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«El silbido del arquero»: los problemas de Virgilio

La editorial Paréntesis dio a conocer a Irene Vallejo al publicar ‘La luz sepultada’ y la autora ya demostró sus habilidades técnicas. Ahora, con la escritura de esta exquisita reinterpretación de «La Eneida» deja claro su potencial

19 sep 2020 / 10:45 h - Actualizado: 24 sep 2020 / 11:35 h.
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  • Irene Vallejo. / Fotografía de Santiago Basallo
    Irene Vallejo. / Fotografía de Santiago Basallo

En esta poética novela de la escritora aragonesa conocida por su ensayo «El infinito en un junco» se juega con bellas palabras no sólo a reinterpretar la historia que contó Virgilio en la epopeya «La Eneida», sino también a convertir el texto en un singular poema épico, probablemente reconvertido a su vez en lírico y por momentos preciosista.

La historia empieza con un naufragio, el de Eneas (protagonista original) que al parecer renuncia a los cantos de sirena de su amor con Helena, para tratar de encontrarse con Elisa (que en muchos momentos hace la guerra por su cuenta) y con el apoyo de una de sus hijas Ana, tratar de alcanzar la zona de tierra más cercana, que será la de Cartago. Si bien según parece ser, en el original Eneas parte a Roma donde presencia la llegada de guerreros dentro de un caballo de madera y contempla a Rómulo y Remo junto a aquella loba, aquí Vallejo parece partir de una historia anterior por la que Eneas es un héroe cansado que empieza a merecer algún rédito a mucha desventura anterior. Elisa, su compañera, hace lo propio por sobrevivir y están unidos por un destino donde las mismas flechas que los romanos disparaban sobre ese caballo de madera construido exprofeso para la guerra llegan a Cartago, a pesar de que no decidan emprender viaje.

«El silbido del arquero»: los problemas de Virgilio

A pesar de lo que pudiera parecer, no hay voluntad en la pluma de Vallejo de maltratar a sus personajes, sino más bien de tratarlos siquiera más humanamente, en tanto lo hace de modo individual, y a la vez sin propasarse, intentando traducir unas hazañas que, a veces, parecen cambiar el sentido del original, cuando en realidad lo que consigue es reinterpretarlos, eso sí, basándose en su conocimiento anterior, al que siempre nos remite, sin voluntad de desencajar moldes ni de subvertir más de lo necesario, dados los tiempos que corren.

Paralelamente, se nos cuentan los problemas extraliterarios a los que Virgilio se tuvo que enfrentar. Nos hace ver la autora, por un lado sus cuitas para publicar y hacer populares sus escritos, algo que le costará a su pesar tener que entrar en la corte del césar Augusto, hasta el punto de que éste abusará de su confianza y el libro se publicará no sólo mutilado en su forma y fondo, sino cambiando su sentido.

Esta parte metaliteraria a la que la autora hace referencia resulta de una pulcritud y limpieza, que convierte este original libro en otra nueva caja de sorpresas.

Por otro lado, la atmósfera mediterránea nos es construida con reminiscencias homéricas y no menos trágicas.


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