jueves, 21 noviembre 2019
09:12
, última actualización

La sinceridad al escribir

03 mar 2018 / 08:11 h - Actualizado: 06 mar 2018 / 11:50 h.
  • Laura Freixas. / El Correo
    Laura Freixas. / El Correo
  • Portada de ‘Todos llevan máscara’, libro publicado por Errata Naturae. / El Correo
    Portada de ‘Todos llevan máscara’, libro publicado por Errata Naturae. / El Correo

Laura Freixas (Barcelona, 1958), vive en Madrid desde 1991. Es autora de varias novelas y relatos entre las que se cuenta ‘El asesino en la muñeca’ (1998), ‘Amor o lo que sea’ (2005), ‘Los otros son más felices’ (2011). Autora también de la autobiografía ‘Adolescencia en Barcelona hacia 1970’ (2007). Acaba de publicar en la editorial Errata Naturae ‘Todos llevan máscara. (Diario 1996-1996)’

Comenzaremos hablando de tus diarios, los que acabas de publicar abarcan los años 1995 y 1996, en ellos hay dos líneas que sostienen la preocupación de la autora que son: la creación literaria y la consecución de la fama; y por otra parte, la mujer que es esposa y madre. Es pertinente preguntarte si a una mujer le cuesta más tener éxito que a un hombre.

«El ‘éxito’ no es igual para una mujer que para un hombre, de entrada porque no está tan claro qué significa ‘éxito’ para nosotras. Por una serie de razones, entre ellas la maternidad, que también aparece en mis diarios (fui madre en 1994), no situamos tanto el éxito en el poder, el dinero y el reconocimiento socio-profesional, sino que buscamos más la realización personal, el equilibrio emocional, la coherencia, la plenitud afectiva... Esto, para mí, no debe leerse como una distribución ‘natural’ e incuestionable de roles y valores entre los sexos, sino como la ocasión para cuestionar los valores imperantes. Creo que los hombres ganarían mucho si aprendieran a valorar (algunos ya lo hacen) todo eso que hoy por hoy es predominantemente femenino».

El diario íntimo es un género donde apenas hay mujeres, sobre todo en España. ¿Por qué?

«Añadamos un dato: los pocos diarios de mujeres que se publican suelen ser diarios sobre un tema: la guerra, el cáncer, la cárcel...; del mismo modo que a menudo en las autobiografías de mujeres el tema no son tanto ellas mismas como un hombre (Beauvoir habla mucho de Sartre, Patti Smith de Robert Mapplethorpe...) o una causa (Campoamor habla del voto femenino). A la mujer le cuesta verse y afirmarse como individua, y cuando lo hace es vista como pedante, egoísta, vanidosa, traidora a los suyos.... Por eso, aunque según los datos que tenemos (estudiados entre otros por Manuel Alberca), las mujeres escriben más diario que los hombres, raramente lo publican».

Tu diario me atrapó, la sinceridad con una misma es transmitida al lector o lectora, tú misma dices que lo has publicado para conocer mejor cosas como la vida cultural española.

«Sí, creo que es interesante, y lo será aún más con el paso del tiempo, poder conocer la trastienda, la ‘intrahistoria’, de la vida cultural española, y publicando mi diario quiero contribuir a ello».

El diario es una escritura más libre, no necesita trabazón, dices en boca de la que eras en 1996, trabajas con el material de tu propia existencia, a veces las confesiones que se hacen son muy íntimas y no se ocultan con metáfora alguna.

«El diario para mí es la escritura más libre, por dos motivos. Uno: no está sometida a una estructura preexistente, no tiene más reglas que la de escribir con periodicidad (cada día o cada semana), sin necesidad de crear personajes y argumento, por ejemplo, o de tener una tesis y argumentarla, o respetar una determinada extensión, como sucede con los otros géneros que practico: ensayo, novela, relato... Dos: es una escritura resguardada de la mirada ajena, una escritura sin lectoras o lectores, al menos en un primer momento. Yo no escribo el diario pensando en la publicación; ésta se ha dado mucho después., y siempre está en mi mano retrasarla o renunciar a ella, o guardarme parte del texto».

A veces irrita que haya tanta felicidad en este diario, quizás porque espero en un diario más malestar, el mal de vivir que ha sido uno de los motivos de las biografías de muchas escritoras, sobre todo, poetas.

«Entiendo que irrite si se toma prima facie, pero me parece que hay ponerla en duda. Al releer este diario con la perspectiva de los años, creo que la afirmación reiterada de felicidad, la repetición del ‘soy feliz’, es como un conjuro contra todo lo que me preocupaba entonces: la incertidumbre sobre mi futuro como escritora, sobre mi futuro geográfico (si me iba a ir, siguiendo a mi marido, a vivir en otro país), sobre el futuro de ese mismo matrimonio... Es como un contrapeso a la angustia, que está también, me parece, muy presente en el diario».

La maternidad y la escritura, una gran entrega que apenas deja tiempo para una misma, porque el tiempo de la escritura es tiempo completo y el de madre también ¿cómo entonces combinarlo?

«Justamente una de las cosas que me parece que aporta este diario es la expresión de la vivencia de la maternidad, algo llamativamente ausente de la cultura, o por lo menos de la alta cultura (de la maternidad se habla o en términos científicos, o de ‘baja cultura’: autoayuda, revistas populares, etc; apenas hay expresiones artísticas, literarias, cinematográficas..., que reflejen esta vivencia en toda su complejidad, como una gran experiencia humana). Es una experiencia que cuestiona, para los padres, pero sobre todo para la madre, todo el modo de vida y los valores. Por supuesto dificulta la vida profesional, entorpece otros deseos o proyectos, pero también es una vivencia fascinante. Creo que en el corazón de la maternidad está la ambivalencia, la mezcla de sentimientos: amor, entrega, irritación, aburrimiento, rabia... Ojalá se publiquen más diarios y autobiografías que exploren este campo tan vasto y tan oscuro.

En 2000, hace diez años, publicaste el ensayo «Litgeratura y Mujeres» ¿Ha cambiado algo la situación para la mujer escritora y lectora? Precisamente la pasada semana entrevisté a Nieves Álvarez por el estudio que ha hecho acerca de los premios literarios en poesía («Descubrir lo que se sabe»). En tu ensayo tú también aportabas datos.

«No han cambiado los datos: sigue habiendo una escandalosa e injustificable desigualdad, pero al menos hemos dado el gran paso de ser, todo el mundo, conscientes de ello. Claro que eso no basta, nos queda muchísimo camino por recorrer, pero era un primer paso fundamental, y cuando yo publiqué «Literatura y mujeres» no se había dado todavía».

Tus experiencias dentro del mundo de la cultura –fuiste directora de una colección de Grijalbo-, colaboras en la prensa, y además presides Clásicas y Modernas.

«¿Es necesario que todavía haya grupos como Clasicas y Modernas o Genialogías para poner en valor el trabajo creativo de las mujeres? Por supuesto. La igualdad no va a llegar sola, por el mero paso del tiempo. Tenemos que luchar por ella, haciendo investigaciones, sacando a la luz los datos, protestando, reflexionando sobre los motivos y las consecuencias de la desigualdad en la cultura, aportando propuestas. Y eso no lo podemos hacer solas, cada una por su lado. Las asociaciones son imprescindibles».

Un aspecto que te preocupaba era que la femeneidad en la novela podía causar tanto rechazo como la homosexualidad porque el mundo narrativo era solo de varones con sus temas.

«Aunque los protagonistas de la cultura no suelen darse cuenta de ello, la cultura dominante se sitúa principal o casi exclusivamente en el punto de vista de los privilegiados: varones, blancos, heterosexuales, occidentales, de clase media o alta. La aparición de otros puntos de vista incomoda, aunque solo sea por falta de costumbre. Yo leyendo por ejemplo a Eduardo Mendicutti o a Álvaro Pombo (y cito ejemplos de novelistas homosexuales hombres porque novela homosexual femenina hay tan poca que apenas la conozco), me siento descolocada, y entiendo que a los lectores varones les puede pasar algo parecido con la literatura escrita por mujeres».

Supongo que habrá más diarios...

«Sí, claro, yo llevo casi toda la vida escribiendo diarios, y pienso irlos publicando... Eso sí, despacio, porque un lapso de tiempo de al menos veinte años entre la escritura y la publicación me parece imprescindible para escribir con esa sinceridad que por lo que veo, a todo el mundo que los lee le llama la atención en mis diarios».


Todos los vídeos de Semana Santa 2016