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Son y están

«Si la gente supiera la vida de quienes están en la calle sin hogar, entendería que les puede pasar lo mismo»

Luisa Márquez López. Presidenta de la Asociación Elige la Vida, del Consorcio Andaluz de Impulso Social y Directora Técnica de la Federación Andaluza Enlace. Voluntariado y profesionalidad a destajo para dedicarse de lleno, tanto en su barrio de Triana como en el ámbito regional, a apoyar e integrar a las personas que rescatar de las calles y de las adicciones

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
30 nov 2021 / 22:09 h - Actualizado: 30 nov 2021 / 22:20 h.
"Son y están","Entrevista"
  • Luisa Márquez preside la Asociación Elige la Vida, el Consorcio Andaluz de Impulso Social y es Directora Técnica de la Federación Enlace. / El Corrreo
    Luisa Márquez preside la Asociación Elige la Vida, el Consorcio Andaluz de Impulso Social y es Directora Técnica de la Federación Enlace. / El Corrreo

“¡Cuánto necesitamos vernos más las caras, tener más contacto, convivir más!”. La Asociación Elige la Vida, de Triana, ha retomado sus actividades especiales. Incluso han presentado públicamente dos cortometrajes realizados con personas sin hogar. “Espero que pronto podamos retomar los turnos de desayuno. Estamos deseando, porque el coronavirus rompe nuestro espíritu de convivencia. Los desayunos, de lunes a viernes, se convertían en asambleas para conocernos mejor, generar confianza, de igual a igual, y que se animen a plantear necesidades, y a plantearse objetivos para cambiar, para mejorar. En un espacio autogestionado por todos. Y nosotros, ayudarles en ese proceso, que esas personas sean protagonistas de sus propios cambios. Lo dice Luisa Márquez, de 46 años, que además de presidir esta asociación, tiene un profundo conocimiento de otras muchas vertientes de los problemas sociales que no son estadísticas sino personas marginadas.

¿Dónde están sus raíces?

Nací en Sevilla. Mi padre trabajaba en Telefónica. Mi madre, ama de casa y todoterreno. Soy la mayor de los cuatro hijos. Me crié en Alcosa, un barrio con el que me identifico mucho, mi infancia fue feliz en un barrio lleno de familias jóvenes con muchos hijos. Sigo teniendo conexión con Alcosa y apoyé la movilización para conseguir que fuera realidad el parque periurbano. Estudié en el Colegio Benjumea Burín. A los 11 años de edad, mis padres decidieron mudarse a Santa Clara, yo lo viví como un desarraigo. Sí me encantó el Colegio Ángel Ganivet, de Sevilla Este, fui de la generación de niños y niñas que lo inauguró. Después proseguí mis estudios en el Instituto Luca de Tena y decidí hacer la carrera de Económicas. Desde que vivo con mi pareja hace más de 20 años resido en Triana, donde estoy muy integrada. No tengo hijos por decisión propia, nunca he tenido instinto maternal.

¿Cuál fue su primer trabajo?

En 1998, en las reivindicaciones por tener carriles bici en Sevilla, que me parece el mejor medio de transporte, conocí a varias personas que decidimos emprender y montar una mensajería en bici, se llamó Velociclo, con sede en la calle Relator. Éramos jóvenes de muchos ambitos: periodismo, biología, arquitectura, yo economista, etc. Duró dos años, fue una experiencia muy bonita, y terminó porque todos teníamos otros planes, la repercusión fue buena y le vendimos la cartera de clientes a una empresa de mensajería. En el año 2000 entré en Enlace, la Federación Andaluza de Atención a la Drogodependencia, donde estoy desarrollando toda mi carrera profesional.

¿Cuántas entidades conforman esa red y a cuántas personas atienden?

Son 90 entidades las que están federadas. Hay asociaciones formadas por familiares, por personas usuarias. Hay otras más profesionalizadas. Es un movimiento asociativo muy variopinto. Y formado por miles de voluntarios y profesionales. En 2020 se atendió a 9.867 personas con problemas de adicciones e incorporación social. Esa cifra no incluye a jóvenes en programas de prevención, ni a familiares, ni a otros colectivos sin problemas de adicciones que también están afectados. Cuando empecé hace 21 años, me ocupaba de dinamizar las iniciativas de inserción, los talleres de empleo. Después, con mi formación como economista, fui asumiendo todo lo que es contabilidad, tesorería, financiación, etc. En Enlace todos somos todoterreno. No estoy solo por un sueldo. Me gusta que mi trabajo tenga un impacto en la sociedad. Me gusta influir en las injusticias, e influir en la política para cambiar las leyes y que no sean criminalizadas las personas que consumen drogas.

¿Cómo empezó a implicarse en la Asociación Elige la Vida?

Cuando me mudo a Triana. Les conocía, es una de las entidades federadas. Empecé a colaborar de forma esporádica, en cuestiones puntuales. Poco a poco, me fui involucrando más, porque Elige la Vida es una asociación muy viva y muy abierta, compuesta por personas muy diferentes, pero que tenemos una visión muy similar de lo que queremos hacer: ayudar a personas sin hogar, a quienes sufren problemas de drogadicción, de exclusión, de marginación. Hace seis años me eligieron presidenta. Y tan a gusto. En la asociación hay 73 personas, la cuota es voluntaria, lo que cada cual puede aportar trimestralmente. Con dedicación más periódica somos 23. Y colaboradores hay muchos más, sean o no socios, para organizar o resolver lo que haga falta. En el barrio, la gente se implica mucho, y nos sentimos una asociación querida.

Triana tiene aureola de barrio con encanto. ¿Sorprende cuando comentan dentro o fuera del mismo a qué se dedican?

La realidad de las adicciones o el sinhogarismo está delante de todos, en la calle, aunque no lo queramos ver. No nos gusta visibilizarlo desde la pena. Las personas que atendemos son muy participativas y se involucran mucho en las actividades. No quieren ahondar en la pena. Son personas con sus necesidades, sus sueños, sus ideas, y quieren visibilizarlo. Nuestro espíritu y nuestro mensaje es de convivencia. Tenemos que involucrarnos para que haya más justicia social. Porque no todas las personan parten con las mismas oportunidades. Y no consideramos que la pena sea la palanca para construir.

¿Quiénes son?

Un poco de todo. Hay perfiles muy distintos. Familias enraizadas en Triana, con las que hacemos prevención. Hay personas con problemas de salud mental, tengan o no adicciones. Hay jóvenes inmigrantes marroquíes de 18 o 19 años que se ven en la calle sin oportunidades, tras su periodo en centros de menores. Hay ancianos muy aislados.

¿Acuden también desde otras zonas de Sevilla al recomendarles que contacten con ustedes?

Sí, y mantenemos el contacto con esas personas también cuando dejan de estar en Sevilla. Por ejemplo, rumanos que han regresado a su país. O el caso contrario: una joven alemana que quiso hacer un año sabático en su carrera y dedicarse en España al voluntariado, y a través de internet nos eligió. Estuvo un año viviendo en Triana y se implicó mucho.

¿Qué logran solucionar?

Hacemos lo que podemos. Somos una asociación pequeña, con pocos recursos, tenemos las cuotas de las personas socias y pequeñas subvenciones que recibimos de las administraciones públicas, y también de la Obra Social de la Caixa. Tenemos tres personas trabajando, dos son educadoras y trabajadores sociales, la otra es integradora social. Y algunos días tenemos a una psicóloga de la Federación Provincial Liberación para atender a quienes necesitan apoyo psicológico. Nuestro objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas más vulnerables y mejorar la convivencia en el barrio. La asociación se fundó hace décadas cuando crecieron los problemas causados por la heroína. Empezó dedicada a la prevención con los jóvenes y después dio el paso a la intervención con quienes sufren adicciones. Y desde hace 12 años, como aumentó bastante en el barrio el número de personas sin hogar, por la cercanía con la Estación Plaza de Armas, por acudir al comedor social en Pagés del Corro, nos demandaban taquillas, duchas,... Y decidimos afrontarlo. Nos vamos adaptando a las demandas que vemos, en coordinación con los servicios sociales municipales en Triana, para prevenir problemas mayores. Por ejemplo, hacemos intervención educativa en familias con menores dentro de sus hogares, para prevenir adicciones, para que no abandonen el colegio, para protegerlos de situaciones muy complicadas.

¿Tienen abierta su sede mañana y tarde?

Actualmente solo se atiende por la mañana. Sí tenemos por las tardes algunas actividades puntuales. Cuando las personas sin hogar nos han demandado abrir las taquillas por las tardes, sí hemos hecho turnos para que recojan sus pertenencias. Tenemos más de 40 taquillas pero la demanda es mucho mayor. La lista de espera para conseguir una es impresionante. Como en la sede tenemos mucho trasiego, para algunas intervenciones que necesitan más intimidad, nuestra psicóloga les atiende en el local de la Asociación de Vecinos Triana Norte, que nos lo ceden sin problemas. También hemos hecho actividades en otros muchos lugares. También en las calles, porque a veces lo que conviene es pasear con esas personas para que se relajen.

¿Todas las personas que piden taquillas carecen de vivienda?

Unas están en la calle y otras malviven en lugares de modo muy temporal que son infraviviendas.

Consideran Elige la Vida como su casa, para tener sus cosas de valor, sus pertenencias. Nosotros hacemos custodia de los documentos, de medicamentos... En la calle es muy difícil mantener bien un tratamiento médico. Ayudamos a que se lo tomen bien y con regularidad. Espero que pronto podamos retomar los turnos de desayuno. Estamos deseando, porque el coronavirus rompe nuestro espíritu de convivencia. Los desayunos, de lunes a viernes, se convertían en asambleas para conocernos mejor, generar confianza, de igual a igual, y que se animen a plantear necesidades, y a plantearse objetivos para cambiar, para mejorar. En un espacio autogestionado por todos. Y nosotros, ayudarles en ese proceso, que esas personas sean protagonistas de sus propios cambios.

¿Han sufrido quejas de sectores vecinales temerosos de tener al lado un lugar donde se atiende a las personas más desfavorecidas, como ha sucedido en otros barrios?

Toda la comunidad de vecinos del edificio donde tenemos el piso se vuelca con Elige la Vida. Si ocurre alguna incidencia, como algún chillido, o tirar colillas o una litrona a un parterre, nos avisa y se resuelve. O hacemos una mediación, y se arregla. Tenemos que ser conscientes de que hay muchas personas con problemas de salud mental, y eso a veces causa algún incidente. Insisto: Tenemos que ser conscientes de que eso está ahí. No podemos negar la mayor ni decir: “Esto no lo quiero en mi barrio. Llévatelo a otro”. Hay demasiada aporofobia, odio a la pobreza, rechazo a la pobreza... Y la gente no sabe que en poco tiempo tú también te puedes ver en esa situación.

Explíquelo.

Si la gente conociera la historia de muchas de las personas sin hogar que acuden a Elige la Vida, fliparía. Hay incluso catedráticos de universidad. Por problemas mentales o por muchísimos otros factores, su vida ha hecho 'crack' y se ha ido al garete. Y eso le puede pasar a cualquiera. La gente no es consciente de eso. Y nosotros intentamos concienciar. Las personas sin hogar no son maleantes, no son vagos... No han elegido ese destino. Están ahí por unas causas. Y para que no les pase a más, tenemos que atajar esas causas de raíz. Y tratarles con humanidad, porque están ahí. No hay que mirar para otro lado. Si la gente conociera lo que hay detrás...

¿Algunas de esas personas sin hogar tienen familiares en Sevilla y no los acogen?

Sí. Han roto todos sus vínculos afectivos con familiares, con amigos... Por las adicciones, porque ha habido agresiones, por problemas de salud mental. Hay muchos casos de salud mental cada vez más graves. Y las familias se sienten impotentes. No pueden atender a alguien así, con ese desequilibrio. Y terminan en las calles. Sin recursos específicos para ellas. Y en la calle es muy difícil estar diagnosticado, tener un tratamiento, y que estas personas estén estables y puedan retomar sus vínculos. Las familias estarían encantadas. Pero no tienen medios para solucionarlo. No pueden estar con una persona que tiene brotes de violencia, con la que no se puede razonar. Es muy complicado.

¿Qué adicciones están proliferando últimamente?

Las apuestas. Es muy fácil, con un móvil, apostar o hacer juegos online. Incluso adolescentes. Hay familias que nos llaman diciendo: “que está el niño encerrado en la habitación con un juego de apuestas y no hay quien lo saque de ahí ni para merendar ni para cenar”. También tenemos personas muy mayores con problemas de alcohol.

¿Sigue siendo complicado que haya empresas dispuestas a la integración laboral de quienes están más necesitados de una oportunidad?

Es difícil. Las adicciones están estigmatizadas socialmente y generan rechazo. Es mucho más agradable para la ciudadanía apoyar a una asociación que trabaja con niños, que pedir ayuda para otra que atienda a drogodependientes que han estado en la cárcel o en la calle. Por eso insistimos desde la Federación Enlace con nuestra labor de sensibilización. Ha mejorado la oferta de talleres para la mejora de la empleabilidad, hay entidades que han montado empresas de servicios y a la vez que enseñan habilidades, rutinas, hábitos, oficios, están realizando una terapia. Pero no encuentran apoyo por parte de las administraciones públicas para perseverar en esa labor puente, porque esas empresas no pueden ser rentables, ni son para que se queden en ellas. En el campo general de las empresas, sí se implican algunas empresas de limpieza, de construcción, de agricultura, de reparto. Pero son pocas. Insisto: pensemos en las personas que necesitan una segunda oportunidad. Haber pasado una mala racha en tu vida, haber caído en adicciones, haber terminado en la calle, no significa una condena de por vida. Puedes recuperarte, puedes salir de eso, pero necesitas apoyo. En solitario no se puede.

¿La dificultad de gestionar las incertidumbres de la vida, en un mundo tan cambiante, está causando muchas situaciones de adicciones o marginalidad?

Sí. Creo que, en general, hay ahora más desconexión entre las personas, por muy conectados que estemos con las nuevas tecnologías. Hay mucha soledad, y gente con mucha falta de cariño. Porque cuando hablas con algunas personas que tienen problemas de adicciones, te das cuenta que, en el fondo, lo que hay es falta de autoestima, de cariño. Hay autodestrucción por no sentirse con un futuro, no sentirse útiles... Actualmente hay mucho riesgo de que las personas acudan a una adicción, ya sea a sustancias, o a juegos, o a una plataforma de buscar contactos, por falta de cariño. Notamos el cambio radical cuando una persona encuentra una pareja que de verdad le quiere. Deja de liarla parda, deja de meterse de todo, y ya quiere trabajar, ya quiere convivir. Planes. La gente necesita planes, pero no en solitario. Necesita tener un plan de vida. Y eso, mucha gente no lo tiene, incluso disponiendo de vivienda. También detectamos muchos casos de mujeres que no son conscientes de su adicción. Están en sus casas consumiendo psicofármacos de una manera desproporcionada, porque este sistema social lo que hace es medicamentar muchos problemas que tienen las mujeres de soledad, de que no se sienten comprendidas por sus parejas, o de que están desbordadas con el cuidado de los niños y con el trabajo.

¿Está vinculada a más asociaciones y entidades de carácter social?

Presido el Consorcio Andaluz de Impulso Social (CAIS). Intenta fortalecer el tejido asociativo y la economía social, por ejemplo a través de cooperativas. Y también soy tesorera de la Red Andaluza de Lucha Contra la Pobreza. En esas dos entidades soy voluntaria. Y fuera de lo social, también pertenezco a Assejazz, asociación de jazz de Sevilla. Me encantan la música, el cine, la literatura... Me gusta mucho todo lo que es artístico, disfrutarlo, porque yo no tengo talento. Lo considero una herramienta muy valiosa para el placer, y para transformar. Cuando hemos hecho cosas creativas con las personas sin hogar, con las de adicciones, es una manera muy acertada de tratar temas que son muy dolorosos para ellas. Es muy terapéutico el arte, el teatro... Y para conocerte a ti mismo.

Tienen prestigio los informes que elabora la Red Andaluza de Lucha Contra la Pobreza. Sus datos acreditan que en Andalucía hay de modo crónico un mayor porcentaje de población que sobrevive precariamente. ¿Qué piensa cuando escucha esa frase que tanto se pronuncia, el 'Como aquí no se vive en ningún lado'?

También la verbalizan personas que atendemos. No soy nada chovinista, pero mucha gente vinculada a Elige la Vida verbaliza que Triana es acogedora, y que se vive muy bien en Triana. Quizá vienen de otros pueblos, de otras ciudades, españolas o del resto de Europa, en las que han sentido más rechazo. Obviamente, estas personas pasan muchísimas necesidades y no están viviendo bien. Eso es así. Pero que se vive mejor en unos sitios que otros, ellas mismas lo dicen. Nuestra labor es visibilizar que no todo el mundo vive tan bien, que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades, y que no es lo mismo nacer en Los Pajaritos que en Triana. Porque si has nacido en una familia que se ha dedicado a vivir del narcotráfico, que el padre está en la cárcel, tus hermanos roban, tus vecinos trafican y todo el mundo consume droga, ¿cuál va a ser tu futuro si a tus padres les da igual si vas al colegio o no? Hay gente que está condenada a la exclusión. Y no todo el mundo vive dignamente. Aunque muchas de esas familias sean felices y consideren que viven bien. Comparando los datos de Andalucía con otros lugares de España, a mi juicio el dato más horrible es el de abandono escolar, porque es el indicador de cómo va a ser el futuro de esas personas. La educación es prioritaria y en eso estamos fatal.

Está dedicada a cuestiones cuya problemática no cesa ningún día de la semana. ¿Cómo logra conciliar su compromiso social con liberar tiempo a sus asuntos y aficiones personales?

Lo llevo muy mal porque uno de mis mayores defectos es no saber decir 'No', y cuando lo hago después me agobio muchísimo. Durante los meses más duros de la pandemia lo he pasado muy mal, he estado tan disponible como las gasolineras abiertas 24 horas. Esclava del teléfono. Tengo que aprender a tener mis espacios de autocuidado. Intento hacer yoga. Pero soy muy de querer llegar a todo. Es mi forma de ser. Pero intento mejorar ese equilibrio, porque hay veces que no puedo más. Y me entran ataques de angustia, de ansiedad. Hay veces que me digo: “Hoy apago el teléfono”. Pero me cuesta muchísimo.


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