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La familia bien, gracias

Daniel Blanco Parra explora las relaciones familiares en «Como era un principio», un absorbente thriller publicado por Algaida, que a punto estuvo de alzarse con el Premio de Novela Ateneo de Sevilla

21 ago 2020 / 10:26 h - Actualizado: 21 ago 2020 / 10:32 h.
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  • La familia bien, gracias

«Iba con él al trabajo, a hacer la compra e incluso a andar por el parque con las amigas y lo consultaba compulsivamente, como solía hacer cuando estaba en el aeropuerto, a punto de embarcar, y comprobaba cada dos por tres que los billetes de avión seguían en el último compartimento del bolso de viaje».

Este ilustrativo párrafo, inserto en el arranque de Como era en un principio (Algaida, 2020), resume a la perfección el objetivo de Daniel Blanco Parra al gestar la novela que a punto estuvo de alzarse con el Premio Ateneo de Sevilla 2019. Partiendo de un objeto singular —un reloj «de oro macizo, pequeño y poco discreto»—, o mejor dicho, de la anécdota en torno a este, el escritor de Moguer nos invita a sumergirnos en una historia sencilla, de esas de andar por casa que, sin más ardides que la verdad, se introduce por nuestros capilares y nos remueve por dentro.

El argumento nos traslada al año 1987, cuando Adela, una joven feliz, casada y con dos hijas, recibe de su marido un reloj carísimo de oro y diamantes. Ella, presumida hasta el tuétano, alardea de su regalo a todas horas hasta que unos meses más tarde y después de una cena íntima con los amigos, descubre que lo ha perdido. Lo busca en casa, en el trabajo y hasta por la calle. No vuelve a aparecer y ella se tortura por su torpeza.
En 2019, Adela, ya viuda y a punto de jubilarse, recibe en el trabajo un sobre, sin sello y sin remitente, con el reloj que había perdido 32 años antes. La aparición la llena de sospechas y saca a la superficie una pregunta inquietante: ¿quién está detrás del robo? ¿Quién ha querido hacerle daño durante todo este tiempo? Y sobre todo, ¿por qué?
Será su hija pequeña, Virginia, una joven de casi cuarenta años y en paro, la que se empeñará en resolver el misterio, aunque eso la lleve a airear los secretos familiares y a desmitificar a su propia madre.

Un «domestic noir» con acento andaluz

Lo primero que hay que decir de este estimable trabajo es que su autor no es un lego en la materia. Su trayectoria como periodista —fue redactor de este medio durante ocho años— así como su fructífera relación con la literatura —ha cosechado más de cuarenta premios nacionales de relato, teatro y novela— lo convierten en una de las voces más sólidas de las letras andaluzas. Así lo confirma el éxito de Orgullo S.O.S., el éxito teatral salido de su colaboración con Miguel Ángel Parra; sus múltiples conferencias por el territorio nacional; o el apoyo que le brindase Antonio Gala en forma de prólogo para Cita con la vida, libro sobre los trasplantes en Córdoba, que vio la luz en 2009.

No es de extrañar, por tanto, que Como era un principio consiga llamar la atención del lector ya desde el título, y que, además, conforme se avanza en su propuesta, logre lo que pocas obras de ficción: impulsarnos a revisar nuestra propia vida mientras exploramos las de las criaturas de tinta.

Y es que cuando un autor tiene como referente a un tótem de la literatura como Clarín —Blanco se declara entusiasta de La Regenta—, su obra sólo puede destilar autenticidad. Algo que se palpa en la figura de Adela, la matriarca; en la de sus familiares y amigos; en los secundarios que entran y salen de las más de quinientas páginas; y sobre todo en Virginia. Un ser singular y delicioso que se rebela contra su condición de antiheroína, y que no solo se erige como pieza clave de la trama, sino que llega a trascender el papel, anhelando respirar. Ella es quien se empeña en desenredar la madeja para hallar respuestas. Ella es quien, en su compleja búsqueda, persigue a su propia sombra con la necesidad de ubicarse. Y ella es la que, con una efectividad pasmosa, nos mueve a escudriñar en nuestros roperos, debajo de las camas donde soñamos, y allá en las estancias donde vivimos.

Por eso, Como era un principio, más allá de revelarse como un «domestic noir» original y certero, de los que reinventan el género, es un ejercicio catártico para aquel que se adentra en sus secretos, sus bondades y sus miserias. Una historia donde la familia es a la vez refugio y trampa, sosiego y perturbación, crédito e insolvencia, y que nos lleva a evocar aquella película de Pedro Masó donde un avejentado Alberto Closas iba peregrinando de casa en casa en busca del cariño de sus hijos (La familia bien, gracias). Ya lo dijo León Tolstoi: «Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera».


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