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La muerte espera en los molinos al Alimoche

El alimoche es la que más regresión ha sufrido en los últimos años debido en gran parte a la proliferación de parques eólicos en Andalucía

Ricardo Gamaza RicardoGamaza /
18 ago 2019 / 08:00 h - Actualizado: 16 ago 2019 / 10:11 h.
"Medio ambiente","Ecoperiodismo"
  • La muerte espera en los molinos al Alimoche

El alimoche es una especie que se encuentra presente en la región Paleártica y la Macaronésica, Etiópica y Oriental. Es un ave migradora subsahariana, aunque algunas poblaciones insulares como las de Canarias, Baleares y Cabo Verde son sedentarias. Es la más pequeña de las aves necrófagas de Europa y tiene una alimentación oportunista ya que se alimenta tanto de restos de animales muertos como de excrementos, insectos, basuras domésticas y hasta pequeños animales.

En Andalucía se encuentra catalogada como especie “en peligro de extinción”, coincidiendo con la catalogación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, y es uno de los lugares donde ha sufrido una mayor recesión. A principios del siglo XX era muy abundante según los textos de la época, sobre todo en las sierras calizas.

En el año 2003 investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD), tras la realización de un estudio, concluyeron que esta especie podría estar inmersa en un proceso de extinción, común en poblaciones de pequeño tamaño y aisladas. “Esto venía determinado por una alta mortalidad adulta provocada por el uso del veneno y en los últimos años se ha unido en la subpoblación del campo de Gibraltar la colisión con los aerogeneradores”, aclara Rafael Arenas, el mayor experto andaluz sobre necrófagas después de haber liderado con éxito desde la Junta de Andalucía durante más de dos décadas los planes de recuperación de diversas especies.

Siguiendo el rastro de las reproductoras

La muerte espera en los molinos al Alimoche

El pilar básico del programa de conservación ha sido el seguimiento intensivo de la población reproductora. Para ello, cada año desde principios de febrero hasta finales de septiembre los técnicos de la Junta de Andalucía visitan los territorios ocupados y desocupados, tanto los históricos como los potenciales. Se identifican individualmente los ejemplares territoriales tanto por las características del plumaje como por las anillas que puedan portar. De esta forma, se pueden detectar las amenazas que puedan afectar a cada uno de los territorios y así adoptar las actuaciones que sean necesarias para su neutralización.

En el año 1987 se estimó que existían en Andalucía unas 94 parejas reproductoras, que prácticamente se confirmó con 93 parejas en el año 2000, aunque se es consciente que el potencial en Andalucía es mayor, ya que es aceptado por todos los investigadores que en aquellos años ya estaba en proceso de recesión. A partir de esa fecha se acelera la pérdida de territorios y tras análisis estadísticos podemos decir que la población andaluza está sujeta a un declive moderado a razón de un 4,46% anual.

Cuando se comenzó su seguimiento intensivo en el año 2004 ya se censaron solo 36 territorios hasta llegar a los 28 del año 2010, previos a la aprobación del Plan de Recuperación y Conservación de Aves Necrófagas. En estos años, tras analizar los datos se estimaban las perdidas previstas de territorios para el año siguiente y la media de este período (2004-2011) era de la desocupación de 5 territorios por año, de media, cifras que años tras año se iban corroborando. El mismo año de la aprobación del citado plan, se confirmaron las previsiones del año anterior y el censo bajó a 24 territorios ocupados.

En año 2019 se han censado un total de 25 territorios, lo que significa un aumento de 2 territorios en los últimos dos años (uno cada año), ya que en 2017 bajó a 23 territorios. El alimoche se distribuye entre las provincias de Cádiz (15), Málaga (2), Jaén (5), Córdoba (2) y Sevilla (1). “La conservación de esta especie pasa por lo que se haga en las provincias de Cádiz, Málaga y Jaén, lo que tampoco implica que se tenga que olvidar a las otras provincias que mantienen los últimos reductos de Sierra Morena en Andalucía”, apunta Rafael Arenas, hasta hace poco máximo responsable de estos planes de recuperación.

La lucha contra el veneno, punto de inflexión

La muerte espera en los molinos al Alimoche

En Andalucía la productividad es baja, provocada por una elevada tasa de mortalidad no natural en las últimas dos décadas, con desaparición de parejas productivas y alta tasa de remplazo por ejemplares más jóvenes sin experiencia. “En los últimos dos años parece haber un repunte en el éxito reproductor lo que puede indicar que estamos ante un punto de inflexión consecuencia del buen trabajo desarrollado contra el veneno”, explica Arenas.

También se ha trabajado para disminuir las incidencias de las molestias dentro de los territorios en la época de cría impidiendo acciones dentro de un radio de algo más de 800 metros entorno al nido, cifra que se ha demostrado como segura. Las molestias están comprendidas por trabajos forestales y creación de infraestructuras, turismo no regulado y la practica de la escalada. Para mitigarlas se ha aumentado la coordinación con los gestores relacionados con los territorios, se han desmontado vías de escalada y regulado esta última.

Hay que tener en cuenta que el alimoche es una especie que basa su estrategia ecológica en una larga vida, baja productividad, y que alcanza la madurez sexual de forma tardía, entre 6-9 años; por lo que cualquier plan debe tener en cuenta que los que se haga hoy se recogerán sus frutos dentro de 6-9 años. Esto quiere decir que lo que ocurra en los próximos años es fruto del trabajo que se ha realizado anteriormente, siempre y cuando no se baje la guardia y se eche a perder el trabajo realizado, por ello hay que tener claro que esto es una carrera de fondo, llena de obstáculos”, apostilla el ex jefe de servicio de la Junta de Andalucía y responsable hasta su reciente cese de este y de otros planes exitosos de recuperación de especies amenazadas en Andalucía.

A partir de 2011 la población ha oscilado entre los 23, 24 y 25 territorios ocupados, habiéndose estabilizado la pérdida prevista de territorios para el año siguiente, que ha bajado a una media de 1,85. Se ha estabilizado y se mantienen los territorios porque todos los años se reocupan otros vacíos. En el año 2014 se organizó un seminario en la provincia de Cádiz, en Vejer de la Frontera, para llamar la atención sobe la incidencia del veneno en la población gaditano-malagueña.A partir de esa fecha en la parte norte de esa población que estaba afectada por el uso ilegal de venenos, la intensificación de las acciones contra el veneno por los agentes de medio ambiente, Guardia Civil del Seprona y los técnicos provinciales están consiguiendo neutralizar estos efectos y comienzan a aparecer nuevas parejas”, afirma Rafael Arenas.

Sin embargo, los efectos contra esta especie causados por los parques eólicos se han disparado en los últimos años. Han venido a enturbiar las buenas expectatívas de la lucha contra el veneno, lo que ha obligó a promover unas instrucciones para reevaluar los impactos ambientales de aquellos parques que provocaran alta mortalidad. “En este momento se han iniciado estos trabajos y hay que seguir presionando a las empresas para que su incidencia en la biodiversidad sea la menor posible y adopten las medidas necesarias: desmontaje de algunos molinos que provoquen alta mortalidad; incremento de la vigilancia desde el amanecer hasta el anochecer, aumentar estos equipos para que puedan abarcar mediante observación directa los molinos objeto de vigilancia y hacer posible una intervención rápida para que paren antes de que se produzcan las colisiones, entre otras acciones”, asegura Arenas.

Entre 1999 y 2018 se han podido encontrar 45 alimoches muertos que sólo es una pequeña fracción de la mortalidad real. El intenso control de los territorios y la individualización de los ejemplares ha permitido conocer la pérdida de ejemplares o parejas aunque no se encontraran los cadáveres. De ellos, 17 han muerto consecuencia del veneno, 16 por colisión con aerogeneradores, 8 electrocutados en tendidos eléctricos, 2 desconocidos, 1 por disparo y otro por debilidad-desnutrición. La mayoría de los envenenados o muertos por colisión con aerogeneradores son ejemplares adultos por lo que la incidencia sobre la población es mucho mayor.

Investigaciones realizados por investigadores de la EBD han determinado que para mantener en 17 el número de parejas en Cádiz de 2013, haría falta liberar anualmente 9 hembras y 9 machos para recuperar el tamaño de la población reproductora en 20 años. “Esto implica que hay que pensar en la cría en cautividad para asegurar ese objetivo y ponerla en marcha en el menor tiempo posible como está prevista en el Plan de Recuperación y Conservación de Aves Necrófagas”, adelanta el ex responsable de necrófagas de la Junta de Andalucía. “Este estudio citado anteriormente también señala que solamente eliminando las dos principales causas de mortalidad en las áreas de cría, los envenenamientos y las colisiones con los aerogeneradores, la población podría crecer y persistir a largo plazo. Por ello la gestión sobre la especie debe focalizar los esfuerzos en reducir ambas causas”, sentencia.

Desde la puesta en marcha del programa en 2004 se han anillado un total de 193 pollos a los que hay que sumar los 37 anillados por el equipo de la EBD, lo que hace un total de 230 pollos. Estos anillamientos permitirán conocer datos sobre la demografía de la población de alimoches andaluces. Se ha evaluado sanitariamente el estado de los pollos y se concluyó que Andalucía tenía una población sana y por tanto el problema de la extinción no era de la salud de los alimoches.

Se conoce que los dormideros de ejemplares no reproductores pueden ayudar a la recolonización de territorios abandonados. Algunos estudios señalan que las aves nacidas se asientan en dormideros situados a 165 kilómetros. En Andalucía se han detectado movimientos de 530 km y el único existente se encuentra en el valle de Alcudia, fuera de nuestra comunidad. Por ello una de las actuaciones de conservación abordadas ha sido intentar crear dormideros para fijar aves y hacer posible las recolonizaciones. En este sentido se mantienen abiertos varios muladares en las provincias de Cádiz y Málaga que funcionan como fuentes de alimento predecibles a las que se asocian los dormideros, y ya se ha conseguido que exista uno en el Picacho en Alcalá de los Gazules que es utilizado con regularidad entre marzo y septiembre.


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