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Lo que esconde el «si yo fuera Susana...»

La crisis en el PP, el empoderamiento de Pedro Sánchez y las palabras de Felipe González sugieren a la presidenta que aplace su desembarco en la secretaría general del PSOE

14 feb 2016 / 22:47 h - Actualizado: 15 feb 2016 / 09:47 h.
  • Susana Díaz y Pedro Sánchez conversan rodeados de otros dirigentes del PSOE. / Efe
    Susana Díaz y Pedro Sánchez conversan rodeados de otros dirigentes del PSOE. / Efe
  • Susana Díaz y Felipe González saludan tras un mitin en Granada en 2014. / Miguel Ángel Molina (Efe)
    Susana Díaz y Felipe González saludan tras un mitin en Granada en 2014. / Miguel Ángel Molina (Efe)

La cadena de escenarios que se han sucedido desde que se conocieran los resultados de las elecciones del pasado 20 de diciembre ha desbaratado algunos de los pronósticos y predicciones de los oráculos políticos más certeros. Lo que se daba casi por hecho en las horas previas y posteriores a la cita con las urnas cuenta ya con muy poca vigencia. Sin duda, la reanimación del secretario general socialista, Pedro Sánchez, resulta lo más llamativo de los casi dos meses que han transcurrido desde que se cerraran los colegios electorales.

Gramaticalmente se distinguen cuatro tipos de oraciones condicionales. La primera es aquella que plantea hechos o verdades universales del tipo: «Si llueve, el suelo se moja». Es decir, la probabilidad de que la condición derive en el resultado propuesto es del cien por cien. «Si Pedro Sánchez saca un mal resultado en las elecciones, Susana Díaz aspirará a la secretaría general del partido», podría ser otro ejemplo de este tipo de frases. Así fue y así parecían estar encaminados los acontecimientos: el futuro político del dirigente socialista quedó muy tocado después de cosechar el peor resultado electoral del PSOE en democracia.

En los días siguientes a los comicios, los barones socialistas veían el paso atrás de Sánchez y la zancada hacia delante de la andaluza como la única opción para rehabilitar el partido. Sin embargo, ahora, pese que a la condición se mantiene intacta, la consecuencia se aleja (al menos a corto plazo) de ser esa verdad universal que planteaba esa primera subordinada condicional.

Las aspiraciones de Susana Díaz seguramente sean las mismas, pero la fortaleza de su candidato a La Moncloa es otra. Su paso adelante en la tarea de intentar formar gobierno y la metástasis de la corrupción en el PP han confluido para que la imagen del secretario general socialista emerja de las catacumbas. En los últimos días, alguna televisión, en las antípodas del filosocialismo, ha sondeado a su audiencia sobre qué candidato (Rajoy o Sánchez) estaría más legitimado para formar gobierno, y el resultado, con un target de espectador mucho más próximo a opciones conservadoras, planteaba un empate técnico. Fue Felipe González el que dibujó hace unos días el nuevo paisaje del PSOE también con otra oración en condicional: “Si yo estuviera en la piel de Susana, yo no iría en mayo a la candidatura a una secretaría general ni para unas elecciones». La verdad universal convertida ya en hipótesis y, además, refutada.

La cámara hiperbárica que ha dado oxígeno a Pedro Sánchez ha sido donada casi por entero por el PP con los beneficios de la inacción de Rajoy y los escándalos en comunidades como Valencia o Madrid. Ha sido un proceso muy parecido al que provocó el paulatino ascenso de José María Aznar, cuando supo sacar partido de la corrupción que ulceraba al PSOE de comienzos de la década de los 90.

En esta coyuntura, con un candidato al alza para la opinión pública y para el propio partido, cualquier maniobra para debilitar al aspirante a la Moncloa es ahora un movimiento a contracorriente. Así lo manifestó con claridad Felipe González en la entrevista de la pasada semana en Canal Sur.

Ni siquiera esa otra frase en condicional que se planteaba hasta hace un par de semanas: «Si Pedro Sánchez quiere mantener su poder en el PSOE, su única opción es ser presidente», cuenta con la misma probabilidad de acierto que entonces, y así también lo subrayó el expresidente González. La sucesión de malas noticias para el PP pone a los populares en la fila de partidos a los que una nueva cita electoral tampoco llegaría en buen momento y para el PSOE parecería más conveniente empoderar aún más a Sánchez, antes de esa hipotética vuelta a las urnas, que enfangarse en una lucha interna por el poder que daría aire a los populares.

Con las arenas tan movedizas en Génova, cualquier paso de Díaz para arrebatar a corto plazo la secretaría general a Sánchez podría ser visto dentro de algunos notables del PSOE como una estrategia más encaminada a sacar provecho personal que mirar por el bien del país y del propio partido, lo que podría ir en perjuicio de su reputación en caso de que las oraciones condicionales volviesen a jugar a su favor.


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