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Medio ambiente

El timo de los embalses que no sirven

Un estudio sobre los dos grandes embalses de Andalucía, Melonares (Sevilla) y Alcolea (Huelva), revela que se construyeron a sabiendas de que no sirven para lo que se planificaron

Ricardo Gamaza RicardoGamaza /
28 ene 2021 / 13:51 h - Actualizado: 28 ene 2021 / 13:59 h.
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  •  Embalse de Melonares. / EFE
    Embalse de Melonares. / EFE

Un estudio económico realizado entre la Fundación Nueva Cultura del Agua y WWF-España sobre dos grandes embalses andaluces, Melonares (Sevilla) y Alcolea (Huelva) revela que se construyeron a sabiendas de que no sirven para lo que se planificaron.

El gran embalse para dar agua a Sevilla, Melonares, que se planteó como la gran solución tras la sequía sufrida entre los años 1992 y 1997, actualmente tiene un uso residual pese a que costó 94 millones de euros. En la provincia de Huelva, el pantano de Alcolea, aún sin finalizar, sigue los lamentables pasos de Melonares y hasta supondrá un error mayor aún: se va a embalsar agua cuya calidad no va a poder usarse para nada. En el caso de Alcolea, el coste global de esa gran obra hidráulica es de 544 millones de euros. Esas son las conclusiones del estudio realizado por la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) y la organización ecologistas WWF-España, que se ha presentado hoy.

En el caso del embalse de Melonares, la presa se puso en funcionamiento en 2016 para dotar a la población de Sevilla y su área metropolitana de tan sólo 10 hectómetros cúbicos, muy lejos de los 191 hectómetros cúbicos que se pensó que necesitaba Sevilla para abastecer su demanda cuando se planificó más de una década antes. Algo que sucedió porque sus promotores partieron de datos equivocados, aunque en ningún momento se plantearon dar marcha atrás a una megaconstrucción que ha tenido costes mucho más allá de la mera inversión, como aclara Rafael Sáiz, de WWF: “Se han tomado decisiones a dedo sin escuchar a la ciencia”.

En este sentido, uno de los mayores expertos en gestión de aguas y miembro de la FNCA, Joan Corominas, puso voz a esa ciencia no escuchada en su momento aportando los datos actuales: Cuando se planificó Melonares la demanda de agua de Sevilla y su área metropolitana era de 173 metros cúbicos anuales y 292 litros por habitante y día, plantearon el embalse porque contemplaban que se disparase la demanda hasta los 191 hectómetros cúbicos al año y 272 litros por habitante y día. Pero, como señaló Corominas, las previsiones fallaron de pleno y actualmente no sólo no ha crecido la demanda de agua, sino que ha disminuido radicalmente casi hasta la mitad: 160 litros por habitante y día, que es menos aún si se contempla el consumo domestico: 128 litros. Además, explicó el experto, si cuando se proyecta Melonares las pérdidas de agua en la red eran del 38%, ahora son del 17%. “Cuando se terminó la obra en 2007 ya se sabía que no había esa necesidad de agua”, recalcó Corominas que resaltó que “no se contemplaron otras soluciones que además no tenían coste ambiental, como el ahorro de agua y la eficiencia del sistema”. La conclusión final: Melonares no hacía falta. Mientras, hay que asumir un coste actual de 10,8 millones de euros anuales por esta obra sin sentido, de los que sólo se repercuten 1,6 millones de euros anuales, lo que representa que sólo se recupera un 15% de la millonaria inversión.

La “mala decisión” de Melonares no fue casualidad. Según se desprende del estudio multidisciplinar de FNCA y WWF, se trató de una decisión habitual en las obras hidráulicas que se llevan a cabo históricamente en España sin contemplar los costes globales, a los que habría que sumar los impactos ambientales como la pérdida de hábitats y de biodiversidad. “Si hiciésemos una analogía con una hipoteca - explicaba Saíz-, hay que analizar los beneficios que obtendremos después de hacer esa gran inversión”. En el caso de los dos embalses analizados, parece más un timo que una inversión.

El caso del otro embalse analizado, el de Alcolea, en la provincia de Huelva, es aún peor. Tramitada la obra amparada en la urgencia de un decreto ley de 1994, se llevó a cabo un procedimiento exprés plagado de irregularidades, como la de hacer la exposición pública en agosto, coincidiendo con el periodo vacacional, que “impidió hacer un análisis concienzudo de la viabilidad y necesidad de la obra”, explicó el jurista Abel La Calle, presidente de la FNCA. El resultado fue que 10 años después, en 2011, cuando se realizó la contratación la evaluación de impacto ambiental de este megaproyecto estaba tan desactualizado que ni siquiera contemplaba normas europeas esenciales como la Directiva Marco de Aguas. Lejos de plantear una nueva evaluación ambiental que tuviese en cuenta ese y otros aspectos como los estudios realizados por la Universidad de Huelva que acreditaban que el agua que se iba a embalsar estaba tan contaminada que no podría utilizarse, “los poderes fácticos decidieron que no hacía falta ese nueva declaración de impacto ambiental, que de haberse realizado, seguro que habría determinado la imposibilidad de hacer ese embalse”, aseveró La Calle.

El embalse de Alcolea tiene un coste global de más de 544 millones de euros, a los que habría que sumar entre 600 y 800 millones de euros más para restaurar las escombreras mineras que originan la contaminación del agua en la cabecera de la cuenca. De llevarse a cabo, porque aún no se ha desestimado esta obra inútil, el agua que se embalsara tendría que ser tratada para su descontaminación y posterior uso, lo que dispararía aún más los costes.

En el caso del embalse de Alcolea en 2017 se rescindió el contrato con la constructora que había realizado ya gran parte de la obra. “Ahora tenemos la oportunidad de realizar la declaración de impacto ambiental y un nuevo análisis económico para determinar si merece la pena seguir despilfarrando dinero en este megaproyecto”, explica el presidente de la FNCA, porque, como señala Francesc La Roca, también de la FNCA, “hay que ser conscientes de que el dinero que se gasta en estos proyectos deja de gastarse en otros”.


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