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«Norma»: Cientos de jóvenes invaden el Teatro Real de Madrid

Los jóvenes son el motor del mundo. El resto es de gran ayuda, pero la locomotora la hacen funcionar los hombres y mujeres que, con el ímpetu y el entusiasmo de su juventud, logran que la vida siga adelante a pesar de todo. Y esos jóvenes no se olvidan de la cultura. Al contrario

01 mar 2021 / 13:13 h - Actualizado: 01 mar 2021 / 15:50 h.
"Conciertos","Críticas"
  • En el centro, Yolanda Auyanet como Norma. / Javier del Real
    En el centro, Yolanda Auyanet como Norma. / Javier del Real

Algunos dicen que la ópera es cosa de gente con dinero y de gente mayor. Falso. En los teatros de todo el mundo se puede ver a los jóvenes ocupando butacas (suelen ser las más baratas, eso es verdad) sin faltar a su cita con cada ópera programada. Los precios para los jóvenes (y para todo tipo de público que quiera acudir a la ópera y estén bien de dinero) con frecuencia, son muy asequibles y las facilidades que los teatros ponen a su disposición son importantes. Si a eso le añadimos que la ópera gusta, y mucho, a un gran número de jóvenes de todas las clases sociales, iniciativas como la que ha llevado a cabo el Teatro Real toman todo el sentido. Y es que, ayer, las localidades se llenaron de hombres y mujeres menores de 35 años, de personas interesadas en la ópera. Daba gusto ver los accesos al teatro porque la juventud es vida, alegría, entusiasmo...

Por cierto, el destino hizo que el que escribe asistiese a esta función el día que cumplía 57 años (en realidad los debería cumplir el 29 de febrero, pero al no ser año bisiesto tengo por costumbre apuntarme al 28 como recurso para recibir felicitaciones). Una paradoja eso de asistir a la función para jóvenes.

«Norma» es una de las mejores óperas de Vincenzo Bellini. Y el libreto de Felice Romani (adaptación de la novela de Alexandre Soumet, «Norma, ou l’infanticide») es un monumento al escapismo frente a la censura. En la época en la que se estrenó Norma, austriacos e italianos (de norte) andaban a la gresca y la represión y la censura eran el pan nuestro de cada día. Romani, poniendo por delante a los celtas y a los romanos hacía que el público se identificase con rapidez con lo que se estaba contando y empatizase sin problemas puesto que se representaba su propio conflicto.

Pues bien, la puesta en escena de Justin Way juega con este enfrentamiento, entre otras cosas, y consigue que la idea que presenta sea atractiva a más no poder. Una compañía de teatro ensaya «Norma» dentro de la propia «Norma». Y los vemos en el escenario. Un escenario pintado como lo eran los de mediados del siglo XIX. Vemos la parte trasera, los preparativos de todo tipo, cómo se montan o se desmontan, cómo se marcan las partes para posteriores montajes... Justin Way se muestra decidido para acabar con la cuarta pared de lo que es el arte teatral. De paso, aprovecha el director de escena para incidir en el conflicto (también de la época del estreno de «Norma») entre pueblos. Y el resultado hace que entendamos la ópera sin problemas, que miremos una producción nueva como si tuviéramos delante una tan antigua como la propia obra de Bellini y que disfrutemos de la representación con la mirada tranquila por no tener que andar buscando significados pretendidamente modernos y, casi siempre, exclusivos para el creador y sus allegados. Gustó la puesta en escena, el vestuario, la peluquería, la luz y ese esfuerzo en directo de los operarios que hacen su labor sin que nadie les recuerde en otras producciones.

Marco Armilliato, el director musical, estuvo muy, muy, bien. Es capaz de sacar lo mejor que tiene dentro la Orquesta Titular del Teatro Real de Madrid. Siempre atento a los matices y siempre arropando a los cantantes. Desde la obertura al último compás, bien.

El coro dirigido por Andrés Máspero fue de menos a más. En realidad, les pasó a todos los cantantes, incluidos los solistas. Los del coro (posiblemente el uso de mascarilla no ayude mucho a que las cosas sean perfectas) terminaron la representación de forma brillante. Sin embargo, su primera intervención se escuchó plana, sin alma, tristona. Todo lo contrario a lo que nos tienen acostumbrados. Porque si hay un buen coro, ese es el que dirige el maestro Máspero.

«Norma»: Cientos de jóvenes invaden el Teatro Real de Madrid
Yolanda Auyanet y Clémentine Margaine. / Javier del Real

Michael Spyres (Pollione) fue de discreto a correcto. Yolanda Auyanet (Norma) fue de discreta, nerviosa, mal de dicción y descontrolada con los tonos más agudos, a pasable. Roberto Tagliavini (Oroveso) fue de bien a bastante bien. Y Clémentine Margaine (Adalgisa) de muy bien a estupenda. Margaine fue la gran triunfadora de la tarde.

El público joven aplaudió todo lo que se podía aplaudir y mostró un entusiasmo que no es propio del público del Teatro Real. Y no pasa nada porque perdonen algunos defectos en las interpretaciones. Tienen toda la vida por delante para ponerse exquisitos.

Buena tarde de ópera. Y bonito futuro el que estamos construyendo para que la ópera pueda seguir siendo una de las cosas más apasionantes que la cultura ha puesto a nuestro alcance durante siglos.


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