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Ambiente modernista

Crítica de ‘D’Aprile y Cogato’ en las Noches en los Jardines del Real Alcázar

27 jul 2016 / 14:21 h - Actualizado: 27 jul 2016 / 14:28 h.
"Música","Críticas"

D’APRILE Y COGATO ***

17º Edición Noches en los Jardines del Real Alcázar. Mariarosaria D’Aprile, violín; Tommaso Cogato, piano. Programa: Granados en París (obras de Granados, Viardot, Boulanger y Fauré). Martes 26 de julio de 2016


Con estos dos artistas italianos residentes en Sevilla empezamos a tener un problema, el peligro de no ser objetivos dado el cariño que les vamos profesando. Su talante amable y distendido y el hecho de que de un tiempo a esta parte se hayan convertido en agentes y promotores de primer nivel del ambiente musical de la ciudad, está propiciando este sentimiento. Aún así creemos que no faltamos a la verdad si concluimos tras un concierto como el del miércoles por la noche que la pareja es capaz de transmitir mucho con su música y de envolver con cuerpo y expresividad los hermosos programas que acometen.

Una sencilla pero muy elocuente puesta en escena, en la que Cogato vistió a pesar del calor un hábito respetuoso con corbata incluida y D’Aprile lució ropa y tocado evocadores del modernismo parisino en el que se desarrollaba el programa, sirvió para poner en pie otro de los carteles que este año homenajean a Enrique Granados, centrado esta vez en su periplo parisino, donde se desarrolló otro de los capítulos que conforman su biografía más popular, su imposibilidad de estudiar en el conservatorio de la ciudad por una enfermedad que le dejó fuera de las pruebas de selección. D’Aprile y Cogato aprovecharon la ocasión para establecer una singular conexión con la familia del sevillano Manuel García, dado que una de las personalidades más influyentes en los circuitos artísticos e intelectuales del París de la época fue su hija Pauline Viardot. Un par de piezas breves de la mezzo y compositora y la sonata que Fauré dedicó a su hijo ilustraron dicha conexión. En la Romanza los intérpretes desgranaron su faceta melódica con acertados aires rapsódicos, mientras Bohemienne sirvió para que la violinista luciera agilidades al más puro estilo zíngaro. La imponente Sonata no. 1 Op. 13 de Fauré sonó sin embargo menos intensa de lo conveniente; acertaron en elegancia y acoplamiento pero no tanto en expresividad y pasión, con caídas de tensión que deslucieron el resultado a pesar de un scherzo rítmico y vibrante. Un melancólico Nocturno de Lili Boulanger completó el listado de invitados al tributo.

Con la Sonata de Granados los incondicionales de las Noches en el Alcázar pueden apreciar diversas formas de afrontarla, dada la cantidad de veces que se ha programado. La de ellos fue pausada y matizada, potenciando su carácter romántico y sentimental. Muy compenetrados, ella hizo gala de una exacerbada expresividad y un sonido homogéneo, mientras él acompañó con mimo y respeto. Sin embargo ni como elemento exótico brilló demasiado el folclore en la Andaluza, a pesar de su incontestable factura técnica. Ya en solitario y sin partitura disfrutamos enormemente con la página más célebre de Goyescas, Quejas o La maja y el ruiseñor, que Cogato atacó como si de un blues se tratase, acentuando su carácter de fantasía libre y sometiéndose al dominio de su expresividad.


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