martes, 10 diciembre 2019
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«Ensayo sobre la lucidez»: Ayer

Parece que fue ayer cuando creíamos que todo volaba por los aires. En 2004 Saramago previó un estado de sitio local que bien pudiera ser global en esta novela. Hoy sabemos que fue y será peor

02 dic 2019 / 09:09 h - Actualizado: 02 dic 2019 / 09:24 h.
  • José Saramago. / El Correo
    José Saramago. / El Correo

Después de «Ensayo sobre la ceguera», el conocido Premio Nobel de Literatura portugués, pergeñó la por entonces distopía y hoy reconocible retrato de las sociedades contemporáneas, historia, de cómo un país a través de sus políticos y ciudadanos cómplices (todos) acaba en estado de sitio al no poder tripitir unas elecciones, debido a que en las dos primeras ha habido un 83% de votos en blanco. Es así como empieza, en las primeras elecciones, un domingo pasado por agua en que la gente decide no ir a votar y donde a eso del mediodía, los miembros de las mesas, interventores y presidentes empiezan a ponerse nerviosos, y a culpar con la astucia debida a los ausentes, cómo llega el asunto al ministro del Interior, un tecnócrata que se las compone para que tanto el pdi, pdd y pdm (nunca podría haberse imaginado la capacidad abotargada o el fenómeno extremo de izquierdas -i- y derechas -d- en que actualmente estamos inmersos) convivan en lo que parece o empieza a parecerse al origen del fin.

Si el centro de la creación puede ser la locura, aquí Saramago nos describe con acierto cómo el centro de la política -de toda política, por más que su militancia sea por todos conocida- es la corrupción, una corrupción que terminará salpicando a la mujer del médico de la ciudad principal del indeterminado país.

También muestra con acierto el panorama de unos medios de comunicación adocenados ante tal maniobra, que suponemos se hace por momentos en teléfonos de prepago de usar y tirar que estos medios filtran para también obtener tajada entre el mentado ministro y un comisario de Policía, primero formales y sin temor a esconderse, y adoptando ambos dos seudónimos: albatros y papagayo de mar, para no ser interceptados judicialmente.

«Ensayo sobre la lucidez»: Ayer

La novela habla no sólo de la necesidad o contingencia de votar o no hacerlo, sino de cómo una mala decisión por parte del electorado puede ser pagado con creces; nos pone en tesituras difíciles y para muchos ya obsoletas, dado el montante de crisis sobre crisis en que vivimos instalados, y en que el compromiso es necesario y no aparece por ninguna parte.

Quizás si todo se ambientase a tiempo real en el pasado y fallido 15-M, podría convertirse en libro de cabecera y de lucha sin cuartel. Hoy no sorprende la propuesta, si bien cuando fue publicada en 2004, todos alucinábamos con esa «lucidez», que luego vimos tan premonitoria, a pesar de que el tren pasó y nos quedamos con cara de bobos.

Uno que tiende a ser lo más utilitarista posible, no tendría menos que recomendarla si acaso como bofetada de realidad pasada y que testimonia nuestra estupidez, que por otro lado es movimiento y tendencia imperante. Sigamos así, otro que se equivoque, podríamos decir, sólo que si esta novela fuese un décimo de lotería, probablemente se hubiese llevado un premio gordo (dignos son múltiples pasajes llenos de clara intencionalidad). Como además es buena literatura, su lectura hoy constituye una ácida venganza al respetable, ya sea de izquierdas, derechas, pensionista, ahorrador o parado de larga duración.

El flanco político, policial y periodístico se nos ha convertido en algo tan innecesario en nuestras vidas como presente y eso no es sólo signo de cobardía, sino también de impotencia ante lo que ocurre, una manera de dejar que la realidad nos desborde, siempre con el mantra de que todo puede ser peor.


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