martes, 25 febrero 2020
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Junot Díaz: Sobre el defecto y el exceso

Dos libros de cuentos que le sirven para adentrarnos en mundos sórdidos y canallas y una gran novela donde eleva el tono a literario, son las que tiene en su haber este gran escritor dominicano, tan apto para la fábula como para grandes hazañas en el uso del lenguaje. Un, por momentos, alegre descubrimiento

02 feb 2020 / 12:37 h - Actualizado: 02 feb 2020 / 13:00 h.
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  • Junot Díaz. / Fotografía: https://www.elcaribe.com.do/
    Junot Díaz. / Fotografía: https://www.elcaribe.com.do/

«Así es como la pierdes»: Calor en el Trópico

El ganador del Premio Pulitzer 2008 utiliza en este libro de cuento traducido por Achy Obejas, un tono que de tan simple se convierte en ocasiones en mínimo (nos suelen narrar personajes que se buscan a sí mismos única y exclusivamente a través de una sexualidad desquiciada, cuando no abotargada por las relaciones familiares). El libro tiene la cohesión desde la utilización de un narrador personaje, así como la aparición de unos mismos personajes en dos o tres de sus piezas. Es loable el empeño de no considerarlo novela a pesar de ello, pues el principal al que se cita, Rafa, es el hijo predilecto confrontado con asiduidad a un narrador que se busca entre sus escombros.

En total, son nueve cuentos. En «El sol, la luna y las estrellas», la musa inalcanzable se llama Magda y probablemente habrá reveses y hostilidades posibles a lo que parece un primer gran amor, de hecho, ella lo considera desde un principio como el típico dominicano: sucio y guarro en su globalidad. Ya esconde esta primera narración la imposibilidad de entendimiento entre esferas sociales diferenciadas, lo que viene siendo la lucha de clases que universalmente siempre está ahí.

En «Nilda» aparece ya el primer conato de enfrentamiento con Rafa, su hermano: el motivo es precisamente la primera novia de este, que el protagonista trata de seducir.

«Alma» es aún más corto y leído hoy recuerda al Nick Hornby de «Todo por una chica». A pesar de que el protagonista no sabe si ella le gusta, es un amor reggaetonero y sin embargo auténtico, tal vez por ello perder a Alma, debería leerse también en un sentido más profundo.

Junot Díaz: Sobre el defecto y el exceso

En general son relatos que abordan una mirada que no se sale de la carnalidad, una carnalidad que acaba en tragedia por exceso, que deliberadamente hace superficial todo lo que toca y que precisamente en su componente de «inolvidable» se propone en diario escalonado de desdichas. El sexo como obsesión no por su falta, sino por todo lo contrario.

Sólo y de una manera irónica, esta presencia trágica de la sexualidad nos abandona en dos casos: «La doctrina Pura», donde la religión parece querer poner puertas a lo inevitable y el último «Guía de amor para infieles» donde se empieza a configurar una idea de belleza sobre la inevitabilidad y lo absurdo del olvido cuando ya no sólo de sexo, sino de amor se trata.

Libro ideal para entender la evolución de las letras y los mundos de allende el océano y para todo aquel o aquella que haya tratado de encontrar en el sexo una salida frustrada a sus necesidades de afecto, «Así es como la pierdes» nos introduce en el universo de un autor más cercano a Miller que a Bukowski, un tipo que muestra a unos personajes dispuestos a todo con tal de exponerse (y de qué modo) a un lector que encuentra en sus dosis justas, calentura y desesperación.

Junot Díaz: Sobre el defecto y el exceso

«Los boys»: Pobreza y pena negra

Tienen en común como contexto estos primeros once relatos publicados en España, el hecho de mostrar la pobreza desde su lado más descarnado y machista. En ellos, el Papito o páter familias o bien roba una novia seria a su propio hijo, o en otros casos le abandona con la excusa del trabajo, teniendo que hacerse cargo de la tutela, una madre machacada psicológicamente.

Escritos con narradores apoyados en personajes masculinos, «Los boys» viven casuísticas surreales e irreales y se ven perdidos por la falta de esta tutela y por el hecho de ver cómo se les escapa un pensamiento retrógrado, que no es ajeno a «Así es como la pierdes», libro que pudiera considerarse iniciático, a pesar de estar publicado después.

Descubrimos igualmente que Díaz y sus personajes, viajan con el ánimo de lograr esa evasión imposible que también reflejan sus relatos a la ciudad estadounidense de Nueva Jersey; y se descubre que la adaptación a estos nuevos entornos es casi más quimérica, si cabe.

Por lo demás, ese tono bajo habitual podría bien confirmar un grito ahogado de lágrimas y desesperación.

«Ysrael» recuerda en su concepción y sin menoscabo, a la música de Desmond Decker de una manera particular. Con el hijo mimado Rafa escuchando, vemos como él a través de su padre debe hacer el camino que hicieron «Los israelitas» en su día, mientras al protagonista no le queda otra que estar mirando lo que ocurre.

Mientras «Fiesta, 1980» nos pone en antecedentes familiares ya distópicos y complejos, «Aguantando» narra la peor de las resacas aún perdurables.

Falsamente alegres y simples son «Boyfriend» e «Instrucciones para citas con trigueñas, negras, blancas o mulatas».

En «Edison, New Jersey» se habla de la importancia de viajar para ensanchar unos horizontes, que sólo la cabeza hecha polvo de recuerdos asimila como puede, y ya les advierto que puede mal.

«Sin cara» es un relato excelso posterior, áspero y donde esa sangre caliente que tantos males ha causado a pesar del hedonismo o quizás por él, resulta ser de nuestros favoritos.

Por último, en «Negocios» una tenue y también peligrosa esperanza brilla de otro modo, existiendo más voluntad de respeto, a pesar de la miseria material.

Al contrario que en el libro anterior, «Los boys» tiene la ventaja de poder llegar a leerse como novela, dado que n sus piezas cortas, texto y contexto se complementan bastante bien. Ambos tienen la ventaja de poder leerse a partir del principio de cualquier escena o cuento, y son una manera de hacer llegar al lector esos submundos donde la nada es más fuerte que todas las tristezas habidas y por haber.

Junot Díaz: Sobre el defecto y el exceso

«La maravillosa vida breve de Óscar Wao»: La utopía

Últimamente uno se asoma a la ficción siempre desde el mundo de la distopía y el todo puede ser peor que ayer, pero menos que mañana. No es éste el caso que nos ocupa, al recrearnos con el personaje de Óscar Wao o Abelard, un tipo divertido y humanísimo y no sólo por lo que ante los demás parece, un nerd, gordo, escritor y hasta patafísico, al que le vuelven loco los cómics, los relatos de Lovecraft y J.R.R. Tolkien, y sin embargo tan descontextualizado, a pesar de que viaja entre Santo Domingo y Paterson (Nueva Jersey) con el sólo objetivo de escribir y escribir (algunos sueños quedan lógicamente en el tintero, debido a la circunstancia que Díaz saca en sus libros siempre) hasta morir, como de amar y amar a féminas complicadas (Ana Obregón, Ybon, ...) mal metidas en relaciones tortuosas, bien porque sean prostitutas o estén liadas con algún monstruo derivado del tan presente esta vez, régimen de Rafael Leónidas Trujillo.

Aunque la novela es mucho más, cuentan la historia principalmente Óscar desde un narrador pegado gozoso; su hermana Lola, que empieza cuidando y acaba renegando de él, y gracias a quién conseguirá abrir sus depresiones al mundo; y Belicia, su madre, con la que convivirá en sus primeros y últimos días: los primeros con un padre que se va a por tabaco y no vuelve; y los últimos con el apoyo de la bisabuela ‘La Inca’, toda una institución, afecta a cualquier régimen y que será demasiado estricta con una madre amantísima gracias a quién Óscar es quién es.

Deudora de Vargas Llosa y García Márquez, muchas de las metáforas que nos implosionan son propias del realismo mágico. Podría considerarse novela de época y relato o cuento fantástico, como es la cabeza de quién directa o indirectamente es el protagónico, un Óscar que, en sus escarceos sexuales, que los tiene, llega a tener un hijo con el que, a pesar de que vive sólo 22 años, no se desentiende del todo.

Con sus fealdades, Óscar es capaz de vivir una vida más plena que la de tanta gente, y no es una utopía lo que Díaz nos cuenta como decíamos, es el intento de conversión de algo risible a algo entrañable. Es la transformación del ser humano en algo capaz de mejorar, aunque Wao no publique sus libros, aunque Óscar sea un eterno obeso, aunque Abelard, su eterno seudónimo, sea conocido poco o nada, aunque casi hasta el final siga estudiando, queriendo aprender por la necesidad de huir de tanta mierda.


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