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«Nabucco» en el Teatro Real: ¡Viva Verdi! ¡Viva la ópera!

Excelente estreno de la ópera de Giuseppe Verdi, «Nabucco», en el Teatro Real de Madrid. Un bis del coro‘Va, pensiero’, una dirección musical sobresaliente y una puesta en escena tan protestada cono incomprendida, son los principales ingredientes de una propuesta que invita a viajar a la capital

06 jul 2022 / 13:29 h - Actualizado: 06 jul 2022 / 13:57 h.
"Ópera","Críticas"
  • Fotografías de Javier del Real.
    Fotografías de Javier del Real.

El calor en Madrid ya es asfixiante. El sol que se esconde deja esa luz tan propia de la capital que alarga las sombras con gracia, como queriendo dibujar en las baldosas de cemento del suelo un collage imposible. Llegamos al teatro Real con tiempo suficiente para disfrutar de un ambiente exquisito. Mucha gente conocida, un runrún característico que resuena las tardes que algo va a suceder y que, por una causa u otra, dará que hablar en el futuro. Y eso tan importante, ocurrió al acabar el tercer acto de la ópera de Verdi «Nabucco», al interpretarse el que fue símbolo del Risorgimento italiano, ‘Va, pensiero’, un coro en fa sostenido que es famosísimo y de una belleza aplastante. El público pidió un bis al coro titular del teatro Real y, tras cinco minutos de aplausos, el director musical, Nicola Luisotti, ordenó volver al principio para repetir. Nunca antes, tras la reinauguración del Teatro Real, se había producido algo así y me temo que ha pasado porque el público se dejó llevar por la fuerza de la belleza o por lo que representa ese coro o por cualquier otra razón que no alcanzo a comprender, porque el coro titular del Teatro Real, Coro Intermezzo, ha tenido momentos durante las últimas temporadas de mayor brillantez en todos los sentidos. Si hay un valor seguro sobre el escenario del Teatro Real ese es el coro y eso es producto del trabajo de su director y de los cantantes. Ha sido formidable durante mucho tiempo. Sea como sea, el que escribe celebra este bis como premio a un trabajo de años. En este «Nabucco», el coro cantó todo bien y dio forma al personaje en el que se convierte ese coro en la ópera de Verdi y por eso me sumo a lo que alguien gritó desde la platea antes de comenzar el bis: ´Gracias Verdi, gracias al coro del Real’.

«Nabucco» en el Teatro Real: ¡Viva Verdi! ¡Viva la ópera!

El director musical estuvo francamente bien dirigiendo a la orquesta titular. Delicado, con espíritu casi detectivesco al buscar detalles en la partitura, decidido al arropar a los cantantes. Exquisito y fino. Ha demostrado ser un gran especialista en la obra del genio italiano y se agradece que profesionales de su altura estén por aquí cerca.

Anna Pirozzi defendió dignamente el papel de Abigaille. Bien de técnica aunque carente de emociones; demasiado rígida cantando y desplegando el arco dramático. En su defensa diré que el papel es exigente hasta el dolor y que atreverse con él es muy meritorio.

Luca Salsi estuvo muy bien. Asentado y dejando muestras de una robustez vocal sin fisuras. Aunque empezó algo dubitativo remontó sin problemas y entregó una actuación sobresaliente.

Gustó mucho Michel Fabiano encarnando a Ismaele Y lo mismo puedo decir de Silvia Tro Santafé, una mezzosoprano que agrada siempre con su timbre y con una modulación ordenada, de apariencia sencilla aunque las exigencias sean grandes. Era Fenena sobre las tablas.

«Nabucco» en el Teatro Real: ¡Viva Verdi! ¡Viva la ópera!

No sería justo dejar de resaltar la labor del bajo Dmitry Belosselskiy. Comenzó bien y terminó muchísimo mejor. Funcionó de maravilla como contrapunto de Nabucco en el entramado narrativo dispuesto sobre el escenario.

Todo fue muy aplaudido salvo la propuesta de Andreas Homoki. Las propuestas del público por la puesta en escena fueron excesivas y, muy posiblemente, injustas. En el escenario un enorme bloque de mármol. Gira sobre sí mismo y hace que todo gire a su alrededor. Es el muro de las lamentaciones, el muro de una estancia del palacio de Nabucco, es la pared de una celda que oprime el alma del rey, es el símbolo de la realeza y es, sobre todo, cualquier dios conocido. Divide al pueblo, lo protege del enemigo, obliga estar de un lado u otro... No se puede más con menos. Además, la iluminación que busca el contraste entre luces y sombras, entre clases sociales o entre formas de entender la realidad, logra generar un clima exacto que acompaña a los personajes. La aparente simpleza esconde una profundidad de ideas vigorosa.

La tarde-noche fue una maravilla y los que tuvimos la fortuna de asistir a este estreno podremos presumir de eso, de haber estado, de haber disfrutado de un bis tan exagerado como merecido.

Fuera del teatro esperaba un calor pegadizo, pero se llevaba mejor después de disfrutar de la ópera de Verdi. Ese es un placer con el que no puede ni el frío, ni el calor, ni nada de nada.


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