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El largo confinamiento de las editoriales independientes

Ediciones en Huida y Maclein y Parker nos cuentan cómo se han enfrentado a la pandemia y su situación actual

Julio Mármol julmarand /
14 nov 2020 / 04:39 h - Actualizado: 13 nov 2020 / 13:45 h.
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  • Feria del Libro de Sevilla./ Manuel Gómez
    Feria del Libro de Sevilla./ Manuel Gómez

En Sevilla hay más de veinte editoriales independientes que luchan cada día por sobrevivir. Y el confinamiento no se lo ha puesto fácil. En este periódico hablamos con dos de las más emblemáticas de la ciudad: Ediciones en Huida y Maclein y Parker. Este es su testimonio:

Ediciones en Huida

Ediciones en Huida nació en 2009. En plena crisis. Pero, también, en plena eclosión de un fenómeno poético en Sevilla, a las faldas del cual se agrupaban otras editoriales, como El Cangrejo Pistolero o Libros de la Herida. Martín Lucía, su creador, se había autopublicado un poemario, Los desperfectos. Su primer libro. Poco después, publicaría algunos más a amigos y conocidos. Sería el inicio de Ediciones en Huida, una editorial sevillana e independiente que suma, en su catálogo, decenas de libros, muchos de jóvenes autores a los que las editoriales tradicionales han rechazado o, directamente, dado la espalda. Once años después, Ediciones en Huida, que se forjó durante una crisis económica, se ha enfrentado a otra: la del coronavirus.

El calendario editorial tiene dos picos”, dice Martín, “El actual, en noviembre, y el de febrero-marzo-abril. Viene marcado por la Semana Santa, porque después llegan las Ferias del Libro. Y al quedarnos sin ferias, nos hemos quedado sin uno de los picos”. Al margen de esto, se esconde un problema mayor: el verano. Meses de sequía editorial, en los que la compra de libros se reduce a límites cercanos al cero absoluto. “Si la pandemia hubiese tenido su centro en el verano o a finales, habríamos perdido el segundo pico, pero habríamos tenido meses de trabajo en enero. Así que para nosotros, el confinamiento, en realidad, ha durado seis meses. Hemos vuelto a la normalidad relativa en septiembre, sacando nuevos libros”. Martín cuenta que el confinamiento ha dejado tras de sí cajas y cajas de libros que iban a salir en primavera y que nunca llegaron a las librerías. Debido a las restricciones, los autores dudan al presentar sus obras o, incluso, se niegan hacerlo: “La gente se echa atrás, los autores tienen miedo. Se me cayeron un par y esta semana, con la reducción de horarios, se me cayeron otros tres. Nosotros presentamos o bien en un espacio público, que es el primero que te dice que no, porque no quiere problemas, o en bares como La Carbonería, lo que hace muy difícil organizar ningún acto porque el cierre a las seis no conviene a ninguna presentación”.

Esto obliga a las editoriales a vivir durante meses de su fondo editoral. Pero, en el caso de editoriales independientes como Ediciones en Huida, esta situación es inviable. “Son las novedades las que mueven el árbol y hace que caigan sus frutos”, dice Martín Lucía. “Sin novedades, el árbol no se mueve. No hay nada”. “En 2020, saqué veinte libros menos que en 2019, pero lo peor no es eso”, recuerda. “Lo peor es perder el ritmo de producción”. Frente a un horizonte difuso, en el que todo es susceptible de cambiar de un día al siguiente, es muy complicado programar nada: “Yo no puedo decirle a un autor que en un mes vamos a presentar su libro porque no tengo esa certeza. Quizá la semana que viene lo cierren todo o, por el contrario, quizá lo abran. Tampoco puedo retrasar publicaciones para la campaña de Navidad porque no sabemos si habrá campaña de Navidad”.

Maclein Y Parker

Cuatros años más tarde que Ediciones en Huida, irrumpe en el panorama editorial independiente de Sevilla Maclein y Parker. En 2014 sale su primer libro. La editorial cuenta con dos socios. Uno de ellos es Antonio Abad. “Cada año, sacamos, de media, unos quince libros. En 2020, sólo hemos presentado nueve. Hemos reducido casi a la mitad”, lamenta el editor. “Los libros que sacamos en primavera quedaron en un limbo. No iban a ninguna parte, así que tuvimos que recurrir a un programa de donaciones para sobrevivir. Y, por supuesto, paralizamos todas las publicaciones hasta la desescalada”. Maclein y Parker se ha visto forzada a reducir las tiradas de sus libros debido a que “la gente compra y sale menos y las librerías tienen más complicaciones”. “No queremos sacar un libro y que nos ocurra lo de marzo. Vamos con pies de plomo porque no sabemos qué puede ocurrir a corto plazo”. A estas alturas, todas las editoriales tendrían planificado el próximo curso. Este año es imposible. La incertidumbre provocada por el coronavirus daña tanto como el propio coronavirus. “Supongo que al propietario de un bar le ocurrirá igual”, reflexiona Antonio. “De un día al siguiente, le dicen que tiene que cerrar y él responderá: de acuerdo, pero ahora, ¿de qué como?”.

Ayudas que no llegan

En abril, las editoriales independientes de Sevilla firmaron un manifiesto titulado “Una defensa de las editoriales andaluzas” al que, poco a poco, se fueron sumando las del resto de la provincia. El motivo era el siguiente: las ayudas destinadas al sector del libro ignoraban la figura del editor. “Se hablaba sólo de librerías, principalmente como el punto neurálgico de la venta del libro. ¿Qué pasa? Que nosotros intentamos reivindicar nuestro lugar”, explica Antonio Abad, de Maclein y Parker. “Nosotros trabajamos codo con codo con las librerías. En una reunión en la que participé con el Ayuntamiento, les dije que me parecía genial que apoyásemos a las librerías, a las ferias del libro, etc. Etc., pero el producto que ellos mueven y venden es el libro. Y el libro y la inversión las hago yo. Así que si yo, y otros muchos como yo, desaparecemos, de nada va a servir que usted apoye a las librerías, y les ponga inyecciones económicas a ellas y a las bibliotecas o a las ferias del libro porque si desaparezco yo, no hay libro”. Martín Lucía, de Ediciones en Huida, señala, además, que cuando se publicaron las ayudas para autónomos durante el confinamiento, no se reconocía al editor entre estos últimos: “Todo forma parte de una práctica generalizada: al ámbito cultural se lo considera sólo ámbito, no industria”, especifica. “El peso de la cultura en el PIB es mayor que el fútbol, pero se le presta más atención a este. Dentro de esta situación, que el Ayuntamiento nos margine no gusta pero es comprensible”. Gracias a la insistencia de las pequeñas editoriales para que se las tuviese en cuenta, el Ayuntamiento puso en práctica unas ayudas que, esperan, lleguen a las editoriales a mediados de noviembre. “Desconocemos la cifra de las ayudas”, dice Antonio Abad. “Pero, al menos, ya existen. Ahora, queremos que las mantengan en el tiempo. También las necesitaremos el año que viene”.

Con las remuneraciones de la Junta de Andalucía, sin embargo, son algo más pesimistas: van orientadas a la compra de libros de editoriales independientes por parte de las bibliotecas provinciales. “Este es el proceso actual, pero no funciona muy buen y no es ecuánime porque todo depende del criterio personal de los bibliotecarios. A algunas editoriales le han llegado pedidos de cientos de ejemplares y a otras, de tres o cuatro. En mi caso, el dinero que costaba hacer el envío era casi mayor que el que recibíamos a cambio”. Las ayudas existentes, también indirectas, recompensan a las editoriales por la compra de ejemplares que hacen las bibliotecas, pero esto no suele premiar a las editoriales independientes: “La biblioteca acude a La Casa del Libro y pide cien volúmenes de la última novela de Pérez Reverte porque es lo que van a pedirle los lectores. Pero La Casa del Libro, como Pérez Reverte, no necesitan estas ayudas”, apunta Antonio Abad. “Las necesitamos nosotros. Las grandes editoriales tienen a Almudena Grandes, pero nosotros también queremos vender libros”.

Al sector de la cultura se le echa muy poquita cuenta”, dice Martín Lucía. “Por supuesto, hay que apoyar a la hostelería, pero también a nosotros. Nuestro impacto en el PIB es muy importante”. Según los datos, la industria de la cultura constituye más de un 3% del PIB nacional. El fútbol, por ejemplo, apenas pasa del 1%. “A raíz de la pandemia, se ha apoyado a todo tipo de sectores”, comenta Antonio Abad. “Hasta a compañías aéreas que han sido salvadas por el Gobierno y que yo, desde mi prisma, digo: “si es una empresa privada, hombre, y le estás dando millones”. Así que no sé cuál es el motivo real por el que apenas se ha hablado del daño infligido en el sector de la cultura. Han tenido que ser los músicos los que se la han apañado durante el confinamiento para hacer conciertos online, los cines han cerrado, los festivales de cine se están reinventando como pueden, la mayoría de ferias del libro no se han podido hacer...”.

Una puerta se abre

La Federación de Gremios de Editores de España publicaba, en verano, un dato que no por esperado deja de impresionar: el hábito lector del español ha crecido un 4% durante el confinamiento. El encierro ha hecho que los que ya leían leyesen aún más pero también, y sobre todo, ha creado multitud de nuevos lectores. “Se ha hablado mucho de hacer programas de fomento de la lectura”, dice Antonio, “y el mejor programa de fomento de lectura que se ha hecho en años ha sido la pandemia”. Los lectores acudían en masa a las librerías para renovar sus estanterías tras el confinamiento. La costumbre de leer, nacida durante la pandemia, se ha mantenido en el tiempo: “Ahora, con las restricciones horarias, ya no puedes ir a tomar copas o al cine. Así que te quedas en casa, y lees”, dice Antonio. “Es triste que hayamos tenido que llegar a esta situación para reparar en la importancia de los libros, pero al menos es algo positivo dentro de tantas malas noticias”.

Para los nuevos y viejos lectores, Martín y Antonio tienen algunas recomendaciones de su catálogo. Después Idea el muro, de Cristina Arrojo, es un poemario publicado por Ediciones en Huida y Cuando la humedad nos atraviesa, un libro de relatos, obra de Salvador Blanco Luque. Desde Maclein y Parker, por su lado, han elegido dos volúmenes: uno, un libro de poesías que tiene por título Gente que busca su bandera, de Braulio Ortiz Poole; y Un buen día (Indie español para peques), de Ozantoño Torres e ilustrado por Irene Suárez, dirigido a los más pequeños pero también a sus padres, y en el que se cuenta la historia de la música Indie en España. De forma que no hay excusas para no visitar las librerías. A algunas editoriales les va la vida en ello.


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