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Los miedos de nuestro tiempo

Tras el éxito de «Historia del Arte con nombre de mujer», Manuel Jesús Roldán da una vuelta de tuerca a su trayectoria y nos sorprende con ««Los muertos del profesor» (El Paseo Editorial), un conjunto de relatos sobre miedos transversales en la enseñanza secundaria

15 nov 2021 / 08:49 h - Actualizado: 15 nov 2021 / 08:53 h.
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  • Manuel Jesús Roldán (autor) y Jesús Hermida (ilustrador) en la presentación del libro.
    Manuel Jesús Roldán (autor) y Jesús Hermida (ilustrador) en la presentación del libro.

Pupitres, exámenes, matrículas, tablas periódicas y clases de Biología. Pero también anhelos, impotencia, sensación de fracaso y búsqueda de evasión. Todo eso y mucho más contiene el nuevo libro de Manuel Jesús Roldán, una rara avis dentro de su producción y al mismo tiempo una oportunidad para descubrir los «horrores» que se esconden en las aulas, los pasillos y demás espacios de los institutos de enseñanza secundaria. Y es que Los muertos del profesor (El Paseo Editorial), más allá del doble sentido y la retranca de su título, recorre el espectro académico con una mirada crítica que sorprende y desconcierta a partes iguales. Tanto que sus retratos, surgidos de la propia experiencia del autor y de sus alumnos en el IES Albero (Alcalá de Guadaíra), caminan entre la poesía y el arte plástico de un modo satírico y conmovedor, aunque siempre con una premisa: reflejar los miedos de nuestro tiempo.

Deudor del estilo desenfadado de Palabras como labios (obra publicada por el historiador del arte en 2012), por este nuevo trabajo desfilan abusones, chicos acomplejados, ninis, raritos y descreídos. No en vano, en toda su amalgama de situaciones extrañas aunque crudamente reales —Roldán las vuelca de un modo posmoderno y casi surrealista— hay conflictos cuyos nombres ya son toda una declaración de intenciones. Caso de aquel que inaugura el libro, La soledad del servicio (ojo a su kafkiano final), o el breve pero directo Acoso, sobre el terrible problema del bullying. Muchos juegan con el lector implícito ya desde su inicio, y otros parecen estar rodeados de un aura de sencillez e ingenuidad y luego derivan en algo distinto y sobre todo inesperado (Amigos imaginarios).

Aunque si hay historias que brillan especialmente en las 148 páginas de las que consta el volumen son aquellas cuyos guiños a la cultura musical, televisiva o cinematográfica forman parte de su propio discurso y estructura. Es el caso de Bocadillo de paté, una propuesta sumamente gráfica sobre el peligro que supone etiquetar a las personas, comenzando por los propios alumnos y continuando por la profesora, y que conecta, de manera inefable, con la película Forrest Gump. Tanto su desarrollo, in crescendo, como su inquietante desenlace, producen una sensación de horror que va más allá de la anécdota. Lo mismo ocurre con Malamente, donde la célebre composición musical calificada por los expertos como «nuevo flamenco-pop» cobra vida a través de una profesora llamada Rosalía y su sufrido alumno. Y también resulta curioso en La tinta roja, donde los ecos de Strangers Things (una de las series de culto en Netflix) conviven con los de Drácula en un invento tan ocurrente como eficaz.

De este modo, utilizando la técnica de un prestidigitador, Manuel Jesús Roldán va introduciendo ingredientes de la cotidianidad estudiantil al tiempo que los combina con elementos del mainstream, dando lugar a un escenario originalísimo que recuerda al realismo mágico explotado por el boom hispanoamericano (Borges, García Márquez, Cortázar) pero en versión patria y descocada. En este sentido, el autor de Historia del Arte con nombre de mujer no deja títere con cabeza, atreviéndose a emular a iconos de la literatura universal (desde Stephen King a Lovecraft, pasando por Nabokov), reciclar productos de éxito (La casa de papel, Manolito Gafotas, Alicia en el País de las Maravillas), y hasta ponerle banda sonora con permiso de Pitbull, Bad Bunny o Maluma; aunque siempre de un modo tan sutil que cuesta coscarse del asunto.

Hasta los lugares comunes —los chicles bajo la silla, las puertas pintarrajeadas, o las clases extraescolares— parecen cobrar una nueva vida, más bizarra, más aguda y más penetrante en Los muertos del profesor. Lo mismo que los asuntos que tanto preocupan a los jóvenes actuales —desde la obsesión por las redes sociales al cuidado de la imagen, pasando por los desencuentros o los deseos—, los cuales, gracias al empeño del escritor, brotan desinhibidos y valientes. En el caso del sexo, Roldán no duda en poner el dedo en la llaga y llamar a las cosas por su nombre; el mejor ejemplo lo tenemos en el relato Caperucita, donde una nueva alumna despierta el interés de un compañero hasta el extremo de querer devorarla cual lobo de Charles Perrault. Pero, como ocurre en casi todas las narraciones, el final es completamente distinto al esperado, confirmando que Los muertos del profesor es, un divertimento para estudiantes, docentes y todo tipo de curiosos, un material muy recomendable para trabajar en las aulas.

Mención aparte merecen las ilustraciones de Javier Hermida, que además de artista y profesional del diseño gráfico es profesor de dibujo —en 2008 recibió el Premio Nacional de Innovación Educativa—. Dentro del amplio abanico que acompaña a los «50 relatos para no volver a clase» podemos hallar un poco de todo, como en botica: desde simples retazos a homenajes a la cultura clásica, el cartoon o el cómic, sobresaliendo aquellas imágenes donde los sentimientos fluyen de manera más directa (especialmente los eróticos y existenciales). En suma, el nuevo libro de Roldán —un nuevo golpe de timón a su imparable trayectoria— podrá gustar más o menos, despertar sonrisas o mover a la reflexión, pero de lo que no cabe duda es de que no dejará indiferente.

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