jueves, 09 julio 2020
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Más allá de las doce cuerdas

Un cuadrilátero es la imagen del éxito pasajero, del dinero ennegrecido, del sufrimiento de un pobre diablo y la riqueza de unos pocos gracias a un boxeador o a un luchador que tiene dibujado el horizonte siempre dentro del propio ring. Porque más allá de las cuerdas no hay casi nada para ellos

18 mar 2020 / 11:18 h - Actualizado: 18 mar 2020 / 11:43 h.
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  • Un momento de la película «The Fighter». / El Correo
    Un momento de la película «The Fighter». / El Correo

A pesar de los promotores y de los managers sin escrúpulos, de la prensa sensacionalista o de los amaños de combates, la vida sigue adelante. Porque hay futuros. Enclenques, oscuros y tristes, pero futuros al fin y al cabo. Tres películas excelentes pueden servir de referencia para saber cómo han visto algunos autores esa relación de los deportistas con los bajos fondos del deporte y con sus propias miserias.

Más allá de las doce cuerdas
La focalización de la acción es perfecta en «The Fighter». / El Correo

«The Fighter» (2010). La lucha por las raíces

Excelente película. Sostenida de principio a fin por un actor del que siempre he pensado que era un marmolillo. Christian Bale. Reconozco que en «The Fighter» interpreta su papel de forma primorosa. Se integra con su personaje al máximo, se transforma físicamente, vocaliza como lo haría el verdadero Dicky Eklund. Fantástico, de verdad. Le acompaña Melissa Leo. Contenida, elegante dentro de un personaje cutre y casi ridículo que se rodea de una especie de tribu arcaica (sus hijas). Excelente película que parece hablar de boxeo cuando, en realidad, lo que trata de explorar es esa relación tan íntima que se crea en las familias y que permite al individuo agarrarse a sus raíces llegado un momento difícil, esa ruptura que llega para dejar sellado por siempre jamás un pacto entre hermanos, padres e hijos que nunca se traiciona, pase lo que pase. El boxeo es un vehículo magnífico que se presenta lejos de los tópicos de siempre, con realismo y la profundidad necesaria, pero sin que arañe un gramo de importancia a lo fundamental. Excelente película que firma David O’Russell. Este director puede gustar más o menos, aunque tiene un indiscutible talento al contar historias y al dirigir actores. El montaje es de lo más acertado. No hay un minuto que sobre y nada se echa de menos gracias a la focalización perfecta de la acción y la utilización de recursos adecuada.

La película narra cómo Micky Ward «El Irlandés» (Mark Wahlberg defiende el papel con solvencia) logra luchar por el campeonato de mundo de boxeo. Pegado a su hermano Dicky, viejo boxeador y viejo drogadicto, pegado a su madre, a una familia incómoda. Y a su novia Charlene (Amy Adams; ésta defiende su papel, a secas). Narra los conflictos que se generan en la familia con las nuevas incorporaciones, cómo la sabiduría de la experiencia puede subir a un ring con clara ventaja sobre la ilusión o el miedo. Narra como una familia entera claudica ante sí misma si es necesario. Excelente película por su emotividad, por su música arrolladora, por su autenticidad.

Más allá de las doce cuerdas
Mickey Rourke en una escena de «El luchador». / El Correo

«El luchador» («The wrestler», 2008). La vida en soledad

Randy «The Ram» Robinson (Mickey Rourke) es un luchador profesional de wrestling que se arrastra por circuitos mediocres y va saliendo adelante como puede. En los años 80 fue una figura cotizada; pero la edad, los excesos con las drogas y su falta de cuidado con el entorno familiar, le han convertido en un hombre solitario que busca un refugio imposible en una bailarina (Marisa Tomei) y en su hija (a la que abandonó muchos años antes). Intenta rehacer una vida que nunca existió hasta que comprende que su mundo está encerrado en un ring lleno de perdedores, luchadores sin futuro y una muerte acechante. La película es estupenda. Darren Aronofsky, el director, busca a los personajes con largos travellings realizados con el steadicam desde la espalda, encontrando matices en ellos que nos desvelan lo más íntimo de sus estados de ánimo. No es una película explícita en su desarrollo aunque deja pistas suficientes para que podamos entender la trama en todo su desarrollo. El personaje encarnado por Mickey Rourke crece desde el primer momento. Intenta vivir del pasado sabiendo que no hay posible futuro que le pueda hacer feliz. La elección de este actor fue todo un acierto. Podríamos decir que iba maquillado desde casa. Ya saben ustedes que los excesos de Rourke han sido grandes y su aspecto es muy similar al que tendría alguien en las mismas circunstancias que «The Ram».

Se podría hacer una lectura de la película bastante cercana al mesianismo. Presten atención al diálogo entre el luchador y la bailarina sobre Cristo. Vean cómo se ofrece la sangre del luchador después. Y, en la escena final, no dejen de fijarse en esos brazos en cruz del protagonista antes de...

Más allá de las doce cuerdas
Mike Lane, Humphrey Bogart y Jan Sterling. / El Correo

«Más dura será la caída» (1956). El engaño de todos

Última película de Humphrey Bogart. No llegó a ver su estreno puesto que murió poco antes. La película ataca un asunto turbio, sangrante: los engaños a los que son sometidos los boxeadores, las trampas que se hicieron siempre en el mundo del boxeo, la falta de escrúpulos de los managers con sus pupilos. Bogart interpreta el papel de un periodista, Eddie Willis, que no tiene trabajo y decide apuntarse a una estafa de tamaño gigantesco. Un boxeador argentino, el Toro Moreno, (interpretado por Mike Lane y que nos lleva a percibir esa mezcla entre lo pueril y lo estúpido que acompaña siempre a los púgiles) es un paquete y no podría ganar a un boxeador mediocre que le bailase treinta segundos sobre el ring. Llega a EEUU de la mano de Nick Benko (Rog Steiger) un promotor sin moral y sin el menor problema para exprimir a una persona y abandonarla de inmediato. Aunque en la película aparecen, por ejemplo, Max Baer o J.J. Walcott, no esperen encontrar una película sobre la técnica del boxeo. Se habla del entorno, de la falta de moral y, también, de la posible redención de las faltas (¿?). Una excelente última película de Bogart.


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