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Esgrima de color

Si una serie de películas tiene seguidores incondicionales, ha sido éxito en las taquillas desde la primera de las películas hasta la última, acumula el grupo de personajes más entrañables u odiosos de la historia o resultó espectacular al proyectarse en las salas, esa es «La guerra de las galaxias». Y la espada como principal metáfora de una filosofía

30 ene 2020 / 19:25 h - Actualizado: 30 ene 2020 / 20:14 h.
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  • Foto: LUCASFILM
    Foto: LUCASFILM

La esgrima puede practicarse con florete, espada o sable. Pero, también, puede hacerse con un arma que solo pueden fabricar los caballeros Jedi; es decir, con la espada láser. Un arma noble que representa toda una filosofía de vida.

George Lucas, cuando comenzó a realizar y producir las películas que conocemos como «La guerra de las galaxias» (así se llama la saga aunque cada película tiene un título propio) tenía bien aprendido lo que había representado la esgrima desde la edad media, esa forma de arte con el arma protectora o reparadora. Agarró los valores más poderosos de aquellos espadachines y los arrastró hasta esa lejana galaxia en la que se desarrollan las películas.

¿Por qué no armó George Lucas a sus jedis y siths con un cañón láser o con armas de destrucción imparables e invencibles? La espada es la prolongación del brazo del que la empuña. Y no se trata de acabar con el de enfrente. Hay que tocar al contrario como aviso de su derrota. Matar no va con los caballeros jedis. Con los villanos sí. Y esos sí que utilizan su espada luminosa sin reparo alguno. Por otra parte, si existe algo técnico que requiere una concentración absoluta, un dominio del propio cuerpo y gran intuición con los movimientos del contrario, es la esgrima. Y si hay tíos que se concentren más y mejor en el universo esos son los jedis o los siths. No hace falta decir que estéticamente no queda igual de bonito que el maestro Yoda mueva su espada o lance una bomba de racimo nuclear. La esgrima era necesaria, casi obligada para hacer crecer a estos personajes.

Por cierto, ¿por qué se tradujo el título original «Star Wars» como «La guerra de las galaxias»? Sería más adecuado «Las guerras de la galaxia». Además, coincidiría con lo que sucede en la pantalla. En fin, un detalle sin apenas importancia.

En las seis primeras películas (nos centramos en ellas), todo lo que sucede y es importante, todo sin excepción, está acompañado de una espada láser. Los mejores personajes llevan una espada en el cinturón, las grandes catástrofes o los grandes avances se centran alrededor de una espada láser. A los villanos y a los superhéroes se les distingue gracias a esa espada. Mientras los ejércitos se destruyen entre ellos, las guerras se ganan con una espada láser en la mano de unos pocos. El bien y el mal se enfrentan a través de la esgrima. La espada láser sirve para formar a un aspirante a Jedi, para cubrir con un manto oscuro toda la galaxia o para salvar al universo de su destrucción total.

Esgrima de color
Foto: LUCASFILM

Resultan inolvidables algunos momentos en los que el brillo de estas armas ilumina a los personajes.

En el capítulo I, «La amenaza fantasma», el combate a tres que podemos ver en el tramo final de la película es espectacular. Qui-Gon Jinn (un Liam Neeson capaz de interpretar diciendo frases de lo más tontas –los diálogos son flojitos en este trabajo– y haciendo que el espectador se las trague sin rechistar) y el joven Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor que iría a más en los capítulos siguientes) tienen que vérselas con Darth Maul (Ray Park). Este sith es uno de los mejores villanos de la historia del cine. Fue una pena que Lucas no le diera más minutos. Sobre todo porque, a cambio, tuvimos que soportar a Jar Jar Binks, un personaje de dibujos animados más tonto que pichote y que no aportó nada de nada al conjunto de la saga. La anécdota es que este Jar Jar Binks (condenado a muerte por su pueblo al ser un torpe y fastidiar todo) termina siendo senador de la República. Como muchos de los nuestros. ¡Qué casualidad! Pues bien, las coreografías de los combates entre los dos jedis y Darth Maul son preciosas y se resuelven con gran brillantez (digo combates porque Qui-Gon Jinn ya se había enfrentado con él en el desierto de Tatooine). La doble espada láser, su color rojo y los movimientos del actor, hacen que la potencia de las imágenes de estos combates sea casi improbable.

Si Darth Maul es un malo, malísimo, bien diseñado y de evolución magnífica, Darth Vader es la máxima expresión de lo que en la saga se conoce como lado oscuro de la fuerza. Darth Vader es el resultado del proceso que vive Anakin Skywalker que le lleva al lado tenebroso de la realidad (Jake Lloyd interpreta este papel siendo niño y Hayden Christensen cuando Anakin ya es un jovencito; penosamente, por cierto). Vader reparte mandobles luminosos a diestro y siniestro aunque el combate con Luke (Mark Hamill) en el que este pierde un brazo (lo de cortar manos y piernas es una constante en la saga) y Vader confiesa que es su padre, resultó ser una de las escenas más famosas de la historia del cine. Más tarde, la anterior escena pertenece a «El Imperio contraataca», durante el desenlace de «El retorno del Jedi», Luke le corta la mano a papá para que comience un corto periodo de reflexión tras el que se pasa al lado luminoso de la fuerza y se carga al jefe de los malos.

Esgrima de color
Foto: LUCASFILM

Aunque lo más de lo más en esgrima luminosa (y después de ver lo anterior les garantizo que no exagero) corresponde al Maestro Yoda. Este es un ser pequeño, verde, calvo, anciano, sabio, tiene orejas puntiagudas, es reflexivo y, aparentemente, lento de movimientos. Pero no, con la espada en la mano se convierte en una especie de peluche enloquecido que tan pronto hace un doble mortal para ganar la espalda a sus enemigos como impide muertes innecesarias con el poder de la mente. Es difícil seguir sus movimientos desde el otro lado de la pantalla. Imaginen lo que supone para otro personaje luchar contra una peonza voladora con licencia para matar. El enfrentamiento con el Conde Dooku (Christopher Lee) en «La venganza de los Sith», resulta fascinante.

Ni en el planeta Hoth, ni en Naboo, ni en Tatooine o en el planeta Kashyyyk (en este viven los wookiess; ya saben Chewbacca y sus amiguitos) deben conocer las reglas de la esgrima como la entendemos nosotros. Ahora bien, en esa galaxia saben manejar la espada con gran arte, con los mejores valores por delante (los buenos, claro) y, por qué no decirlo, con deportividad.

Que la fuerza te acompañe, querido lector.


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