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Arte

Ciao caro maestro, yo también soy bosquista

30 jul 2021 / 07:55 h - Actualizado: 30 jul 2021 / 07:59 h.
"Arte"
  • Ciao caro maestro, yo también soy bosquista

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El pasado 26 de julio se nos fue JUAN BOSCO DÍA-URMENETA, el gran maestro de los críticos de arte de Sevilla. No uno de los mejores, no, sino aquel que dictaba sentencia en cada una de sus opiniones. El mayor y el mejor de todos y sin lugar a duda uno de los referentes de muchos, si no de todos los que nos dedicamos a esto, pues nos ponía muy difícil llegar a su altura.

Cada comentario –y ahí queda su extensa hemerografía vertida en las páginas de EL PAÍS y de DIARIO DE SEVILLA- y cada uno de sus textos de presentación en Catálogos, libros y ensayos que dedicó a los autores que fueron de su predilección o que le buscaron a él para que escribiera de ellos, se metiera dentro de las obras, en la imaginación de cada uno y con palabras expresara todo lo que le decían las formas.

Para esto, para llegar a ser crítico de arte, profesor de la Universidad de Sevilla y de toda cuanta institución u organización se lo pidiera, comisario de exposiciones y conferenciante –y además todo a la vez porque ciertamente lo compaginaba- JUAN BOSCO tenía detrás de sí un bagaje cultural que devenía de tres mundos en apariencia dispares, pero que no lo son en absoluto como son el de la Teología, la Filosofía y la Estética del Arte.

Al fin y al cabo no son sino tres versiones de lo mismo: categorías psíquicas y emocionales que se desenvuelven en el pensamiento y en el espíritu en el interior de lo que somos, a las que se les pueden añadir otras no menos etéreas que tienen que ver con los afectos y los recuerdos; con una educación y una elección vital que va buscando su camino de realización, entre otras cosas porque sabe también de su responsabilidad y trascendencia –individual y social que todos tenemos – y que profusamente esparció en su paso por la Tierra.

Arte, Religión y Pensamiento, pero a él todo lo que comporta esto no le bastaba, sino que el hombre –la persona- además de ser individuo debía implicarse, comprometerse con la sociedad de su tiempo y las vicisitudes por la que esta atravesaba. Por eso hay que añadir otro tipo de militancia como es la sindical y la política desde dentro del Partido Comunista y desde Comisiones Obreras.

Ahora son estas cinco cosas: Teología, Filosofía, Arte, Política y Sindicalismo, las que van a definir la personalidad del maestro BOSCO de manera que ninguna pudiera deslindarse de su vida.

DÍAZ-URMENETA, de quien tantas personalidades han evocado su magisterio e influencia, ya es inmortal y para encontrarlo, para que permanezca en nosotros y en las siguientes generaciones, sólo es necesario estudiar a fondo la personalidad tan extraordinaria antes o después habrá que hacerlo y a fondo comenzando por leer desde sus informes de las Asambleas y memorias de las sesiones, para después pasar a los textos científicos volcados en toda su extensa bibliografía, su Tesis Doctoral, sus numerosos textos, sus inéditos, sus manuscritos, ...todo lo que fue objeto de su curiosidad hasta el último momento.

Lamento reconocer que no formé parte como me hubiera gustado muchísimo, de sus numerosos amigos, de todas esas personas que tanto contribuyó a iluminar, a ser, a recibir directamente sus conocimientos, aunque me sentí muy afortunada la única vez que me mencionó en una colectiva en la que participé. Por eso, me arrepiento de no haberme acercado más, de pedirle consejos, orientación en este mundo del arte y de la vida. Le pediría perdón y le daría infinitas gracias por haber tenido al menos la oportunidad de conocerlo y a partir de ahora, mucho más de cerca porque JUAN BOSCO DÍAZ-URMENETA se prolongará para siempre en el pensamiento no ya de nosotros que le convivimos cerca, sino en la medida que le sigamos recordando.

Resulta curioso que aunque disimulaba todo lo que podía la enfermedad que acabó llevándoselo, los dos últimos textos los dedicara a BOLTANSKY, el pintor norteamericano fallecido tan sólo unos días antes que él y a un asunto difícil de definir y detectar no sólo en arte sino en todo orden de cosas, como es el de “Los Puntos Cero”.

Muchas veces mientras leía sus artículos me he preguntado si además de lo que dicen, en realidad hablaba de manera simbólica, metafórica, una serie de parábolas encerradas en una serie de claves personales que pueden llegar a tener muchas más lecturas de las que en apariencia captamos.

Esto ocurre de nuevo con este último que puede entenderse como una especie de testamento, donde bajo la apariencia de ser un análisis de Las Parcas, esa obra tan impresionante de GOYA referente al inicio, desarrollo y final de la vida, recurre a los momentos de inflexión, de parálisis, de división entre un tiempo y otro que no sólo puede referirse a esas fases de la vida, sino a cualquier otra situación por la que pase una vez más la sociedad o el individuo, como muy bien puede ser en la que nos encontramos, bien desde la perspectiva española (con la situaciones de toda índole), bien de la internacional con la arbitrariedad de una pandemia.

También, con lo que supone la voluntad de desarrollar nuestro destino o dejarnos llevar por el azar que tanto condiciona por otra parte nuestras vidas.

JUAN BOSOC escogió el asunto de las Parcas, sobre todo de las dos más importantes como son LÁQUESIS y ÁTROPOS: aquella por el viaje existencial que él mismo hizo acudiendo a las fuentes nutricias del saber. Otra, por aceptar en armonía consigo mismo, el fatum o destino inexorable.

Ese artículo significaba también su despedida, nunca para siempre, sino hasta luego. Y sí, como muchos de sus muchos admiradores con los que tanto gozó, debatió, consensuó y transmitió, me incluyo en esa estela de “bosquistas” hasta donde me lleve también mi destino. El mismo que comparten sus seguidores y discípulos, el mismo de los artistas, periodistas y escritores, el mismo de los sindicalistas actuales y de esa ética política que defendió. El mismo que la Estética y el Arte, allá donde nos lleven.


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