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Cuaderno de Goya (I)

Inicio hoy una nueva serie de artículos, esta vez sobre Goya, en recuerdo de todo lo que he podido aprender del maestro aragonés y que traslado a los lectores advirtiendo que se trata de notas personales

30 abr 2020 / 09:12 h - Actualizado: 30 abr 2020 / 09:14 h.
"Pintura"
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Inicio hoy una nueva serie de artículos, esta vez sobre Goya, en recuerdo de todo lo que he podido aprender del maestro aragonés y que traslado a los lectores advirtiendo que se trata de notas personales, sin el rigor científico exigido en publicaciones del género. Se trata de una serie de apuntes rápidos extraídos de cuadernos, recortes de prensa, papeles sueltos y papeluchos, que hacen por muchas razones que me reencuentre de nuevo con él, el inabarcable y ese sí que por siempre infinito Goya.

La 1ª de las frases a que remito, está escrita sobre la página de un dominical de El País, podría datarse en los alrededores del 11 de abril de 2009, cuando está fechado este suplemento cultural y dice lo que sigue: “Dedicó gran parte de su vida a hacer visible a través de sus obras, las funestas consecuencias de la Guerra (de la Independencia)”.

La 2ª: “A todos nos gustaría que nuestro autor/-a favorito, el artista que amamos, fuera un cúmulo de perfección también como persona y no un depravado, un violento, un alcoholizado, etc., pero el drama de cada persona a veces es inevitable y las circunstancias por las que atraviesa cada uno, pertenecen a la intimidad a no ser que él mismo quiera hacerlas públicas. En Goya hay algo de eso, sobre todo en su correspondencia privada y en la cierta arrogancia que pone de manifiesto en sus autorretratos. También en ese algo que no puede desprenderse ni siquiera cuando pinta arcángeles; no sólo cuando acomete la atrocidad de las “Pinturas Negras”.

3ª: “Ahora que las interpretaciones psiquiátricas y psicoanalíticas son aceptadas por una pequeña pero significativa parte de la comunidad (pseudo)científica del arte, podría afirmarse que muchas de sus obras son producto del cortisol y de la información que hacia la percepción le lanzaban sus neurotransmisores. En principio esto justificaría algunas de sus obras, sobre todo aquellas más dramáticas, en donde parece que lo que pinta es desde la emoción y no desde la razón o incluso si la tuviera esta perdida. Nos movemos ahora en las cenagosas aguas de la patafísica, esa ciencia o paraciencia inventada por Boris Vian y que estoy llevando a las estructuras moleculares y las neuronales del maestro aragonés, causantes de las respuestas –en estos casos plásticas- que daba y les damos en cuanto a la recepción y almacenamiento aleatorio de la información y su transformación en palabras e imágenes.

3º: En relación con lo anterior, hay que decir que lamentablemente a causa de un accidente ocurrido en el laboratorio del forense, cuando una de sus hijas pequeña jugaba con el bote de formol, no se conserva el cerebro de Goya y por tanto, no pueden estudiarse el córtex ni las infinitas capas a las que los patólogos son tan aficionados y tampoco se sabe si esas respuestas provienen de la amígdala reptiliana y son algo así como descargas derramadas en pintura. No se le puede hacer evidentemente un PET, ni concluir con que sus monstruos los sacaba precisamente de sus sueños o de intensas pesadillas.

Cuaderno de Goya (I)

4º: Las preguntas son: ¿desde dónde nos habla?, ¿desde la ira?, ¿desde la clara consciencia de las dos Españas desangrándose entre sí en la Guerra de la Independencia, en la que para muchos es considerada como una de las primeras Civiles si descartamos ahora las celtibéricas? ¿Lo hacía desde el dolor por el país, la pérdida de sus seres queridos?, o ¿desde el pozo sin fondo de sus neuralgias entre las que se encontraban las óticas? Él no cogerá que se sepa, nunca un sable, un arcabuz, un cañón como los que ha representado en sus obras cumbres del 2 y del 3 de mayo, pero toma partido y dispara con la mejor arma que tiene: la pintura.

5º: Lo paradójico de todo esto, es que mientras retrataba a aristócratas y altoburgueses, Goya estaba describiendo y descubriendo un mundo paralelo, captando ese otro que se iba a desaparecer inmediata e irremediablemente y sabía que él o una parte significativa de él se iba también con ellos. Por eso no deja de sorprendernos el que mientras estaba captando esa parte de la sociedad galante y amable, su personalidad se estaba escindiendo, ganando la partida hacia las trágicas.

6º: Una interpretación hecha con nuestra mentalidad actual, justificaría de ese modo el por qué sus retratados muy pocas veces sonríen y cuando lo hacen, pertenecen sólo de la esfera del reducido grupo de sus íntimos, con aquellos con los que se sentía seguro y querido, le unía un vínculo de gratitud, un oasis de paz en medio de su complicada, dura y a pesar de todos sus éxitos, difícil vida. Y no, no sonríen porque a pesar que en la historia del arte ha habido precedentes (en Etruria o en la Gioconda), esa manera de curvar los labios es un “invento” moderno a la hora de posar, de pasar a la posteridad en ese otro e inútil invento de pretender ser inmortales.

7º: En los retratos de Corte parece incluso vengarse de esa sumisión debida en primer lugar al rey y en segundo lugar a bastantes de los grandes personajes y personajillos que pululaban en torno del monarca, de los monarcas de turno, y entre los que se encontraban los mejores intelectuales del país, notabilísimos profesionales (incluido el sastre real o el jardinero jefe), o por el contrario toda esa extensa fauna de aduladores que él tanto detestaba y por eso mismo puede que los representaba envejecidos, calvos, gordos, sin dientes, feos,...sin piedad o misericordia alguna.

8º: Goya tuvo siempre la visión de los dos mundos, el que conocía directamente a través de los grandes palacios en primera persona, y el otro, el de la calle, los que por decirlo meridianamente claro podían ser el de la hipocresía, la envidia, la artificialidad de una elegancia sofisticada y sibilina, y el de la otra realidad descarnada que podía ver, oler, sentir, no más descendiera de su carruaje –que de cierto lo tenía- y caminar por los barracones donde la miseria hacía estragos y como ahora ocurre se iba cebando en los más débiles.

9ª: Pero Goya por encima de todo siempre fue un insumiso que debió someterse por todo lo anterior a una doble vida: a la privada de sus dibujos y grabados y la pública de sus obras al fresco y al óleo, a la de los “Caprichos” y “Disparates” y a la realización de todos sus encargos para obras religiosas, alegóricas, enfáticas. A la belleza oscura de las que formaron parte de ese estilo que se llamaba en sus días de la sensibilité y que parece ya nadie recuerda a pesar de que está detrás de gran parte de la pintura metafísica, existencialista y del surrealismo incluso.

10º: Con Goya se tiene algunas veces esa misma sensación de vértigo con que comenzé estas líneas y siempre me pareció le conducía a él también a los abismos. No ha habido muchos historiadores que como hizo RUDOLF WITKOWER en su día, lo haya analizado desde el carácter saturnal que debió tener sin duda. Desde las bajadas a los infiernos que tuvo y tántas, mientras que paralelamente estaba en la cúspide de la gloria.

NOTA: Hago la advertencia de que los textos que van a aparecer aquí, en EL CORREO WEB, están escritos en diferentes años desde que empecé a interesarme por Goya, a partir de la conferencia encargada por el historiador del arte Antonio Reina Palazón y que impartí en la Diputación de Sevilla. Hasta entonces, lo consideraba demasiado irregular e inabarcable. Después de aceptar el reto, no entiendo como pude perderme todo esto. No quiero que os lo perdáis los lectores, sino compartir opiniones manteniendo un mínimo rigor y coherencia, o por lo contrario absolutamente patafísico, y bueno ya puestos, lo de siempre: ¡Salud y lo que queráis, herman@s!


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