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Flamenco

A jugar se ha dicho

El Teatro Central acoge este fin de semana la propuesta de Rocío Molina que cierra la trilogía que se estrenó en la última Bienal de Flamenco de Sevilla (****)

23 may 2022 / 06:49 h - Actualizado: 23 may 2022 / 06:52 h.
"Flamenco","Teatro Central"
  • Rocío Molina. / José Alberto Puertas
    Rocío Molina. / José Alberto Puertas

En la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2020 pudimos ver las dos primeras partes de una singular trilogía con la que Rocío Molina quería soterrar su ego y poner su baile al servicio de la guitarra. Este fin de semana hemos podido disfrutar en el Teatro Central del espectáculo que cierra la trilogía, ‘Vuelta al uno’ con el que la artista malagueña reividica el universo infantil del juego.

Todo el espectáculo está impregnado de humor y guiños a la niñez, como el chicle azul, cuyas pompas Rocío integra en la percusión del taconeo en el primer número; las chucherías, con las que la bailaora juega a reproducir sonidos guturales graciosos durante lo que ella misma denomina como “recreo”, o las quejas desenfadadas que le dirige a Yeray Cortés en un momento del espectáculo en el que el cante debería haber sido el protagonista. Ella intenta cantar, pero está claro que no es lo suyo, sobre todo cuando, después de llevar más de una hora bailando sin cesar, se reconoce asfixiada. Claro que todo eso no deja de ser una broma que incide en la ‘Vuelta al Uno’, o es lo que es lo mismo, la vuelta a la frescura y la inocencia de la niñez.

Así, nos encontramos con unos números de bailes en los que priman los palos festeros, como los tangos o las alegrías, con los que Rocío Molina da rienda suelta a un taconeo -tan limpio como vertiginoso- y al desenfado de sus brazos, que coquetea con la danza contemporánea, así como al bamboleo de su cadera, que más que sensual resulta clownesco.

Aunque se permite también adentrarse en la condición trágica del flamenco con una taranta que gira en torno a una frase musical que Yerai repite obsesivamente. En ese número ella aprovecha para imbuirse de rabia, pero en realidad, esta es una emoción que aunque puede nacer de la tragedia en el adulto, también está presente entre los infantes como desahogo de un capricho insatisfecho.

De esta manera, podría decirse que durante los 80 minutos que dura la obra Rocío Molina es capaz de llevar el flamenco al universo de la infancia con un brutal despliegue corporal que, en más de una ocasión, se reviste de teatralidad. Con ello logra uno de los objetivos iniciales de su trilogía, esto es, que la potencia de su baile no se situe por encima de la guitarra. Claro que para ello cuenta con la complicidad de Yerai Cortés, cuyo toque es tan atrevido como preciso y brillante.

La ficha

Obra: Vuelta al Uno
Lugar: Teatro Central, 22 de mayo
Compañía: Rocío Molina
Idea general, y dirección artística, coreografía y baile: Rocío Molina
Guitarra: Yerai Cortés
Calificación: 4 estrellas


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