miércoles, 27 mayo 2020
22:40
, última actualización

La clave está en el deporte

Muchas películas se vertebran alrededor de un deporte en concreto. Trama y deporte avanzan al mismo tiempo a lo largo del metraje. El deporte es causa y efecto, hace que los personajes crezcan o que se solucione el nudo expositivo. Pero otras veces, el deporte aparece de pronto para hacer que todo estalle y el rumbo narrativo sea otro muy distinto

23 feb 2020 / 22:52 h - Actualizado: 23 feb 2020 / 23:24 h.
"Cine","Cine - Aladar","Aladar deportivo"
  • Imagen de ‘El secreto de sus ojos’. / El Correo
    Imagen de ‘El secreto de sus ojos’. / El Correo

Dos de las películas de cine que tienen como pieza fundamental un deporte como herramienta explicativa de todo lo demás, son «Match Point» y «El secreto de sus ojos». Buenas ambas. Extraordinario el papel del deporte en la trama.

«Match Point» o la insignificante frontera entre el azar y el determinismo. Woody Allen en «Match Point» hace que toda la realidad se enfrente (o llegue) a la tragedia. Además, indaga más que otras veces en ese territorio del deseo que el ser humano transita para convertir los caminos en difíciles o casi imposibles. Si el amor va por un lado, el deseo y la pasión van por otro distinto. Si la vida va por un lado, el deseo va por el suyo. Incluye buenas dosis de frivolidad, de dinero, aburrimiento burgués y vidas ajenas a la realidad por su duplicidad como ya hizo en «Delitos y Faltas».

La clave está en el deporte
Cartel de ‘Match Point’. / El Correo

El guión, aunque forzado en algunas zonas, es una muestra clara de cómo se debe utilizar un recurso narrativo en cine. Por ejemplo, las elipsis (son abundantes) están traducidas con una maestría espectacular al lenguaje cinematográfico. La focalización de la acción es la exacta. Un foco más restringido o más grueso desvirtuarían la intención de la voz. Por supuesto, la lección de elegancia en la puesta en escena y al elegir la música es descomunal (la ópera, piezas trágicas que expresan la sensibilidad del ser humano ante situaciones difíciles como no se puede hacer de otra forma, son protagonistas del trabajo. Donizetti, Bizet, Verdi. Impresionante). Allen nos dice que, una vez eliminado el problema, el mundo puede seguir adelante. Con todas sus miserias a cuestas. Eso nos dice. Y nos lo dice bien. Con oficio y rigor cinematográfico.

La clave está en el deporte
Jonathan Rhys Meyers y Scarlett Johansson. / El Correo

Y la red de una pista de tenis en la que toca una pelota o su símil utilizando una alianza de oro y una barandilla, son las que dan sentido a todo un relato portentoso.

Pero (ahora llegan un par de malas noticias) todo se empaña ligeramente por unas interpretaciones algo justas (Jonathan Rhys Meyers forzado, Scarlett Johansson forzada como siempre), un casting que no se entiende muy bien y un error de partida en la idea principal. El azar. Se enfoca mal, se resuelve peor y se confunden cosas que nada tienen que ver. Allen cree que entre el azar y el libre albedrío no hay distancia; y que entre esas y el determinismo no hay distancia. Aquí es donde hace aguas la película.

En cualquier caso, hablamos del cine de un genio. Y el aburrimiento es casi imposible.

La clave está en el deporte
Cartel de ‘El secreto de sus ojos’. / El Correo

«El secreto de sus ojos» o cómo el hombre se mueve por la pasión. Desde que el cine tiene mucho que ver con la informática, encontrar una película con final feliz es extraño; guionistas, directores, montadores, actores y público, tienden a encontrarse cómodos entre desgracias, muertes horribles, monstruos terroríficos y naves espaciales a punto de invadir la Tierra con gran facilidad. Supongo que, entre otras cosas, se trata de aprovechar una oportunidad (imposible hace unos años) que dona la técnica en bandeja de plata.

Antes, el cine entregaba un mundo de ficción que poco o nada tenía que ver con la realidad. Ahora, el cine recrea una realidad dura y hostil, fragmentada igual que las consciencias de los personajes.

Todo ha evolucionado a gran velocidad. Pero siempre quedan esperanzas si hablamos de esto o aquello. Siempre aparece algo o alguien que te hace pensar que lo fundamental queda intacto.

«El secreto de sus ojos» es una de esas películas que te arriman al cine de nuevo o para siempre si el que mira es un jovencito que intenta descubrir el mundo. Espléndido el guión, espléndida la dirección, espléndidos los actores, un maquillaje y un vestuario más que aceptables. Una película de cine, de las de verdad. Espléndido todo.

La clave está en el deporte
La violencia es uno de los ingredientes de ‘El secreto de sus ojos’. / El Correo

Un buen número de elementos se unen para contar una historia apasionante. Amor, venganza, suspense, amistad y, sobre todo, el afán por contar. «El secreto de sus ojos» utiliza todo eso para explicar la importancia de la narración en la vida de cualquier persona. Y no me refiero a la literatura o al propio cine de forma exclusiva. Narrar, narrarse la vida puede, no solo explicarla, sino cambiar, por completo, su fisonomía. Una charla en una cafetería podría servir.

El protagonista se cuenta las cosas tal y como fueron, tal y como quisiera que hubieran sucedido. Hace participar de su relato a otros e, incluso, a sus propios fantasmas. Sabe que un instante modifica la vida de cualquiera. Lo cuenta. Y el mundo estalla ordenando ficción y realidad a su gusto.

Me viene a la cabeza un poema de Luis Rosales que dice: El recuerdo se teje/con doble hilo,/y, de cuando en cuando, se recuerdan cosas/que no han sucedido.

Parece escrito para explicar esta película. Lo bueno de la literatura siempre está al lado de lo bueno del cine.

Y todo esto se cuenta desde las cosas pequeñas, desde lo imposible que es a veces cualquier minucia, desde las personas. En definitiva, desde lo cotidiano. Cine del bueno. Además, sin ordenadores y con final feliz. Amargo aunque feliz. Una mezcla muy difícil de encontrar. El que se acerque por primera vez a la película que no pierda detalle sobre el personaje que encarna Guillermo Francella. Es, sencillamente , emocionante comprobar que un actor es lo que es y no un papanatas moviendo mucho las manos. Es su personaje el que dice algo así como que las personas se pueden ocultar, pero nunca sus pasiones. Y en este caso aparece el fútbol en todo su esplendor. Bello, intenso, poderoso. Para que la película cruce a otra dimensión.


Consultorio financiero en El Correo de Andalucía Marcaje al Empresario en El Correo de Andalucía Edictos en El Correo de Andalucía
Todos los vídeos de Semana Santa 2016