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España es uno de los países con más riesgo de incendios este verano

Un informe independiente alerta de que España es uno de los países con mayor riesgo de incendios este verano.

Ricardo Gamaza RicardoGamaza /
28 jun 2020 / 04:27 h - Actualizado: 26 jun 2020 / 13:29 h.
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  • España es uno de los países con más riesgo de incendios este verano

La llegada del verano trae consigo la puesta en marcha de planes de acción de las diferentes Comunidades Autónomas ante uno de los principales riesgos que conllevan las altas temperaturas de nuestro país: los incendios. A pesar de que el verano que ahora comienza será excepcional en lo que se refiere a las tendencias turísticas, el Centro Europeo de Predicción a Plazo Medio (CEPPM/ECMWF) alerta de que este verano hay más riesgo de incendios, ya que va a a ser más cálido de lo habitual en gran parte del país, siguiendo la tendencia de los últimos años, con anomalías de temperaturas superiores a la media.

El problema de los incendios es “un asunto acuciante en España y con un futuro poco alentador”, según el informe de Oliver Wyman “The Burning Issue”. Según este informe independiente, las condiciones de nuestro país lo sitúan entre aquellos con mayor riesgo de incendios de toda Europa.

Aunque ya no hay máquinas trabajando en el campo, se ha estado preparando al monte hasta hace apenas un mes. La prevención contra el fuego se inicia cada vez con más antelación. Hasta finales de mayo, que es cuando se pueden hacer trabajos selvícolas con maquinaria, se ha estado trabajando en el campo para eliminar materia seca de los montes que puedan ser pasto de las llamas. Sin embargo, la prevención de incendios sigue siendo una asignatura pendiente en Andalucía en particular y en España en general. Alcanzar el término medio que evite adehesar todo el monte y no llevar el modelo de jardines urbanos al monte, sigue siendo una cuestión que está aún sin definir.

En Andalucía los propietarios de montes privados están obligados por ley a hacer los trabajos de prevención y a elaborar un plan de emergencia contra incendios. En la mayoría de las ocasiones los propietarios se agrupan para poder cumplir la ley, porque la maquinaria y los medios a utilizar resultan muy costosos.

Dicen los expertos que cada 3 o 4 años, según la zona de monte de la que se trate, hay que limpiar los cortafuegos. Lo más importante de estos anchísimos carriles es que sean accesibles para los servicios de extinción que los utilizan para acercarse al lugar hacia el que se dirige el fuego, donde se hace una quema controlada ampliando así el ancho del cortafuego.

El trabajo que en la actualidad hacen las máquinas, antaño lo hacía el ganado. Con el declive de la producción ganadera y la acotación de terrenos prohibidos para el pastoreo el riesgo de incendios es mayor porque quedan más matorral seco. Pero lo importante es que haya planes de ordenación de montes que permitan actividades sostenible que hagan rentables los montes para ganaderos y para el ganado, evitando el sobrepastoreo.

Los costes del fuego son, además de un grave problema ambiental, un grave lastre económico. Sólo en 2017, se quemaron alrededor de 800.000 hectáreas entre España, Portugal e Italia. Si añadimos a Grecia y a Francia a este grupo, el gasto en control de fuegos asciende a 2.500 millones de euros al año en el sur de Europa. En todo el continente europeo se estima que los incendios forestales han causado pérdidas de alrededor de 54.000 millones de euros entre 2000 y 2017. Según el informe de la consultora independiente Oliver Wyman, estos gastos, que son asumidos en gran parte por el sector público, están aumentando. Se trata de cifras que pueden llegar a ser insostenibles si continúan las tendencias actuales, ya que muchos gobiernos están cayendo en la trampa de destinar la mayor parte de sus fondos a paliar los daños, en vez de llevar a cabo planes de prevención efectivos, que ayuden a reducir los riesgos en un futuro.

En términos de sostenibilidad medioambiental, los incendios forestales son también una fuente significativa de emisiones de gases de efecto invernadero, lo que contribuye de sobremanera al cambio climático, que, a su vez, aumenta la probabilidad de que se den condiciones calurosas y secas en las que prospere el fuego, provocando que las temporadas de incendios se prolonguen en todo el mundo.

Las causas por las cuales se producen este tipo de catástrofes son muy variadas. Además del cambio climático y el aumento de las temperaturas, también hay que tener en cuenta otro tipo de agravantes como el aumento demográfico y la expansión urbana.

El crecimiento de las ciudades está provocando que las construcciones se expandan hacia zonas silvestres, exponiendo a la gente a espacios mucho más propensos al fuego, donde su actividad puede generar un mayor riesgo. Este es el caso de algunos países europeos, en los que la mayoría de incendios son provocados por la acción humana, a raíz de causas que incluyen vehículos abandonados, quema de escombros, cigarrillos mal apagados y fogatas desatendidas.

Por otro lado, se espera que gran parte de esta expansión ocurra en los países en vías de desarrollo como China, India y África, donde existen notables áreas propensas a los incendios. Incluso en las regiones desarrolladas donde la exposición ya es alta, se espera que las construcciones aumenten significativamente. En cuanto a España, la ralentización del crecimiento demográfico que estamos viviendo, si bien genera problemas en otros aspectos, puede ser clave para la reducción del creciente riesgo de incendios. Pero al igual que en Portugal o en Francia, por el momento se prevé un notable aumento de determinadas zonas urbanas.

Además de las grandes pérdidas económicas y medioambientales, esta problemática supone una fuente de problemas de salud cada vez mayor, causando impactos muy graves, sobre todo cuando se produce cerca de territorios muy poblados. Por ejemplo, en julio y agosto de 2010, el humo de los incendios forestales, en combinación con una fuerte ola de calor, contribuyó a un total de 56.000 muertes en Moscú.

En línea con dicha catástrofe, algunos de los problemas más severos en los últimos años han ocurrido en el sudeste asiático, donde los incendios forestales en Indonesia crearon una neblina tóxica, que se estima, terminó con la vida de más de 100.000 personas en Indonesia, Malasia y Singapur en 2015.


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