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‘Agripina, rara avis’ revela la cara más desconocida y humana de la primera emperatriz romana

La compañía teatral sevillana ‘La Purga Turca’ estrenó su obra ‘Agripina, rara avis’, en el Teatro Romano de Itálica

16 ago 2019 / 09:02 h - Actualizado: 16 ago 2019 / 09:05 h.
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Caía la noche y entre el público reinaba el silencio y la expectación. Entre las gradas del teatro, numerosos abanicos se agitaban rítmicamente, sin pausa, para combatir el calor de una sofocante noche de verano. Abajo, en el escenario, sentada en una silla (semblante serio, mirada perdida), la actriz Marta del Pozo encarnó a la protagonista de esta obra: Agripina, hermana de Calígula, sobrina y esposa de Claudio, madre de Nerón.

Durante siglos, Agripina ha cargado con el sambenito de ser una mujer malvada y perversa. Pero la directora de la obra, Eba Rubio, ha dado voz al fantasma de Agripina para que, por primera vez, mostrara su lado más humano.

A través de un monólogo introspectivo, la gobernadora romana narró la intensa y dramática, pero desconocida historia de su vida. Una vida llena de contrastes, de momentos de esplendor a los que siguieron otros de enorme desdicha. El contraste también estuvo presente en la obra, pues a pesar de ser una trágica historia, el texto estaba cargado de un humor sarcástico y cotidiano. De ahí que la actriz Marta del Pozo califique la obra de “dramón cómico”.

Propuesta minimalista

El espectáculo discurrió en una puesta en escena minimalista con sugerentes cambios de luces. Una silla, varias columnas y jaulas cargadas de simbolismo, una tela blanca que hizo las veces de bebé, de velo o de telón, entre otras funciones, completaban un escenario sencillo, pero más que suficiente para cumplir con su cometido.

Marta del Pozo estuvo acompañada por un cuarteto de cuerda dirigido por Carlos Cansino. La actriz sevillana demostró su versatilidad no solo por su capacidad para interpretar a distintos personajes, sino también por sus dotes para el cante, pues la obra contaba con canciones al estilo de un musical.

‘Agripina, rara avis’ revela la cara más desconocida y humana de la primera emperatriz romana

Agripina desgranó su historia saltando de recuerdo en recuerdo, desde la infancia hasta el día de su muerte (o mejor dicho, de su asesinato). Para ello, la actriz se valió de un recurso muy llamativo y original: adoptar el papel de aquellas personas que marcaron el destino de la gobernadora. Así, Marta del Pozo interpretó a la madre, los hermanos, tíos, hijo y esposos de Agripina. De este modo, Rubio y del Pozo, autoras del texto, lograron crear un retrato mucho más humano de la que fuera emperatriz romana, gracias a las confesiones y alusiones a sus debilidades, miedos y preocupaciones.

Una mujer difamada por la historia

Marta del Pozo dio vida a una mujer con carácter y ambición, en una época en la que el poder y la mujer ocupaban extremos opuestos. Se rebeló en silencio y en secreto urdió un plan para ascender en la escala del ansiado poder. Una mujer independiente que con tesón llegó a convertirse en emperatriz de Roma y a tomar parte activa en asuntos de Estado. Pero era consciente de la realidad de su tiempo (y hasta hace no mucho, también del nuestro): en Roma, sin un hombre no eres nadie.

Cuando el emperador, su hijo Nerón, su futuro asesino, emprendió una cacería contra ella, trató por todos los medios de sortear un destino fatal irrevocable. Todos los días tomaba pequeñas dosis de veneno para hacerse inmune y logró sobrevivir a muchas de las trampas que le había preparado Nerón. Pero el destino estaba escrito. Finalmente, los hombres que servían a su hijo consiguieron acabar con su vida en su propia casa.

Agripina luchó contra los estigmas de una sociedad que la asfixiaba. Se preocupó por alzar la voz de las mujeres, aunque ninguna alcanzó el poder que ella atesoró como emperatriz. Es cierto que cometió atrocidades, pero no más que las que cometieron los hombres. Y sin embargo, sus nombres perduran en los libros de historia coronados con una aureola de grandeza y honor.

Todavía hoy continúan las guerras, las ansias de poder, la primacía de los intereses de unos pocos sobre el resto. No ha cambiado nada. Pero Agripina sigue siendo una mujer difamada por la historia, escrita desde una sola perspectiva. De ahí que la obra culminara con un grito de compasión que invita a la reflexión: “¿de verdad creéis que soy peor que todos vosotros?”.


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