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Culmina el VII Teatros Romanos de Andalucía abriendo la senda a nuevas tendencias de programación

01 sep 2019 / 16:13 h - Actualizado: 01 sep 2019 / 16:18 h.
  • Obra Faro. / Paco Lobato
    Obra Faro. / Paco Lobato

El Festival Teatros Romanos de Andalucía nació, de la mano de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, como una forma más de potenciar, a través del teatro clásico, el conocimiento de una parte fundamental de nuestro patrimonio histórico: los teatros romanos. En concreto los de Itálica, Málaga y Baelo Claudia, aunque en esta nueva edición, el Teatro Romano de Málaga se ha quedado fuera por estar en pleno proceso de restauración.

Para terminar su programación en Sevilla, la organización ha elegido dos propuestas que representan su intención de abrir el festival a nuevas tendencias que no tienen porqué ceñirse de forma estricta a las obras de la cultura clásica. Ya lo hicieron la pasada edición, con obras como la de El Brujo o la de Las Niñas de Cádiz, que parodiaban desde el humor los textos clásicos con deliciosa irreverencia. Pero este año han dado un paso más incluyendo al flamenco con el último espectáculo del Ballet Flamenco de Andalucía, 'Naturalmente flamenco'y 'Faro' la propuesta de Eduardo Guerrero que pudimos disfrutar el pasado jueves 29 en el Teatro Romano de Itálica.

Aunque como su nombre indica el espectáculo del bailaor gaditano se inspira en la poesía de los faros, en realidad se trata de un recorrido por algunos de los palos más significativos del baile flamenco, como la caña, los tangos, la seguiriya o las bulerías, entre los que se entremezclan, a manera de transición entre las piezas de baile, algunas canciones que se han quedado grabadas en el imaginario colectivo, como “Alfonsina y el mar” que Anabel Rivera convierte en una emotiva zambra o la mítica 'Se nos rompió el amor' de Rocío Jurado, que Manuel Soto culmina por bulerías con una versión que explota su contenido sentimental, ambas con el virtuoso toque de Javier Ibáñez. Aunque quizás lo más llamativo es el zapateado que se marca Eduardo bajo el ritmo de la no menos mítica canción de Serrat, 'Mediterráneo'. Y es que, nadie como Eduardo Guerrero para conjuntar el clasicismo de la danza y el flamenco tradicional con el vanguardismo de un baile que incorpora movimientos que rompen con el braceo clásico del flamenco, aunque eso sí, sin renunciar a dibujar una estampa flamenca de lo más típica. De hecho todo el vestuario, que juega hábilmente con los colores a medida que el espectáculo va in crescendo, se basa en la típica chaquetilla corta y los pantalones altos que remiten a la figura del torero, o lo que es lo mismo, a una imagen de virilidad que destila poderío y desplante. Guerrero calienta motores con las cañas, que aborda vestido de blanco, se luce en los tangos con un despliegue inusual de sensualidad y remata vestido de verde con unas potentes seguiriyas hasta terminar, vestido de rojo, con unas alegrías que puso al público en pie. Un público que no dudó en rendirle una sentida y larguísima ovación, palmas por sevillanas incluidas, en el aplauso final.

Por desgracia no puede decirse lo mismo de la obra de Sennsa Teatro Laboratorio que cerró el festival el pasado sábado 31, 'Dead Hamlet'. Fiel a su tradición de llevar el teatro un terreno de continua investigación y experimentación, Juan Manuel Mudarra construye una versión de Hamlet que gira en torno al concepto de la biomécanica, o lo que es lo mismo, a una forma de teatro físico en la que el movimiento corporal se funde con el texto hasta potenciar el mensaje y la fuerza de la palabra. Pero por desgracia, en esta versión las acciones se sitúan por encima de la palabra, llegando incluso a desmerecer el verso. Tal vez por eso la dramaturgia introduce una voz que recita algunos fragmentos del texto original de Shakespeare en inglés. Claro que, teniendo en cuenta el nivel de inglés que tenemos los habitantes de este país, se trata de un recurso un tanto pretencioso e infructuoso. No obstante, el montaje cuenta con una potente producción y una sugerente puesta en escena, gracias a la evocadora escenografía móvil de Fau Nadal el vestuario de Carmen Giles y la iluminación de Adolfo Carmona que colma el drama de sombras, tal vez demasiado para un escenario al aire libre tan grande como el del Teatro Romano. Cabe destacar también el despliegue físico de los actores y actrices, cuyo movimiento corporal raya en algunos momentos con la acrobacia.


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