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Buika se ganó las palmas por sevillanas en el Teatro de la Maestranza

Concha Buika comenzó su espectáculo el pasado martes prometiendo emocionar al público del Mestranza, y desde luego que cumplió su promesa.

23 oct 2019 / 08:02 h - Actualizado: 23 oct 2019 / 11:14 h.
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Ataviada con un vestido de estética africana, grandes y coloridos pendientes y pelo largo suelto, Concha Buika apareció en el escenario del Teatro Maestranza tras su banda, una formación multicultural y meramente femenina compuesta por Yoonvi Choi a los teclados, Porcia Angelina al bajo, Nicole Glover al saxofón y Camelia Akhamie Kies a la batería. Cuatro excelentes intérpretes que demostraron con creces su maestría, incluso demasiado al principio, ya que en los primeros temas los instrumentos parecían estar por encima de la voz de Concha, aunque ésta no tardó demasiado en adueñarse del espacio sonoro y brillar con luz propia. Bastaron tres canciones para que la cantante mallorquina nos atrapara con su timbre, desgarrado y sensual a un tiempo, y su sentido del humor, al que entre canción y canción daba rienda suelta. Se sirvió de él para halagar la limpieza de nuestra ciudad, al principio del show: “Vengo de Mallorca, nos dijo, y traigo las suelas de mis zapatos más negras que mi cara, que ya es difícil”; y también al presentar algunas de sus canciones, como la de “Tiger Eyes” (Ojos de tigre en español), un tema que alude a todas esas personas que reaccionan con miedo cuando a ven a alguien que, como ella, tienen la piel de un color diferente.

A partir del famoso tema de La Lupe 'Puro Teatro' que Concha hizo suyo con deliciosa libertad interpretativa, Buika no dejó de asombrarnos con su capacidad de subir y bajar los tonos hasta rozar el grito sin perder la afinación. Aunque cuando de verdad se lució fue cuando invitó a subir a escena al percusionista flamenco Ramón Porrina, (hijo de José el Francés y nieto de Porrina de Badajoz) que venía acompañado por su cuñado Isidro, también percusionista y un guitarrista flamenco que Concha presentó sólo con su nombre: Paco. Con ellos la cantante fue elevando el tono emotivo del espectáculo hasta llegar a su particular versión de 'El Último Trago' de Chavela Vargas y 'Nostalgia', el famoso tango de Juan Carlos Cobian, al que imprimió un desgarro y una modulación propios del flamenco, un género que reconoció admirar y venerar.

A esas alturas público y artistas estaban mutuamente entregados a la magia de la música. Buika, que no había dudado en definirse como loca, no porque lo estuviera sino porque a esas alturas se había ganado el derecho a serlo, parecía estar, como dicen los flamencos “a gusto”. No quería irse y dejó para el final el tema que la catapultó a la fama, 'Mi niña Lola', que hizo llorar a más de uno, incluida la que escribe. Y por si eso no fuera bastante todavía tuvo la rebeldía suficiente para aparecer de nuevo en escena, y junto a los músicos flamencos brindarnos una versión de la copla 'Ojos verdes' que hizo vibrar al patio de butacas.


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