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Ecoperiodismo

Así afectan las colillas al medio ambiente

Es el residuo más común de los que se encuentran en las recogidas de basura en la naturaleza. Su composición no es biodegradable y supone una bomba de relojería ambiental cuando entran en contacto con el agua. El 13% de la basura incontrolada en el medio ambiente son colillas

Ricardo Gamaza RicardoGamaza /
07 nov 2021 / 04:00 h - Actualizado: 07 nov 2021 / 04:00 h.
"Salud pública","Medio ambiente","ONG","Ecoperiodismo","Tabaco","Playas"
  • Foto: EFE
    Foto: EFE

La mayoría de los filtros de las colillas están hechos de acetato de celulosa, un termoplástico (un tipo de plástico que se funde a altas temperaturas para poder moldearlo) que se ha comprobado que no es biodegradable. Las sustancias que convierten a las colillas en una bomba de relojería ambiental son cadmio, arsénico, nicotina, tolueno, metanol, ácido acético, amoniaco, ácido esteárico y alquitrán. Cuando estas sustancias entran en contacto con el agua, se liberan en el medio, teniendo efectos devastadores. El cadmio puede acabar convirtiendo en infertil un terreno o envenenando reptiles, peces moluscos y aves. Mientras, otros componentes de las colillas como el arsénico es absorbido por las plantas y pueden pasar a la cadena alimenticia.

Con esa tremenda carta de presentación contaminante, las colillas no son además el menor de los residuos que encontramos en la naturaleza, por el contrario, son el más abundante. Las campañas de retirada de residuos de las costas han desvelado que la primera fuente de basura mundial no son los envases de alimentos, las botellas, o las bolsas de plaìstico... son las colillas.

El datos se reveló el año 2017, cuando la ONG Ocean Conservancy tras sus campañas de retirada de basura de los océanos, ponía sobre la mesa el dato: el 13% de los residuos mundiales son colillas. La Ocean Conservancy a través de la International Coastal Cleanup (ICC), una iniciativa que promueve la recogida de basura en las playas, reclutó en 2015 a casi 800.000 voluntarios de un centenar de paiìses, incluyendo España, para limpiar 40.000 km de costa. Consiguieron recoger un total de casi 8.200 toneladas de basura en las playas, o lo que es lo mismo: 14 millones de objetos tirados, de los cuales 2,1 millones eran colillas. El origen son los más de 6 billones de cigarrillos que se consumen anualmente de los que 4,5 billones se depositan en espacios públicos. Las colillas tiradas al suelo pueden desplazarse varios kilómetros, se indica en el informe de esta ONG, llegando a la naturaleza y a los océanos, donde se convierten en un agente contaminante durante una década, aunque hay estudios que apuntan que su poder tóxico para un hábitat puede alcanzar los 25 años.

O

rganizaciones como No Más Colillas en el Suelo Barcelona trabajan pidiendo que “se haga un esfuerzo por concienciar a la población del peligro que suponen las colillas, que se recojan estos desechos, se incentive el uso de contenedores especiales para este residuo y que luego se trate adecuadamente en plantas igual que se hace, por ejemplo, con las pilas”.

En el Estado español y en la mayoría de países del mundo no existe una legislación contundente sobre las colillas. “Es un pequeño asesino en potencia y, sin embargo, ni se separa, ni se trata adecuadamente, a pesar de que contiene tóxicos en forma de venenos y metales pesados”, explican desde No Más Colillas en el Suelo Barcelona.

La concienciación se hace en torno a los “colillatones”, eventos en los que organizaciones sin ánimo de lucro tratan de mostrar al gran público la invasión de este residuo y sus efectos letales. Tras la recogida, lo primero que hacen es contarlas (caben unas 500 colillas en un litro) para tener un registro de la cantidad de colillas que hay en lugar determinado y en un tiempo más o menos concreto. “También hacemos fotografías y vídeos con todo el acopio de colillas metidas en bolsas reutilizables, en botellas y garrafas reutilizadas, etc., con el objetivo de publicarlos en las redes sociales para dar visibilidad al problema de las colillas, pues son pequeñas y poco visibles en las calles y espacios naturales”, explican. “ A veces también las juntamos todas y hacemos una ‘montaña de la vergüenza’ gritando y cantando nuestro lema “¡No más colillas!” para que no sólo se nos vea, sino que además se nos oiga: Es una de nuestras tácticas para llamar la atención y que la gente se nos acerque y se interese por esta problemática”. Al final de cada colillatón, las colillas retiradas van a parar al contenedor de desechos no reciclables (el gris), puesto que actualmente en las ciudades no existe ningún contenedor específico para este residuo.

Para los activistas en contra de este residuo, una de las soluciones esenciales para acabar con este problema ambiental es que las empresas productoras de cigarrillos hagan responsable del reciclado o eliminación de las colillas que producen tratarse de un peligro para el medio ambiente y para la salud pública. “Lo que no nos parece ni razonable ni justo es que no se haga más, tanto a nivel legal como administrativo y social, para imponer sanciones a industrias tan contaminantes como la del tabaco y para obligarlas a que se hagan cargo de todos los residuos que generan”.


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