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La Film Symphony Orchestra reedita sus éxitos en Sevilla con un concierto vibrante

La orquesta dirigida por Constantino Martínez-Orts volvió a poner de pie a los espectadores de FIBES con «Fénix», un brillante resurgir en los escenarios donde los temas clásicos de Leonard Bernstein o Miklos Rozsa convivieron en armonía con las nuevas composiciones de Ludwig Göransson o Kris Bowers

13 dic 2021 / 11:26 h - Actualizado: 13 dic 2021 / 11:30 h.
"Música"
  • La FSO interpretando un tema de John Williams. / Fotografía Iván Puente
    La FSO interpretando un tema de John Williams. / Fotografía Iván Puente

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Frente a la vía del tren, un desconcertado Buster Keaton descubre la banda sonora. Como si se hubiese infiltrado en el proyector, esta le subyuga y le espanta a partes iguales para finalmente decapitarle. Esta sencilla metáfora, que nos recuerda cómo el cine sonoro aniquiló sin piedad a su precedente mudo, es el argumento de Banda sonora, cortometraje de 2003 dirigido por Ricard Carbonell que pone de manifiesto la evolución de una industria que lleva un siglo fascinando a millones de espectadores. Y es que, más allá de la invención de los hermanos Lumière en las postrimerías del siglo XIX, el verdadero avance en el séptimo arte fue sin duda la introducción del sonido, siendo la música compuesta para el film un punto de inflexión en la transmisión de emociones. Pues, ¿qué sería de El mago de Oz sin el Over the Raimbow de Harold Arlen y Yip Harburg? ¿O de Lo que el viento se llevó sin el Tara’s Theme de Max Steiner? ¿Podríamos imaginar la mítica escena de Psicosis sin los cuchillos-violines de Bernard Hermann? ¿Gozaríamos de igual modo con Lawrence de Arabia sin la partitura de Maurice Jarre?

No cabe duda de que la música de cine, más allá de remarcar las acciones, transmitir información y aumentar la sensación de realidad, es el vehículo perfecto para elevarnos por encima de las butacas, trasladarnos al interior de la pantalla e invitarnos a viajar junto a los protagonistas. La prueba está en que, por más que lo intentemos, es imposible desligar esas inefables melodías de unos fotogramas concretos, de una interpretación estelar o un desenlace dramático. Esa es quizás la mejor virtud de los soundtrack, el dotar de alma a las historias narradas por un director independientemente del trabajo de los actores. Y por eso, al escuchar fragmentos de bandas sonoras, somos capaces de emocionarnos sin necesidad de apagar las luces y centrarnos en lo que se proyecta.

Todo esto y mucho más es canalizado por Constantino Martínez-Orts cada vez que se enfrenta al reto de planear una nueva gira de la Film Symphony Orchestra, único conjunto de España especializado en música de cine cuyos conciertos llevan tiempo convertidos en citas ineludibles. Un proyecto que, año tras año, se va afianzando más en nuestro panorama nacional por su mezcla de originalidad y trabajo bien hecho, y que miles de espectadores aguardan como el estreno de una gran superproducción. Y es que, emulando a los diversos films de cuyas bandas sonoras beben, los músicos de la FSO son, al margen de su precioso oficio, auténticos histriones al servicio de un espectáculo bien ejecutado y mejor dirigido.

La Film Symphony Orchestra reedita sus éxitos en Sevilla con un concierto vibrante
Constantino Martínez-Orts en una de sus intervenciones. / Fotografía Iván Puente

En esta ocasión, y tras el parón obligado por el Covid, Martínez-Orts nos propone una vuelta a los orígenes. Un recorrido por la historia del séptimo arte que se cimenta en autores canónicos como Leonard Bernstein o Miklos Rozsa, y que nos conduce de la mano a través del embrujo de Alfred Newman, Patrick Doyle o Alan Silvestri. No en vano, «Fénix», que es el título con el que la FSO retorna a los escenarios con más ímpetu que nunca, cuenta con un programa digno de los mejores auditorios del mundo, lo cual ya es una garantía para adquirir una entrada y dejarse cautivar por la propuesta.

Desde El Maravilloso Mundo del Circo, de Dimitri Tiomkin, a La Bella y la Bestia, de Alan Menken, nada sobra en un concierto planeado para envolver a los fans en una nebulosa que solo se evapora cuando se abandona el recinto. Y ni aún así la fuerza de la FSO deja de resonar en nuestros corazones, pues al igual que los acordes de Howard Shore nos mueven a revisitar una y otra vez la Tierra Media sin pisar la hierba de Hobbiton, es imposible no tararear la sintonía del Equipo A mientras nos desplazamos en coche, o evocar a Guido y Dora de La vida es bella al cruzarnos con una bicicleta. Y una vez acomodados en el dormitorio, tampoco nos resultará sencillo conciliar el sueño sin recorrer nuevamente los campos de trigo de Gladiator, ascender los escalones de la estación de Los Intocables de Elliot Ness, o descubrir los misterios de El Código Da Vinci. Tal es la fascinación que la Film Symphony Orchestra ejerce sobre nosotros que únicamente nos queda aguardar al siguiente curso para volver a verlos en acción, replicando piezas de Zimmer, acariciando notas de Morricone, u homenajeando el talento de Williams.

La Film Symphony Orchestra reedita sus éxitos en Sevilla con un concierto vibrante
El público de FIBES aplaude en pie a la orquesta. / Fotografía Iván Puente

Un año más, Sevilla respond a lo grande, llenando el auditorio de FIBES con una combinación de veteranía y juventud que no dejó de vibrar tanto con los temas seleccionados por Martínez-Orts como por su elocuente presentación de los mismos —si la FSO tiene un sello personal es por obra y gracia de su director—. Entre las notas positivas del espectáculo hemos de ponderar la cada vez mayor presencia de música creada para televisión —The Mandalorian y Los Bridgerton son fenómenos mediáticos y artísticos que sin duda merecen nuestra atención—, las decididas apuestas por films por los que suele pasarse de puntillas, como Mucho ruido y pocas nueces, o la revitalización de joyas como Matrix. A ello hemos de sumar las atmósferas creadas por los técnicos de iluminación y la energía desplegada por todo el conjunto, sin duda un chute de positividad tras un año y medio complicadísimo.

Tampoco faltó el habitual concurso tras el descanso al que la orquesta nos tiene acostumbrados —detalles como estos son los que distinguen a la formación en cada una de sus comparecencias—, los bises al final del espectáculo o la nota de color que aportan los fans de Star Wars ataviados como sus personajes favoritos. Y es que «Fénix», aún siendo un producto completamente novedoso e ideal para recuperar el músculo perdido por la pandemia, es la enésima confirmación de que la FSO ya forma parte de nuestras vidas.


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