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«La buena reputación»: Generaciones

Esta novela del escritor zaragozano ahonda en las obsesiones que siempre cercaron a sus personajes. La familia y el lugar donde se desarrolla, en este caso una Melilla tornasolada y plomiza como el vuelo de sus golondrinas

20 oct 2020 / 13:15 h - Actualizado: 20 oct 2020 / 13:35 h.
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  • Ignacio Martínez de Pisón. / EFE
    Ignacio Martínez de Pisón. / EFE

Existe un dicho sobre la empresa familiar que en esta novela se convierte en más realista que nunca debido, sobre todo, al contexto. Aquello de abuelos reyes, hijos príncipes y nietos mendigos, les sucede a los personajes que prestan voz de un modo genealógico a este retrato sentimental que alterna los monólogos interiores de cada uno de los seis (dos de ellos casados, siendo los otros hijas, e hijos de una de ellas, Miriam), con descripciones y alternancias casi omniscientes.

En este caso, Samuel Caro es el dueño en Melilla de una agencia consignataria de buques en cuyos negocios conoce a Samuel, un judío sefardí que proviene de Israel, que reprocha el trato de españoles a esa su raza o condición, dejándolo desarmado ante una realidad por la que se explica históricamente cómo estos individuos que desembarcaron en Melilla fueron marginados por el resto de los españoles a finales de los 40 del pasado siglo. Esta amistad se alterna con otras que aunque breves, como la del escritor César González Ruano, perviven en la memoria colectiva. No así la de algún empleado, Quiñones que como la misma figura de Samuel se acaba desdibujando por algún imperativo moral explicado más adelante.

En «La novela de Mercedes» descubrimos a una mujer más preocupada por sus hijas, Miriam y Sara, que por lo que será de su propio marido, del que se separará cuando las tres descubran que en Málaga pueden seguir teniendo contacto con la agencia, para despegarse más tarde, yéndose a vivir a Zaragoza primero, y Barcelona después. Estas no son las únicas ciudades que aparecen en el relato, y así el primer marido de Miriam trabaja en Madrid; y desde Melilla las visitas por trabajo a Tánger o Tetuán son frecuentes.

«La buena reputación»: Generaciones

«La novela de Laura» es la historia de una inadaptación, de cómo la primogénita se siente reprendida por Samuel por tener un profesor particular de francés, y de cómo prefiere irse de casa con Aaron Cohen, un musulmán que tras trabajar en la naviera o como estibador, se mete en la construcción, previa búsqueda de trabajo en Venezuela. Esta huida hacia delante de Laura causará hondo pesar en Mercedes.

La historia de Miriam es la de la hija obediente, cuyos hijos serán un auténtico quebradero de cabeza, de los que su padre Ramiro se desentiende parcialmente. Son Daniel y Elías. Uno es eterno estudiante universitario y el otro, malcriado por su abuela, decide sin éxito hacer del teatro su profesión.

Es así como llegamos a la historia de Elías, cojo de nacimiento y obsesionado con interpretar a Carlos V en una obra de teatro inspirada en sus abluciones y diversas escatologías. Durante su estancia en el teatro universitario se hace seguidor de las teorías de Batjin y llega a querer montar una obra escrita por Pablo Neruda. Deslumbrado por las tablas, la vida le obliga a hacerse cargo de la empresa familiar, y no sólo es engañado por los acreedores quedando toda la sociedad en papel mojado e inútil, sino que acumula deudas por doquier.

Daniel se ve obligado a afrentar estas deudas y a cargar con el peso de culpas ajenas. Participa en manifestaciones mostrando su disconformidad, y se enfrenta a su hermano, quedando en un lado neutro las tías madres de Mercedes, por las que nos enteramos del fallecimiento de Samuel en 1968.

Estamos ante una novela de profundo poso melancólico, y donde a pesar de todo la iniciación y el aprendizaje de los personajes les hace disímiles y con entidad propia. El tema de las inquietudes artísticas vemos como se fomenta de manera casi invisible de Samuel a Elías. Todo ello la convierte en un texto cercano, que no cae en la irreverencia, a veces farragoso y denso, otras más ligero, y donde no siempre existe una identificación clara con algunos de ellos.


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