sábado, 04 julio 2020
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«Torremolinos 73»: Porno ‘made in Spain’

Pablo Berger se estrenó como director con ‘Torremolinos 73’, una película divertida aunque con un fondo triste, con un fracaso a la española constante, que dejan un gusto amargo tras cada sonrisa. Una España escapando de sí misma en la que se retratan a un par de españoles consiguiendo algo de ventaja cuando renuncian a lo que siempre pensaron que debían ser

12 jun 2020 / 08:24 h - Actualizado: 12 jun 2020 / 10:22 h.
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  • Candela Peña y Mads Mikkelsen. / El Correo
    Candela Peña y Mads Mikkelsen. / El Correo

En España, de un tiempo a esta parte (a partir de 1960 hasta hoy mismo), siempre funcionó muy bien eso que conocemos como burbuja inmobiliaria. Y el cine porno, también. Lo de construir pisos y vender solares a precios indecentes ha tenido distintas fases. Unas mejores y otras peores. Pero el porno no decae. Además, el sol que reciben nuestros edificios es un reclamo estupendo para los turistas de todo el mundo. España es así. Sol, ladrillo y porno cañí.

Pablo Berger pensó una versión del gran sueño español que consistía en tener pisos propios pagados en cómodos plazos, sol en la costa, porno casero (o casi); una buena dosis de caspa, otra de picaresca y abuso de poder. Lo mezcló con los deseos irrefrenables de sus personajes protagonistas y, voilà, se estrenó en la dirección de películas de cine. «Torremolinos 73» fue el resultado. Interesante trabajo que ya dejaba ver lo que Berger sería capaz de hacer detrás de una cámara.

Parece ser que el guión está basado en algo que ocurrió en realidad. Alfredo López (encarnado por Javier Cámara que no hace el papel de su vida aunque está muy bien) vende enciclopedias. Al menos lo intenta, porque la venta de fascículos le hace imposible su trabajo. Dadas las circunstancias, don Carlos (un cínico que abusa de las necesidades vitales de sus empleados y les obliga a tragar con lo que les eche encima; interpretado por un espléndido Juan Diego) propone a su equipo de ventas cambiar el rumbo de su vida profesional. La idea es grabar vídeos educativos sobre la reproducción en Europa. Bonito eufemismo con el que referirse al porno. Alfredo y su esposa Carmen (maravillosa Candela Peña) no ven salida a su futuro y acceden. Alfredo descubre el cine de Bergman intentando aprender lo que tiene que hacer para filmar las películas con su esposa. Mira cine para hacer cine. Mira a Bergman y quiere ser Bergman. Carmen descubre que su marido no puede tener descendencia y ella quiere tener un hijo a toda costa. Por tanto, la nueva actividad puede servir, a ambos, para alcanzar sus sueños.

«Torremolinos 73»: Porno ‘made in Spain’

El trabajo fotográfico que hace Kiko de la Rica en «Torremolinos 73» es espléndido. Se lanza desde el principio en busca de encuadres originales y expresivos. Y logra muchos, francamente, estupendos.

Por su parte, Berger dirige con las cosas claras en la cabeza, con un diseño de cada escena casi milimétrico, consiguiendo una película con ritmo narrativo de alto nivel y una factura sobresaliente. La puesta en escena es sobria aunque representa una España muy reconocible en su mediocridad y en sus miserias. El montaje hace que ese sentido que busca el director se potencie con el uso de elipsis muy acertadas en las que los personajes evolucionan colocados en un escenario en el que solo puede pasar lo que nos enseña la cámara.

«Torremolinos 73»: Porno ‘made in Spain’

Buena parte de la película se desarrolla en Torremolinos. Y es cuando el entorno se convierte en un personaje más; en un personaje que representa toda una época de la historia de España. El pueblo está desierto porque es invierno. El sueño de muchos se ve moribundo, lo que se vendió como un auténtico paraíso es, en realidad, un conjunto de moles sin sentido, un laberinto de pasajes en los que las tiendas se han reducido a decenas de cierres ciegos que arañan la felicidad al paseante. La España más estereotipada, ridícula y provinciana. Tan solo se libra el interior del hotel en el que se rodará la película definitiva dirigida por Alfredo e interpretada por Carmen y un actor llegado del norte de Europa (lo interpreta Mads Mikkelsen). La España que quería escapar de su cutrez más asfixiante es Torremolinos; el símbolo de la modernidad se convierte en un vehículo que funciona como un cacharro averiado.

La película es muy agradable y contiene momentos muy divertidos. Sin duda alguna es muy superior a «Aventuras y desventuras de una viuda muy cachonda» que es la que rodó Alfredo buscando ser como Bergman e interpretada por Carmen en busca de un padre para ese hijo que no llegaba ni a la de tres. «Die Abenteuer Und Unglücke Einer Geilen Witwe» funcionó muy bien en Dinamarca. Tanto como el sol del Mediterráneo.

Tal vez, deberíamos dedicarnos más a construir un sueño como el propuesto por Berger en su película para poder salir de la crisis. Nunca se sabe.

«Torremolinos 73»: Porno ‘made in Spain’

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