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Marcia Ball: El Tremé sobre el escenario

Espléndido concierto en el que los ritmos criollos ocuparon el espacio destinado al jazz que ofrece Madrid hasta final de mes. El Festival Internacional de Jazz de Madrid se confirma, sin remedio, en una cita ineludible para los aficionados de toda España

17 nov 2019 / 13:45 h - Actualizado: 17 nov 2019 / 15:07 h.
  • Marcia Ball. / Fotografía de Mary Bruton ofrecida por JazzMadrid19
    Marcia Ball. / Fotografía de Mary Bruton ofrecida por JazzMadrid19

Los artistas son esas personas que pasan la vida a limpio cada noche o cada mañana. Algunos con un trozo de arcilla con la que modelan esa sensación que no pueden explicar de otra forma; otros con un lienzo en el que la rabia, el amor o el cansancio, quedan representados por un trazo fino o por un color mortecino; no faltan los que tienen que sentarse frente a un folio en blanco para narrar construir todo un universo lleno de almas que intentan explicar la realidad; y otros escriben partituras y letras de canciones con las que la proximidad al sentido de la vida es algo mayor. Los artistas pasan la vida a limpio, nos lo cuentan, y todo se integra en esa consciencia colectiva que se arrastra desde las cavernas. Ni una sola palabra, ni una sola lágrima, ni un gesto, han quedado fuera de la esencia del ser humano. Y todos lo llevamos dentro. Esto ya lo he dicho alguna vez.

Ayer asistimos a un concierto en el que la narrativa ordenaba todo lo que iba sucediendo sobre el escenario. Cinco músicos intentaban contarnos el mundo, un cosmos que ya ha sido pensado para que se todo se entienda mejor. Era un concierto en el que los ritmos criollos cubrían cada nota que se escuchaba, en el que los músicos deseaban imprimir alegría a todo aquello porque si suena la música no puede ser de otra manera. Ayer, alguien pudo pensar que el Tremé de Nueva Orleans había colocado una sucursal en el centro de Madrid.

La pianista y cantante Marcia Ball acompañada de Don Bennet al bajo, Corey Keller a la batería, Mike Schermer con la guitarra y Eric Bernhard al saxo, hizo que el público que asistía al concierto en el Fernán Gómez de Madrid, se lo pasara en grande. Ella se plantó en el escenario y dejó bien claro que aquello era un concierto de los buenos de verdad, de los que solo se pueden escuchar cuando los músicos llevan los ritmos criollos, el blues, el cajun o el rock and roll, tatuados en el ADN. Se sentó frente a su teclado, cruzó las piernas y comenzó a tocar sin dar un segundo de respiro a un público que terminó entregado y bailando entre las butacas del teatro.

Don Bennet, un bajista con muchas horas de vuelo, hizo su trabajo con una solvencia aplastante. Nada de alardes ni de numeritos innecesarios. Cada nota en su sitio. Punto. Keller, con su batería, hizo exactamente lo mismo que Bennet. Mike Schermer sonó espléndido al improvisar, al cantar uno de los temas, al marcar pautas en cada tema que sonaba. Explosivo, sugerente y burbujeante. Eric Bernhard estuvo muy bien. Sus intervenciones fueron muy aplaudidas porque estuvieron teñidas de esa magia que solo los músicos más pegados a la tradición de jazz criollo pueden entregar al público.

La voz de Marcia Ball se rompía ligeramente en los tonos más graves dando un toque de tristeza sureña a lo que iba diciendo. Burbejeaba esa misma voz al transitar hasta los agudos. El registro de esta cantante es especialmente intenso sin ser la voz del siglo. Es la pasión por lo que hace lo que convierte esa voz en algo maravilloso.

Sin duda es el concierto más divertido, el más abierto a todo tipo de público, que el que escribe ha disfrutado en esta edición del Festival Internacional de Jazz de Madrid.

Dejen que diga lo que siento ahora sin filtros: Me lo pasé que te cagas.

Marcia Ball: El Tremé sobre el escenario

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