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«Giselle»: El lenguaje universal

19 oct 2019 / 17:57 h - Actualizado: 19 oct 2019 / 18:13 h.
  • La capacidad narrativa del conjunto es extraordinaria en ‘Giselle’. / Javier del Real
    La capacidad narrativa del conjunto es extraordinaria en ‘Giselle’. / Javier del Real

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¿Qué hacen los recién casados después de comer o cenar junto a sus familiares y amigos? Bailar delante de todos para demostrar su alegría. No existe mejor forma de expresar que la danza. «Giselle» de Akram Khan es un claro ejemplo de ello

¿Qué hacían nuestros abuelos en las cavernas si les sucedía algo que les hiciera felices? Eso que les permitía tener esperanza era, por ejemplo, que saliera el sol cada mañana. Pues si algo así ocurría (ellos no sabían cómo eran algunas cosas) bailaban para celebrar que podían seguir viviendo.

¿Cómo se despide a los muertos en Nueva Orleans? Al menos cuando es a los hombres y mujeres que llevaban el jazz en su ADN, se baila a ritmo de Dixieland para desear buen viaje al muerto y buena vida a los que quedan vivos.

La danza es el lenguaje expresivo más ancestral, el más puro, el más universal. Unos hablamos castellano, otros hablan francés, pero todos bailamos lo mismo y por lo mismo.

El pasado día 12 de octubre tuve la enorme fortuna de asistir a la representación de la versión de «Giselle» firmada por Akram Khan. El ballet romántico se construyó sobre cimientos que se robustecían con obras como «Giselle», una joya extraordinaria.

«Giselle»: El lenguaje universal
Esta coreografía de Giselle fue encargada por la actual directora del English National Ballet, Tamara Rojo. / Javier del Real

Esta coreografía encargada por la actual directora del English National Ballet, Tamara Rojo, es una lectura moderna, preciosa y profunda, del original.

Técnicamente, los bailarines alcanzan una nota sobresaliente. Todos sin excepción. La música (amplificada) es el resultado de la lectura que hace Vincenzo Lamgana y la orquestación de Gavin Sutherland. El resultado es increíblemente expresivo. Si la teatralidad desplegada sobre el escenario es casi brutal, la música era capaz de causar un efecto dramático voluminoso y de gran potencia.

En el escenario, un muro divide el mundo de los pobres del mundo de los ricos. Y no hay forma de derribarlo o de moverlo sin que el coste sea altísimo. La frustración de hombres y mujeres que habitan el lado difícil se expresa con carreras que no tienen fin, con el intento de escapar no se sabe dónde.

La iluminación se presenta con un diseño que convierte la caja escénica en ese cosmos que va de lo real a la ensoñación, de lo material o lo espiritual. Muy bien. Mark Henderson logra sumar un aliciente a un ballet que deja pegado a la butaca por su fuerza, su intensidad y su sentido.

La capacidad narrativa del conjunto es extraordinaria. El espectador tiene acceso a lo que sucede con facilidad, sin imposibles. Miedo, riesgo, frustración, venganza, celos, amistad, amor, muerte, esperanza, vida... Todo se puede casi tocar.

Una maravilla que te cuenten una historia tan intensa como la de «Giselle» a través de una coreografía de tan altísimo nivel.


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