jueves, 28 mayo 2020
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Mira que somos raros

Que el ser humano es una rareza resulta indiscutible. Tan pronto está inventando historias para explicarse el mundo como se lía a lanzar balones dentro de eso que llamamos canasta. Podemos subir montañas imposibles o bajarlas sobre unas tablas que se deslizan a velocidad de vértigo. Y, por si era poco, mezclamos esas cosas como si fuera algo normal

23 feb 2020 / 22:35 h - Actualizado: 23 feb 2020 / 22:49 h.
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  • Luchadores de sumo. / El Correo
    Luchadores de sumo. / El Correo

Bien pensado, los deportes son bastante extraños. ¿Qué pintan 22 personas corriendo detrás de un balón? ¿Es normal que un par de hombres o mujeres se líen a puñetazos sobre un ring? ¿Quién puede ver como normal que dos señores enormes, con cara de japonés (porque, entre otras cosas, lo son) y con un taparrabos como única prenda de vestir, se pongan enfrente uno del otro para empujarse? ¿Qué me dicen de los que se empeñan en colar una bolita en un agujero minúsculo a base de dar golpes con un extraño palo? Sí, deberíamos reconocer que hacemos cosas bastante raritas. Y es que cualquier cosa que hace el ser humano no deja de ser sorprendente. Si algún día un extraterrestre pasa por aquí tendrá difícil explicar lo que vea. Pero, no crean, leer es un producto derivado de la mayor de las rarezas del hombre. Hablamos, pensamos y convertimos todo en eso que llamamos símbolo. Y si queremos ser más raros de lo normal tenemos opciones de lo más extravagantes. Crean si les digo que leer es tan extraño como saltar desde un trampolín dando vueltas para conseguir una nota lo más alta posible. Y si no me creen, lean lo que sigue y, después, busquen un ejemplar de cualquiera de las recomendaciones. Ya verán como tengo algo de razón.

Mira que somos raros

«Tú me has matado». En España tenemos un buen número de dibujantes que apuntan excelentes maneras. Uno de ellos es David Sánchez. Buen trazo y guiones que hacen al lector traspasar esa línea tan fina que separa el bien del mal, lo bello de lo horrible, lo sensual de lo sórdido; en definitiva, el lado amable del mundo y su opuesto. «Tú me has matado» es un tebeo que descoloca en un primer momento y que deja cada cosa en su sitio (incluido al lector) al finalizar. David Sánchez elige una narración circular para decir lo que quiere. Al menos, esa es la sensación, porque, aunque la figura del círculo aparece finalmente, lo que hace es abrir el compás y señalar la forma sin una continuidad narrativa clara. Esto aporta al tebeo un ritmo muy interesante que no se pierde en ningún momento. Los personajes se van construyendo desde la maldad, desde la violencia. Los que no comienzan en ese punto acaban en él. Porque todos son culpables de que el mundo sea una pocilga, de que todos matemos a todos. Todo se mezcla para dar como resultado la misma cosa. Dios, la muerte, sexo, depravación, falta de comunicación, justicia, abusos. David Sánchez suma una zona surrealista, casi onírica, que aporta una buena dosis de credibilidad a la narración. Sin esa duda sembrada en los lectores (a través de sus personajes que, también, dudan sobre lo que es y no es) lo contado sería muy difícil de sostener. De este modo, la cosa aguanta bien. El autor se encarga del color. Otro de los aciertos del cómic. Las gamas van modificándose a medida que el relato lo va demandando y el lector tiene una agarradera narrativa para seguir el hilo sin problemas.

Mira que somos raros

«Yoga para gatos». Pues sí. Hay libros para todo y para todos. «Yoga para gatos» es una pequeña obra que firma Christiénne Wadsworth e ilustra Lynn Chang-Franklin. Tras una breve introducción y un test para valorar si el yoga está pensado para el lector y su gato; el libro repasa posturas, vocalizaciones y todo tipo de series que harán de su gato un experto en yoga. Dibujos muy divertidos y fotografías de mininos estirándose acompañan el texto de principio a fin. No sé si el libro es útil o si es un chiste enorme. Desconozco si se trata de un buen regalo para gatos o para dueños de estos. No sé si merece la pena comprarlo porque yo no tengo gato ni soy yogui. Pero, desde luego no deja de ser una curiosidad ver a los gatos retratados mientras hacen cosas extrañas. Las fotos de siempre mostrando señores o señoras con una pierna sobre el cuello y un brazo señalando al planeta Marte ya empiezan a ser aburridas. Lo edita Océano y lo hace con cuidado.


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