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Historia

Palos de la Frontera, donde comenzó todo

En la localidad onubense se encuentran las réplicas exactas de las tres naves con las que Colón llegó a Nuevo Mundo en 1492, que en estos días celebra jornadas de puertas abiertas

12 oct 2021 / 11:53 h - Actualizado: 12 oct 2021 / 12:00 h.
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  • Muelle de las Carabelas.
    Muelle de las Carabelas.

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A día de hoy, no se conserva vestigio real alguno de los tres barcos con los que Colón su expedición llegaron a América el 12 de octubre de 1492, pero la labor ingente de los historiadores ha conseguido reproducir al milímetros como eran esas naves rudimentarias (comparándolas con las actuales), que parece imposible que pudieran pelear contra el Atlántico en el siglo XVI para tomar puerto sin novedad tres meses después de salir.

Las réplicas exactas se encuentran en Palos de la Frontera, gracias al trabajo realizado desde los años 80 por la Diputación de Huelva, y se han convertido en el lugar turístico más visitado de la provincia. En estos días celebra jornadas de puertas abiertas, y ver en vivo los barcos da una idea de cómo fue aquel viaje, que, de puro milagro, terminó en tierra firme.

Historia del muelle

Como recoge la web oficial de la Diputación onubense, antes de cumplirse el 500 Aniversario del Descubrimiento de América, el Estado español llevó a cabo un proyecto científico, cultural, educativo, económico y social con dos objetivos fundamentales: repetir el primer viaje colombino, reproduciendo fielmente la ruta seguida por los marinos españoles en los meses de agosto, septiembre y octubre del año 1492, y potenciar la investigación sobre las tres naves descubridoras, la nao Santa María y las carabelas Pinta y Niña.

Se trataba de avanzar en los conocimientos de la construcción naval, la navegación y la vida cotidiana de los hombres de la mar en los siglos XV y XVI, y en 1983 se iniciaron los trabajos de investigación que permitieron avanzar en el conocimiento de cómo eran estas naves, para posteriormente construirlas para volver a navegar igual que las que partieron el 3 de agosto de 1492 desde Palos de la Frontera.

Para llevar a cabo la construcción de estas réplicas, la Sociedad Estatal Quinto Centenario, dentro del marco de colaboración con la Armada Española, encargó la dirección del proyecto al Instituto de Historia y Cultura Naval, y un equipo de especialistas de ese organismo hizo un acopio de todos los estudios que existían, analizándolos a fondo y contrastándolos con los avances producidos a lo largo de los años, en la investigación sobre construcción y diseño naval en la época de los descubrimientos.

Como recuerda la web oficial, se trabajó con los proyectos de Monleón y Fernández Duro, D’Albertis, Guillén Tato, Anderson, Etayo y Martínez Hidalgo, todos ellos considerados como los de mayor rigor histórico de los hasta entonces existentes.

Primer nuevo viaje

Una vez elegidas las tripulaciones y seleccionados los mandos y oficiales de cada barco, el 3 de agosto de 1990, la “Santa María”, la “Pinta” y la “Niña”, iniciaron desde Palos de la Frontera una travesía por puertos españoles y europeos, para finalizar su periplo recalando en la Exposición Universal de Sevilla de 1992.

Para culminar con los objetivos previstos, la Sociedad Estatal Quinto Centenario llegó a un acuerdo con la Diputación Provincial de Huelva para varar definitivamente estas naves en Huelva, no sólo por ser el origen sino por ser el lugar de tal efemérides.

Para albergar a las carabelas, se construyó una dársena semicircular de 11.500 metros cuadrados con dos pantalanes de acceso de 35 metros cada uno. Las naves fondearían dentro de la dársena situadas de la siguiente manera: a babor, la carabela Niña; en el centro, la nao Santa María; y a estribor, la carabela Pinta, aproando hacia la ría del Tinto, hacia América, hacia su descubridor.

La construcción del edificio fue llevada a cabo por el Arquitecto Pluvio Fernández Heredia, y fue inaugurado el 15 de marzo de 1994.

Eso sí, las naves no están ubicadas en el lugar exacto donde estaba el muelle original de 1492. Algunos trabajos arqueológicos han conseguido recuperar parte de aquellas legendarias instalaciones, pero las réplicas se encuentran más hacia poniente, justo donde el Tinto y el Odiel se unen para dejar de ser ríos y llegar al Atlántico.

Las discrepancias en torno al lepero

Otra de las historias llamativas que dejó el primer viaje de Colón tienen que ver con un hombre: Rodrigo de Triana. Nacido en la localidad onubense de Lepe, en este pueblo lo tienen como uno de sus vecinos ilustres. Discrepancias aparte sobre su nacimiento, el diario de a bordo de Cristóbal Colón menciona que “un marinero ve tierra a las 2 de la mañana”, afirmando posteriormente que el que primero que ve tierra es Rodrigo de Triana.

Sobre el nombre que adoptó en torno al barrio sevillano, hay distintas versiones, sobre si vivía en esa zona cuando Colón le reclutó o que se retiró allí al volver de América.

El caso es que los Reyes Católicos ofrecieron 10.000 maravedíes a la primera persona que avistase tierra, pero cuando llegó la hora de cobrar la recompensa, el almirante argumentó que horas antes de que el vigía avisase, él ya había visto hogueras desde su camarote.

Al lepero le sentó tan mal quedarse sin los 1.000 euros al cambio de la época, toda una fortuna, que algunas crónicas dicen que abandonó la fe Católica. Una calle en el mismo centro de su pueblo o un colegio recuerdan a este marinero para la posteridad, entre otros homenajes.


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