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Bofetadas de realidad

El World Press Photo trae a Sevilla lo mejor del fotoperiodismo, una profesión cada vez más castigada

27 abr 2017 / 20:34 h - Actualizado: 27 abr 2017 / 20:48 h.
"Fotografía"
  • ‘El sudor os hará campeonas’, de Wang Tiejun.
    ‘El sudor os hará campeonas’, de Wang Tiejun.
  • ‘Dejados solos’, de Santi Palacios, de su trabajo en el Mediterráneo central. Dos hermanos libios que huyen solos, llorando de desesperación y miedo.
    ‘Dejados solos’, de Santi Palacios, de su trabajo en el Mediterráneo central. Dos hermanos libios que huyen solos, llorando de desesperación y miedo.
  • <p></p><p>‘Asesinato en Turquía’, la instantánea que se ha hecho con el premio en la máxima categoría, obra del fotoperiodista turco Burhan Ozbilici.</p>

    ‘Asesinato en Turquía’, la instantánea que se ha hecho con el premio en la máxima categoría, obra del fotoperiodista turco Burhan Ozbilici.

  • ‘Ofensiva en Mosul’, primer premio en la categoría de Noticias, del fotógrafo belga Laurent Van der Stockt.
    ‘Ofensiva en Mosul’, primer premio en la categoría de Noticias, del fotógrafo belga Laurent Van der Stockt.
  • ‘Caretta Caretta atrapada’, primer premio en la categoría de Naturaleza, obra del español Francis Pérez.
    ‘Caretta Caretta atrapada’, primer premio en la categoría de Naturaleza, obra del español Francis Pérez.
  • Aspecto de una de las salas de la Fundación Cajasol, en la calle Francisco Bruna. / Jesús Barrera
    Aspecto de una de las salas de la Fundación Cajasol, en la calle Francisco Bruna. / Jesús Barrera

Pasmo: Una joven de 27 años parece levitar de dignidad delante de dos policías estilo Robocop en Baton Rouge, Louisiana, durante las protestas por el asesinato de Alton Sterling.

Infamia: El cadáver de un refugiado flota, ya hinchado, en medio de un frío Mediterráneo, aún con el chaleco salvavidas puesto.

Pesadumbre: Una niña se sienta en el alféizar de una ventana, a siete metros de altura, en un barrio marginal de Copacabana. En su semblante no parece haber ni pasado, ni presente, ni futuro.

Vergüenza: Tres colores brillan como en un esmalte renacentista. El azul intenso del mar de las islas Canarias, la amarilla piel de una tortuga cayume y el verde de una enmarañada red que apenas le deja nadar. Su mirada nos atraviesa.

Terror: Una niña mira aterrada al batallón iraquí de fuerzas especiales que registran las casas de un barrio de Mosul en busca de efectivos del Estado Islámico.

Desasosiego: Decenas de reclusos hacinados tratan de descansar en la escalera de una prisión filipina. Las paredes están pintadas de rosa y amenazas.

Desconcierto: Una inmensa lámpara de araña desvencijada recibe la luz a trizas entre los cristales rotos de la cúpula de un palacio de Sirte, en Libia, una plaza recién tomada por las tropas de la Unidad Nacional.

Extenuación: Una mujer siria, agotada, es ayudada a cruzar un río para cruzar la frontera de Grecia con Macedonia. Le espera la indolencia europea.

Pavor: El rostro desesperado de Jimji Bolasa, una niña de 6 años que llora delante del féretro donde yace su padre, torturado y asesinado por una banda rival en las calles de Manila.

Repulsión: Los pies de un prisionero del Estado Islámico, atados como un jamón. El cadáver iba a ser arrojado a una inmensa fosa común cuando la zona, cercana a Mosul, fue liberada por las fuerzas aliadas de Assad y Rusia.

Turbación: Un niño pequeño con pañales nos mira, de pie, tras el cristal de un autobús a punto de cruzar la frontera de Ucrania con Rusia. Huye de un conflicto que arde desde hace siglos, pero no lo sabe.

Amor: Adriana Cordeiro acaricia la diminuta cabeza de su hijo, Joao Miguel, uno de los cientos de niños que nacieron con microcefalia en Brasil el pasado año, a consecuencia del virus zika.

Lástima: Miembros del Ejército Juvenil del Trabajo se alinean en los bordes de la carretera por la que va a pasar el cortejo del féretro de Fidel Castro. Los semblantes y la niebla de la sierra no dejan ver el porvenir.

Aflicción: Cuatro niñas estiran sus pies durante media hora, sentadas en el aire, para fortalecer las falanges distales, algo clave para ser buenas gimnastas y representar a China. Sus piernas están llenas de cardenales y sus rostros se caen de tristeza.

Estupefacción: Una cabeza de alce espera a descongelarse para ser cocinada en la casa de un pequeño y aislado pueblo de Tunguska, una remota zona de Rusia.

Ignominia: Dos hombres llevan en sus brazos sendos bebés, caminando entre los cascotes de Alepo, durante el alto el fuego de los bombardeos pactado por Rusia y Estados Unidos.

Envidia (sensación sólo posible en fotógrafos profesionales): Mevlut Mert Altintas grita «Alá es grande» tras haber disparado contra el embajador ruso en Turquía. La fotografía es de Burhan Ozbilici, cuyo objetivo estaba situado a la misma altura que los ojos del terrorista. Un fotógrafo aficionado habría guardado la cámara tras esa toma. Otras cinco fotos posteriores acompañanan a la ganadora del World Press Photo, exposición que puede verse en la Fundación Cajasol hasta el 18 de mayo. No espere emociones tiernas.

EN BREVE

«Toco madera»
Fue lo que dijo el presidente de Cajasol, Antonio Pulido, al referirse a la foto ganadora... y al hecho de que en una hora aparecería por allí el embajador ruso en España, de visita en la ciudad.

Mayoría de freelances
El 75 por ciento de los fotógrafos premiados en este certamen trabajan por su cuenta. Su trabajo no lo publican directamente los periódicos, sino agencias que lo distribuyen. Un tercio de las fotos ni siquiera ha visto la luz de una publicación.

Españoles
Tres fotógrafos son de nuestro país, aunque ninguno está en nómina de un medio español: Francis Pérez y Jaime Rojo, premiados en la categoría de «Naturaleza», y Santi Palacios, especialista en fotografía de conflicto y refugiados. Palacios, de tan solo 32 años, es uno de los fotoperiodistas más prestigiosos de España. El pasado año le fue concedido el Premio Nacional de Fotoperiodismo.

Ocasión única
Erik Jagger, representante de World Press Photo, destacó que el certamen pretende mostrar la excelencia del fotoperiodista clásico, frente a la actitud de los periódicos y revistas, «que cada vez ignoran más su trabajo».


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