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«La Bohème»: Puccini en Navidad

El Teatro Real de Madrid ofrece una producción de «La Bohème» que, sin ser la mejor, funciona de maravilla. Bien la orquesta, bien las voces, bien la seguridad en el Teatro Real que cuida de todos los detalles en un momento difícil de la pandemia

19 dic 2021 / 20:06 h - Actualizado: 19 dic 2021 / 20:22 h.
"Ópera","Críticas"
  • Fotografía: Javier del Real
    Fotografía: Javier del Real

Ya hemos entrado en la segunda quincena de diciembre y el frío de Madrid no perdona. A pesar de ello, las calles de alrededor del Teatro Real y de todo el centro en general, están abarrotadas de gente porque parece que el calor de las luces invita a darse un paseo en familia, con amigos o en pareja.

Sin embargo, aquello por lo que la gente realmente debería estar ansiosa por vivir, es por una noche de teatro viendo La Bohème, viviendo La Bohème. Gracias Puccini por hacer un regalo a la humanidad, por ofrecer un tributo así al arte y en definitiva, por permitirnos a los mortales acercarnos a la música y vivirla a flor de piel.

Entrando al Teatro Real -ya decorado con motivos navideños que no dejan indiferente a nadie- se le quita el frío a cualquiera de un plumazo. Y llega el momento de empezar a sentir. Comienza el espectáculo.

Nicola Luisotti, director musical, es sin duda de los maestros más sensacionales con los que he disfrutado últimamente. No sólo por una dirección perfecta, sino por lo que he disfrutado viéndole disfrutar. Desde el palco, he podido percibir cómo se divertía al agitar los brazos con ese arranque y esa viveza, pero, sobre todo, cómo se le dibujaba una sonrisa en la cara al finalizar cada compás. Igualmente han estado a la altura y más que a la altura Eleanora Buratto (Mimi) y Joshua Guerrero (que esta noche ha interpretado a Rodolfo en sustitución de Andeka Gorrotxategi). Sus interpretaciones han sido estupendas y su complicidad nos ha hecho sentir el amor de Rodolfo y Mimi como si fuéramos parte de su historia.

En definitiva, La Bohème habla de lo que es el amor y qué no lo es. Musetta (interpretada por la soprano Raquel Lojendio) nos ha enseñado lo que no es el amor, pero sí una mujer que no le debe nada a ningún hombre, que quiere divertirse y que muestra desparpajo y extravagancia allá por donde va, sin rendirle cuentas a nadie. Bien lo dice ella «no me gusta que mis amantes se comporten como si fueran mi marido porque no tengo un anillo en el dedo». La interpretación de la tinerfeña ha sido especialmente llamativa, divertido y emotivo.

A veces el amor, son esos ojos que al poeta le sirven para inspirarse en cada verso, y al pintor en cada cuadro. Sin embargo, también son esos desengaños, esos duelos y esos enfados que, al poeta y al pintor, les hacen -literalmente- partir el lápiz y el pincel...

Ha resaltado especialmente, cómo el Teatro se ha desnudado para esta producción. Estamos acostumbrados a que parezca que los escenarios y los decorados que los conforman cambien con poca frecuencia y que cuando cambian, lo hagan como por arte de magia, en unos breves segundos de oscuridad. Sin embargo, no ha sido así. El Teatro muestra al público el enorme hueco en que se albergan las escenas y se mueven casas, tiendas, restaurantes y hasta calles simuladas con farolas en plena función, creando breves cortes de vacío y silencio entre las escenas.

¡Gracias Teatro Real; gracias Puccini! He vuelto a sentirme como esa niña que en 2011 vio la primera ópera de su vida en Budapest. Y puedo decir que tuve la suerte de toparme con La Bohème porque fue la ópera que hizo que me enamorara de este género de por vida.


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