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«Me encanta ser una especie de Mary Poppins del mundo de las palabras»

María Graciani publica su primer cuento infantil. Y en esta entrevista repasa su génesis y las ideas fundamentales que se ventilan en el relato

21 mar 2021 / 09:59 h - Actualizado: 21 mar 2021 / 10:17 h.
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María Graciani García es escritora, periodista y, según ella misma, la nueva astronauta del universo literario infantil. Es una mujer que siempre sonríe, que habla con la emoción de los que saben que el lenguaje es la vida misma y que gracias a él podemos ser lo que somos.

Está a punto de publicarse su nuevo libro. Esta vez no es una obra destinada al público adulto, ni está encuadrado en el ámbito empresarial. Esta vez el trabajo de María Graciani está destinado a los más pequeños. Y esta vez entrega un cuento que navega por esos mares que los mayores olvidamos tan a menudo, pero que los niños mantienen intacto para poder vivir.

¿Cómo has llegado hasta aquí, cómo has cambiado de registro. No es fácil que estas cosas ocurran y menos obteniendo un resultado tan estupendo como es el libro que has escrito?

«Las inspiraciones son espontáneas y, además, participo bastante del espíritu de Peter Pan. No es que crea exactamente en las hadas, pero sí me fabrico mi propio mundo de ‘Nunca Jamás’. Por otra parte, desde mediados de 2019 tengo mucha relación con dos niñas que se llaman Sofía y Noelia, las sobrinas de mi chico; y eso ha sido muy inspirador y muy evocador. Son como mis sobrinas, de 4 y 9 años respectivamente. Creo que mi trato con ellas y con mi perro Atila (el ‘rey de los perrunos’ en el libro), un pastor alemán de más de 40 kilos, sirvió para que llegasen las ideas. Como casi siempre pasa con las cosas serias, todo empezó con una broma: yo tengo por costumbre llamar Mapache a Alonso, mi pareja; el me dice a mí koala (me encanta dar besos y abrazos, me encanta repartir cariño); y un día le dije que podría crear un bichito que se llamase Komache. Por otra parte, Verónica, mi cuñada, me regaló las navidades del año 2019 un cojín hecho por ella misma en el que por una de las caras se veía al primer Komache de la historia subiendo por un árbol. Y desde ese lugar llegó la idea. Así de sencillo. No hubo un plan; lo que sucede es que tengo a María ‘la niña’ muy viva y muy presente».

Esto que dice María Graciani me hace pensar que no es malo que los escritores se dediquen a quitar hierro al asunto del escribir y a rebajar la importancia de esa creatividad sin límites que parece tener cualquier autor porque, en realidad, todo está en este mundo en el que vivimos y lo que cambia es el punto de vista. La autora es una persona sencilla que se muestra con naturalidad, sin pisar territorios en los que todo se ordena gracias a una postura concreta o una frase redonda...

Es algo muy tuyo eso de mezclar palabras, eso de jugar con el lenguaje para exprimir significados y para encontrar elementos nuevos...

«Sí, ya sabes que me encanta ser una especie de Mary Poppins del mundo de las palabras y crear universos nuevos a partir de mundos ya conocidos. Pero no creas, a veces te causa algún problema. Sin ir más lejos, los que me conocen y saben que llega un libro nuevo me dicen ‘ay, qué bien, comanche, como los indios’ y les tengo que explicar que es «Komache», que es la mezcla de dos palabras y que se refiere a dos animalitos».

María habla y trata de recordar momentos exactos. Sin embargo, lo resume todo de la mejor forma posible.

«Las ideas divertidas no pueden pasar de largo».

En el libro se manejan valores muy importantes que cada personaje va desarrollando de forma distinta. Si ese libro se debe leer es, principalmente, por esa razón, le digo.

«En todas las épocas de la historias se ha mantenido la esencia de las cosas. Nuestras actitudes, nuestras formas de ser, se nutren de esos valores, de esos principios tan importantes y tan inamovibles. Como solía decir mi madre ‘el arbolito desde chiquitiito’. Me parecía básico que, dentro de una trama divertida y cercana, utilizando un lenguaje asequible, se fueran introduciendo esos valores. Porque los niños son muy inteligentes y otra cosa sería tratarles como lo que no son. Los valores son ese pegamento esencial que sirve para que los seres humanos sigamos conviviendo de forma cooperativa y sostenible. Necesitamos cosas con sustancia, cosas del ser real repartidor de alegría que somos todos y no de los ‘repes’ (repartidores de penas de los que el mundo va sobrado); necesitamos realidad de la buena, de esa que se nutre de lo que nos hace únicos».

¿Quién es un lector potencial de «Komache»?

«El libro oficialmente es para niños de 10 años en adelante. Por eso he tenido un cuidado especial al elegir el registro. Escribir solo para ti no tiene demasiada gracia y si el libro es para niños el lenguaje ha de ser para niños. Eso sí, no se puede confundir eso con tratarles como si no se enterasen de nada. Aunque tengo que añadir que estoy convencida de que este libro lo coge un adulto y se puede divertir».

El libro se podría leer mirando solo las ilustraciones puesto que son muy expresivas. En Aladar hemos hecho esa prueba que resulta infalible y que consiste en que alguien lee el texto (y solo el texto) y otro intenta leer el cuento solo viendo las ilustraciones. En este caso ha sido todo un éxito.

«Elena Iranzo es una mujer cordobesa con enorme talento y ha ilustrado el libro con enorme sensibilidad y acierto. Nos conocimos gracias a las personas que están al frente de la editorial que edita el libro, BABIDI BÚ».

¿Contenta con el resultado y con el camino recorrido?

«Cuándo comprobé que fluía todo de forma natural no quise poner pegas ni trabas. He disfrutado mucho de la idea y me he dejado llevar sin prejuicios y sin pensar en el resultado final. En cualquier caso, estoy muy, muy, contenta».

Antes de despedirnos le pido a María Graciani que confiese algo que nos cuesta mucho a los escritores. ¿Qué personaje de «Komache» es tu preferido?

«Me gusta mucho Cuaqui, porque siempre trata de proteger con sus alitas a los demás. Es un patito joven que dice cosas muy sabias. Es el compañero que siempre está ‘pató’. Por eso es un pato».

Eso lo dice después de intentar escapar de la pregunta como solemos hacer todos. Pero he sido más rápido que ella.


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