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Ecoperiodismo

«Doñana necesita un rescate, una reconstrucción y un blindaje»

Es el ecologista que más y mejor conoce Doñana. Juan Romero, representante de Ecologistas en Acción en el Consejo de Participación de Doñana, ha vivido en este emblemático espacio natural sus principales hitos y ha combatido desde el activismo sus más terribles amenazas, pero también ha luchado por la ecología más allá de su geografía más cercana.

Ricardo Gamaza RicardoGamaza /
24 may 2020 / 04:10 h - Actualizado: 24 may 2020 / 10:13 h.
"Ecoperiodismo"
  • «Doñana necesita un rescate, una reconstrucción y un blindaje»

Es el ecologista que más y mejor conoce Doñana. Juan Romero, representante de Ecologistas en Acción en el Consejo de Participación de Doñana, ha vivido en este emblemático espacio natural sus principales hitos y ha combatido desde el activismo sus más terribles amenazas, pero también ha luchado por la ecología más allá de su geografía más cercana.

-Juan, tú eres uno de los ecologistas que más de cerca vive Doñana. De hecho formas parte del Consejo de Participación de Doñana desde hace décadas. Cuéntame la visión panorámica que tú tienes de la evolución de Doñana.

-Doñana fue un gran humedal. Históricamente llegó a tener una superficie inundable de más de 150.000 hectáreas, de las que hoy apenas quedan unas 30.000. Paradójicamente, el agua es lo que más escasea en Doñana. Doñana fue, y es aún, un santuario de la biodiversidad, sometido a muchísimas presiones: acorralada por carreteras, sembrada de agricultura intensiva, salpicada de urbanizaciones y atravesada por explotaciones gasísticas y mineras entre otras. La falta de agua es su principal amenaza y está provocada por la sobreexplotación de los acuíferos y el crecimiento desordenado y sin límites de la agricultura intensiva.


-Ahora que acaban de cumplirse los 50 años de la declaración del Parque Nacional, ¿en qué punto está el espacio natural?

-En el 50 aniversario del Parque Nacional, Doñana necesita un rescate, una reconstrucción y un blindaje. En primer lugar, para su rescate, hay que hacer cumplir la variada normativa existente que confluye en este espacio protegido: Directivas europeas, leyes, instrumentos de planificación, etc. Todas las extracciones ilegales de agua tienen que ser clausuradas. En segundo lugar, para su reconstrucción, es necesario restaurar todos los sistemas hídricos. Siguen siendo prioritarias la recuperación del Brazo de la Torre, el Caño Guadiamar, así como todo el estuario del río Guadalquivir, con sus llanuras de inundación, ambas orillas y todas las cuencas vertientes a Doñana, garantizando la calidad de sus aguas. En este ámbito reconstructivo, el frente litoral o área marina necesita una urgente ordenación y protección, integrándolo en el espacio natural del que forma parte. Por último, Ecologistas en Acción ha solicitado para este 50 aniversario en que aún nos encontramos, un blindaje para poner unos límites a la superficie de regadío y las consecuentes extracciones de agua del acuífero y para su protección ante las numerosas amenazas externas que se ciernen sobre Doñana como la minería, los proyectos gasísticos, urbanizaciones, carreteras, etc. Un blindaje que responda en el marco legislativo vigente a un reconocimiento de todos sus valores excepcionales como espacio natural.

-Hablemos de otros espacios donde el medio ambiente está en riesgo: Se está hablando de la ampliación del vertedero de Nerva.

-El vertedero de Nerva fue un proyecto muy rechazado desde el principio y fue justificado como infraestructura para la gestión de los residuos de Andalucía. Veintitrés años después de su inauguración está demostrado que se ha convertido en el retrete tóxico de media Europa. En Nerva entran residuos de todas las comunidades de España y de otros países, entre ellos Italia, Portugal y Reino Unido. La empresa gestora, con el beneplácito de la Junta, ha convertido a Nerva en un sumidero y negocio privado de residuos casi de cualquier tipo, a costa de someter a toda una comarca a malos olores, humos, polvaredas, filtraciones, vertidos al Río Tinto, incendios, accidentes y derrames en el transporte. Tras varios años de su colmatación, plantean una ampliación y nuevas operaciones de negocio mediante una justificación torticera de los principios de la economía circular. Se trata de construir, por una parte, una planta de tecnosuelos donde se utilizan lodos de depuradoras y cenizas de incineradoras entre otros residuos industriales como materia prima para crear materiales supuestamente remediadores de suelos degradados. Por otra, construir una planta de combustibles sólidos de sustitución, utilizando residuos tóxicos como lodos de petroquímicas, harinas cárnicas y neumáticos, para obtener combustible de sustitución, por ejemplo, para cementeras. En tercer lugar, construir una planta de tratamiento de residuos líquidos contaminados. Con todo ello, la propia empresa reconoce que con estas nuevas actividades consumirá más agua y energía, y que producirá bastante más contaminación atmosférica, así como que producirá un desvío de parte de las aguas en contacto con los residuos tóxicos hacia la futura EDAR de Riotinto y Nerva, y otra parte de esas aguas las verterá directamente al Río Tinto.

-El Gobierno andaluz ha aprobado en pleno estado de alarma el decreto ley 2/2020 con la participación de 20 de los 109 parlamentarios andaluces. Esa norma prevé modificar hasta 21 leyes y 6 decretos previos que incluyen algunos tan cruciales como las leyes de Ordenación del Territorio o la de Ordenación Urbanística.

«Doñana necesita un rescate, una reconstrucción y un blindaje»

-Un golpe para desregularizar y abrir las puertas a la especulación. Es un retroceso histórico inaceptable en materia de protección ambiental en Andalucía. Estas modificaciones se han ejecutado sin transparencia, sin participación, con una ausencia total de gobernanza y aprovechando la extrema situación de excepcionalidad que hemos vivido y seguimos aún soportando debido a la enfermedad del coronavirus. Las principales modificaciones afectan a todas las garantías ambientales y urbanísticas, suponiendo una contrareforma ambiental en toda regla, de la que, en cuanto podamos salir lo haremos, pero será muy difícil si no imposible, revertir los daños que se inflijan en el territorio andaluz.

-Usted es maestro de escuela. ¿Nota si las nuevas generaciones son más ecologistas?

-Yo me he encontrado de todo y no puedo generalizar. Veo que la juventud estaba alcanzando un importante grado de madurez en la percepción de la importancia de la conservación de los recursos y la contención del consumo irresponsable. Han existido grandes movilizaciones mundiales de jóvenes, reivindicativas y de protesta, ante la inacción de los gobiernos y las instituciones supranacionales frente al cambio climático. Las nuevas generaciones han estado inmersas en ese revulsivo que ha sido representado en la persona de la joven Greta Thunberg, convertida en un fenómeno que representa la esperanza. La crisis de la pandemia del coronavirus, sin embargo, ha eclipsado todo el movimiento temporalmente, por lo que ahora, más que nunca, es necesario que mayores y jóvenes den lo mejor del ser humano y retomen el camino que se inició con los valores de cooperación, apoyo mutuo, justicia social y justicia ambiental como apuesta por un futuro posible y para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


-El cambio climático es una amenaza en ciernes. ¿Cree que en Andalucía estamos preparados para afrontarlo?

-El andaluz es un pueblo con una conciencia importante sobre la necesidad urgente de mitigar los efectos del cambio climático para poder adaptarnos a ellos. Pero con leyes involucionistas, que no son consensuadas y responden a intereses que no toman en consideración el cambio climático como criterio de peso, vamos en sentido contrario. Se ha puesto de moda una frase de Einstein que en resumen dice que "Si actúas de la misma manera obtienes los mismos resultados", y con razón, porque es importante dar un giro a la gestión y el gobierno para alcanzar una alta calidad legislativa en materia ambiental, que apueste firmemente por la descarbonización de la economía. La emergencia climática no ha desaparecido con la crisis sanitaria, sino que se ha hecho más evidente y exige seguir las recomendaciones científicas del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, IPCC, de Naciones Unidas, que recomienda apostar 100% por las energías renovables, la movilidad sostenible y fundamentalmente, la protección integral de los ecosistemas y la biodiversidad. Desregularizar las leyes ambientales supone elegir el camino erróneo, yo diría que autodestructivo.

-Háblanos del pasado, de cuándo y porqué decidiste hacerte ecologista.

-Nací en una zona rural, un pequeño pueblo del Andévalo minero de la provincia de Huelva que vivía del aprovechamiento de los bosques, el corcho, la miel, la ganadería extensiva. Con la crisis del mundo rural y la implantación del Polo Químico, ubicaron una industria papelera en Huelva y para abastecerse de materia prima comenzaron a plantar masivamente eucaliptos por toda la provincia; aterrazaron montes; arrancaron alcornoques y encinas, y todo ello incitó mi primer momento de rebeldía. Las siguientes campañas estuvieron ligadas a la contaminación de la Ría de Huelva y sus vertidos, a la defensa de los espacios litorales y a la defensa de Doñana ante la amenaza de macroproyectos urbanísticos como Costa Doñana, las construcción de carreteras y vertidos mineros.

-Hace casi medio siglo, el movimiento ecologista (la histórica CEPA) nació con el objetivo de proteger el medio ambiente andaluz. Hagamos balance de lo conseguido en estas décadas.

-La Coordinadora Ecologista Pacifista de Andalucía, CEPA, fue la primera confluencia seria del movimiento ecologista y pacifista andaluz. Entre los primeros logros se encuentra el Pacto Andaluz por la Naturaleza que, con el lema "El monte, vida y trabajo", fue el embrión del primer Plan Forestal Andaluz. La defensa de los caminos públicos y vías pecuarias frente a usurpaciones y enajenaciones y las marchas a Rota contra la militarización, supusieron un importante revulsivo en los inicios. Posteriormente, la CEPA fue decisiva en la elaboración de los planes correctores de vertidos, desarrolló una intensa campaña de denuncias de los vertidos de balsas mineras. En particular, denunciamos las filtraciones y los vertidos de la balsa minera de Aznalcóllar. Fueron archivadas. Anunciamos que la balsa podía romperse. Se rompió, siendo una frustración haberlo anunciado y que, lamentablemente, ocurriera. Un gran éxito fue la paralización del proyecto Costa Doñana, como gran derrota la construcción del vertedero de Nerva.

-¿Y los retos que aún tenemos por delante?

-Lo primero es el cambio de modelo, rescatando lo público como prioridad y la gobernanza como mecanismo de participación, haciendo una economía para las personas y no para los mercados. Otro eje es, ante la emergencia climática, acometer actuaciones ambiciosas encaminadas a la eliminación de los combustibles fósiles derivados del carbono como motor energético de la economía. Por último, la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad como garantes de la salud de las personas y del Planeta.

-¿Son estos malos tiempos para el ecologismo?

-Veo con preocupación que la institución responsable del medio ambiente andaluza ha quedado diluida entre otras, y con ella su importancia y funcionalidad. Veo con preocupación que pretendan llevar a la escuela la caza, en lugar de potenciar en el currículo la educación ambiental o la emergencia climática. Veo con mucha preocupación que se legisle y gobierne desde los despachos, en nombre del desarrollo rural sostenible para el pueblo pero sin el pueblo.


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