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«Quiero oírte decir mi nombre»: La luz de la consciencia

Este es un libro que, aunque tiene las sombras propias de una ‘opera prima’, arroja una luz brillante que ayuda al lector a reconciliarse con la escritura poética, con las letras, con la interpretación del universo dibujado desde la consciencia personal del escritor.

13 dic 2019 / 12:37 h - Actualizado: 13 dic 2019 / 12:44 h.
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  • Eva Guillamón. / Imagen cortesía de Ingenio de Comunicacion
    Eva Guillamón. / Imagen cortesía de Ingenio de Comunicacion

Eva Guillamón ha escrito su primer poemario. Y, lo diré ya, debemos celebrarlo.

Este es un libro que se retira, prudentemente, de eso que llamamos poesía de la experiencia y que suele quedarse en el territorio de lo superficial (alguna vez se tropieza con ella, todo hay que decirlo) y no se lanza a los abismos de una poesía inexplicable, inasible o, directamente, incomprensible.

«Quiero oírte decir mi nombre» es un poemario que habla del amor sin acotación alguna, de la injusticia a causa de esa falta de amor que llega hasta el asesinato, del amor amasado alrededor del recuerdo. El resto de asuntos que salpican los poemas no dejan de ser vehículos expresivos como pudiera ser cualquier recurso técnico. El conjunto de la obra nos arrastra a esa ficción que explica la realidad de Eva Guillamón; un mundo del todo inquietante y apabullante.

Divide la autora su obra en seis bloques que van de la falta de nombres hasta el suyo propio (el de Guillamón a modo de autorretrato). Si bien es cierto que la lírica salpica cada línea escrita, es la épica del yo la que ordena ese universo pautando cada paso que nos obligan a dar al leer.

Algunos poemas son más inmediatos de lo deseado. Corresponden a las zonas expositivas que tienen que ver con asuntos ciertos y no con la experimentación con el lenguaje que el escritor está obligado a realizar; corresponden con los temas que aborda la autora sin tomar la distancia necesaria. El bloque titulado «Los que no tienen nombre» es en el que más se acusa este problema. Demasiado evidente esa poesía, demasiado predecible.

Sin embargo, a partir de ese punto, la poeta nos arrastra sin compasión hasta su particular forma de interpretar la realidad. No faltan los recuerdos, las escenas imaginadas o el sexo sin tapujos.

«Quiero oírte decir mi nombre»: La luz de la consciencia
Portada de «Quiero oírte decir mi nombre». / El Correo

La lectura es intensa, prometedora y termina reclamando una oportunidad más. Deja en el lector ese regusto que invita a un segundo vistazo para disfrutar con mayor tranquilidad.

Algunas imágenes se alzan potentes y preciosas en su simpleza (El invierno son maderas vacías / jugando con el viento). Otras evocan realidades con las que el lector pueden coquetear hasta hacerlas suyas (Entre mi abuela y yo, / sólo años de distancia. / El mismo amor, el mismo miedo, la misma piedra... / Sólo los cuerpos cambian).

Incluye Eva Guillamón, al presentar cada bloque, algunos titulares o fragmentos de discursos o de artículos periodísticos, que rodean lo que quiere decir a continuación como si fuese un muro de contención, a modo de marca de los límites que no cruzarán los versos.

Nos gusta este poemario. Nos gusta que una mujer poeta se sume. Nos gusta que editoriales como es La Lucerna sigan apostando por algo tan fundamental como es la poesía aun sabiendo que millonarios, lo que se dice millonarios, no se harán ofreciendo versos encabalgados.

Calificación: Interesante, bienvenido, honesto.

Tipo de lector: Cualquiera. Tal vez, lo jóvenes lectores pudieran encontrar en este poemario la excusa de seguir descubriendo la poesía actual.

Tipo de lectura: Asequible.

¿Dónde puede leerse?: Frente al espejo.


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