salvaje»: El patán que quería amar
El rugby es el vehículo esencial, el nexo de unión, de y entre los personajes. / El Correo

El rugby es esencial en la película de Lindsay Anderson. Es el vehículo con el que el realizador nos transporta de un lugar a otro del universo de los protagonistas. Todos tienen en el rugby un punto en común; todos salvo la señora Hammond que lo desprecia tanto como a Machin.

La película se narra desde un enorme flashback que nos lleva desde el presente del personaje principal a los diferentes momentos que le han llevado hasta ahí. Y se narra desde una fotografía, firmada por Denys Coop, precisa, expresionista y en busca de las sombras como matiz de los estados de ánimo.

Richard Harris y Glenda Jackson, Machin y la señora Hammond, firman una interpretación apabullante. Fueron nominados a los premios Oscar el año 1963. Creíbles, capaces de crear a sus personajes con gran solvencia. Y muy bien dirigidos por Anderson. Los matices que aporta Harris a su patán son una maravilla. La tristeza perpetua en cada movimiento de Glenda Jackson es aterradora.

«El ingenuo salvaje»: El patán que quería amar
La incapacidad para amar de los protagonistas es lo que articula la trama de la película. / El Correo

Los diálogos son un ejemplo de lo que debería ser una adaptación de novela en el cine. No suenan literarios en exceso y permiten avanzar suavemente en la trama. La película es adaptación de la novela de David Storey que se encargó, también, de adaptar el texto.

La Banda Sonora Original escrita por Roberto Gerhard llena de buen jazz toda la cinta. Preciosa la «Suite para This Sporting Life».

«El ingenuo salvaje» es una película muy interesante en la que se pueden encontrar las características de una sociedad llena de aristas, con doble vara de medir e injusta con las clases más desfavorecidas. Los perdedores nacen siéndolo y no hay remedio alguno.

Tengan una copia siempre a mano. Son 129 minutos de buen cine. Merece la pena.

«El ingenuo salvaje»: El patán que quería amar
Cartel de ‘This sporting life’. / El Correo

Consultorio financiero en El Correo de Andalucía Edictos en El Correo de Andalucía
Todos los vídeos de Semana Santa 2016