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13 institutos en 5 años, vicisitudes del interino

Pablo Poó, profesor de Lengua, analiza en «La mala educación» los problemas de la enseñanza

28 sep 2015 / 08:32 h - Actualizado: 28 sep 2015 / 08:32 h.
"Educación","Empleo público"
  • El editor de Triskel Ediciones, Rafael Velis (izq.) y el autor Pablo Poó (dcha.), en la presentación. / El Correo
    El editor de Triskel Ediciones, Rafael Velis (izq.) y el autor Pablo Poó (dcha.), en la presentación. / El Correo

Haber recorrido nada menos que 13 institutos en apenas cinco años, pasar de cubrir bajas temporales y, con el tiempo, vacantes más largas con continuidad a estar nueve meses en paro tras los recortes que redujeron la cobertura de plazas y estar estudiando de nuevo para unas oposiciones que ya aprobó una vez dan autoridad suficiente para, se comparta o no su opinión, considerar al profesor de Lengua y Literatura Pablo Poó Gallardo (Sevilla, 1983) una voz autorizada para analizar el sistema educativo. Al menos, algo de experiencia, tiene.

La mala educación, (Triskel Ediciones) es fruto de esos intensos años recorriendo aulas (este curso da clases en un pequeño centro de Cuevas de San Marco, en Málaga) de institutos grandes y urbanos, pequeños y rurales, de barrios conflictivos, etc... Pero sobre todo, de ser uno de los 4.500 docentes interinos andaluces que en 2012, merced a los recortes, ya que gracias a ello pasó a tener mucho tiempo libre para poner negro sobre blanco esos análisis compartido entre reuniones de departamento y desayunos con los compañeros sobre lo mal preparados que llegan los alumnos, el exceso de burocracia y papeleo que la administración les exige y, también, la crítica a ese compañero «caradura» acomodado que lleva años sin prepararse una clase o al «profesor tertuliano, que le dice a los niños que enciendan el ordenador y se pone a leer el periódico, que a mí me ha pasado tener que sustituirlos y cómo pones a trabajar a unos niños que te dicen que con el otro maestro no hacen nada».

Poó Gallardo es Licenciado en Filología Hispánica y profesor vocacional. «La mayoría lo son», defiende. Pero también reconoce que para muchos profesionales es una salida laboral cuando agotan otras vías o pensando en un horario y largas vacaciones. «Estoy con un preparador para las oposiciones y en mi grupo la mitad somos filólogos pero la otra mitad son de Derecho, de Periodismo, y en las oposiciones no se valora que tengas la licenciatura específica para dar Lengua».

Formación y selección

Es crítico con el sistema de selección de los docentes, desde la composición de los tribunales al tipo de pruebas teóricas basadas en un solo tema. Pero considera que el problema es incluso anterior. En las carreras, sea Filología o Matemáticas, no se estudian técnicas didácticas y pedagógicas para enseñarlas. Un fallo que a su juicio no corrige el máster actual (y mucho menos el anterior curso de adaptación pedagógica). Es difícil, escribe en el libro, encontrar a alguien que haya suspendido las prácticas sin que nadie te siga de verdad, te corrija y te enseñe a enseñar. Tampoco la formación continua ayuda. «En muchos cursos te dan el certificado sin haber hecho nada. A mí me ha pasado. He coordinado algunos, se apuntan muchos para tener los puntos y sin hacer nada al final te ponen en la tesitura de darles el certificado o enfrentarte a tus compañeros».

En cuanto a la selección, niega que la oposición sea el sistema más justo para que accedan los mejores. Aboga por la no caducidad de las notas del examen y «una lista dinámica de méritos baremables que promuevan que la gente se siga formando para tener más opciones y ascender» en vez de tener que volverse a estudiar lo mismo para opositar.

Pero sobre todo, rechaza la forma de legislar sobre educación sin participación de los profesionales y es «pesimista» sea cual sea el color del partido que gobierne. «Si sale el PP, quitarán la Lomce, volverá la Logse, cambiarán un poco los temarios y ya está. No se ataja la raíz de los problemas».


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