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Las estrategias del guararey preelectoral

Díaz hace guiños a Podemos e IU, Cs marca distancias con el PSOE, sin llegar a la sangre, y el PP-A ataca con la corrupción

10 may 2018 / 19:17 h - Actualizado: 10 may 2018 / 21:18 h.
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  • Juan Marín pasa ante Susana Díaz antes de intervenir en el debate del pasado miércoles. / Europa Press
    Juan Marín pasa ante Susana Díaz antes de intervenir en el debate del pasado miércoles. / Europa Press

Aunque algunos partidos, caso del PP-A, no terminan de creerse que la X Legislatura de la comunidad autónoma andaluza acabará cuando le toca, Susana Díaz usó el debate «de situación» del miércoles para encajarle el prefijo «pre» a la atmósfera electoral que se olfatea desde hace meses. Más allá de cuando se celebren los comicios, es evidente que el perfume a papeleta empieza a condicionar estrategias y comportamientos tanto de las formaciones políticas como de sus líderes.

Los partidos empiezan a situarse en su casilla de salida, abrazan a aquellos sectores que le son fieles y galantean con los que le son menos reacios, pues consideran que pueden sisar unos cuantos votos. En el mismo espacio en el que convivían tres partidos ahora lo hacen cinco, y eso ha difuminado las fronteras entre ellos y ha amplificado la propiedad de intersección que permite el trasvase de apoyos de uno a otro.

Susana Díaz, por ejemplo, formuló algún que otro guiño a Podemos e IU como la posibilidad de que los socialistas den su apoyo a la proposición de ley que han registrado la formación morada y la coalición para sellar un suelo de inversión del 5 por ciento del PIB en Educación. La oferta fue recibida con escepticismo por ambos partidos, dado que hasta ahora el PSOE-A ni siquiera había consentido a que se debatiera en el Parlamento. Guiño a la izquierda de la presidenta de la Junta en el último tramo de la legislatura, insinuación que trata de situarla a ella y a su partido menos diestros que zurdos, tal y como Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo le han reiterado una y otra vez en estos tres últimos años tras su pacto de Gobierno con Ciudadanos. La dirigente socialista trata de dar un balonazo a la imagen que la cataloga como una de las representantes de la izquierda más a la derecha. Tal retrato fue una de las causas de su derrota en las primarias socialistas, y podría ser un argumento electoral también para la confluencia entre Podemos e IU.

A Díaz todos los sondeos de inicios de año la situaban como presumible ganadora de las elecciones, pero la socialista no sólo está ante el reto de ganar, también con el de acabar con la tendencia a la baja de su partido en las últimas citas electorales en Andalucía, tal y como le punzó Moreno Bonilla en el debate. En esa línea hay que entender las iniciativas anunciadas el miércoles. Antes que los pactos, están los escaños propios y en eso está ahora el PSOE: Díaz vende gestión.

El acercamiento entre los tres partidos de izquierda no parece sencillo, hay mucha metralla que extraer de su choque durante lo que se ha consumido de legislatura, «ahora al final, antes de que suene la campana y porque intuye que le ha abierto demasiado el campo a la derecha en Andalucía, el PSOE-A quiere llegar a acuerdos con nosotros», aseguró ayer Teresa Rodríguez. A la relación que tienen socialistas, Podemos e IU en Andalucía le llaman en Cuba guararey, algo así como mal humor, irritación o enfado.

Mientras, Ciudadanos, en ese juego de las intersecciones, trata de marcar distancias frente al PP-A y al PSOE-A. Con los populares la jugada resulta fácil de ejecutar, el guión de la oposición útil y apuntarse goles que los populares han tratado marcar desde hace años le ha salido a la perfección, hasta el punto de obligar a Juan Manuel Moreno Bonilla a ofrecer, como ya hiciera el año pasado, un pacto para aprobar los presupuestos del próximo año. El PP andaluz ha asimilado que siempre va a ser mejor estar en la foto que quedarse fuera cuando hay otro partido del mismo perfil que juega a lo contrario. Eso y encajar a Cs lo más a la izquierda posible son las armas de los populares para evitar que el crecimiento del partido de Albert Rivera en Andalucía sea a costa de perder votantes.

En cuanto al PSOE, los populares se automedican con lo que de siempre le ha resultado más efectivo: la corrupción. El presunto caso de las tarjetas black de la Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo (Faffe), que se habrían usado para pagar en prostíbulos con dinero público, es la nueva arma arrojadiza contra la Junta en este asunto. El PP-A presiona con un asunto que se habría producido hace ya años, antes de que Susana Díaz llegara al Gobierno, pero en el que la acusan de «poca transparencia y obstaculizar el trabajo de la Justicia».

El guararey de Ciudadanos con el PSOE ya es una cuestión más delicada. Es evidente que la crítica no puede ser feroz puesto que la formación naranja ha sido socio necesario para aprobar presupuestos o leyes. Lanzarse a degüello contra los socialistas sería darse un tiro en el pie. Ante este dilema, Juan Marín, su portavoz, ha encontrado la fórmula para salir indemne sin dejar de chinchar al Gobierno de Susana Díaz. La fórmula magistral es distinguir la teoría (medidas, propuestas, leyes) de lo que es la práctica (la gestión). De ahí que Cs insiste en que sus iniciativas son buenas, pero lo que falla es la ejecución de la Junta. Uno de los asuntos en los que aprieta Marín es en la creación de un instituto de evaluación de políticas públicas, a lo que, de momento, Díaz no ha accedido. Para el partido naranja tal ente sería la patena en la que lavarse las manos ante los problemas que han surgido en áreas como la Sanidad o la Educación y que le han acabado por salpicar.

Ahora que Ciudadanos ya ha conseguido marcar distancias con PP-A y ser algo más belicoso con los socialistas, la formación de Juan Marín tiene pendiente la tarea de construir un discurso propio, que sea más rico que separarse de los dos grandes partidos. De momento, se ha apartado del pacto sobre financiación autonómica al que han llegado en el Parlamento PSOE, PP, Podemos e IU.

El desmarque de la formación naranja en un asunto tan trascendental podría tener consecuencias en un futuro y serviría de casus belli entre Susana Díaz y Marín. Los socialistas siempre han sacado todo el jugo a situaciones parecidas en las que un partido se ha divorciado de una posición que, según su visión, va en beneficio de Andalucía.


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