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La Gazapera

El mes de Pastora Pavón

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
08 nov 2019 / 09:23 h - Actualizado: 08 nov 2019 / 09:28 h.
  • Pastora Pavón, la Niña de los Peines. / El Correo
    Pastora Pavón, la Niña de los Peines. / El Correo

Un año más, Torres Macarena va a homenajear a la Niña de los Peines con motivo del aniversario de su muerte, en esta ocasión de una manera especial porque se cumplirán cincuenta años de su marcha. Con lo que se quejan las feministas flamencas de lo marginadas que han estado la mujeres en el flamenco, algo que es mentira, y qué poco hablan de lo bien que lo hemos hecho siempre con esta genial artista de San Román, de la sevillana calle Butrón, 19. Por ejemplo, aún vivía cuando un grupo de artistas y aficionados pelearon desde la Tertulia Flamenca de Radio Sevilla para hacerle un monumento y colocarlo en la antigua Pila del Pato, en la Alameda de Hércules, donde sigue, ahora junto a los monumentos de Manolo Caracol y el torero Chicuelo.

Era la primera vez que se le ponía un monumento a una cantaora de flamenco; además, gitana. Fue en 1968, cuando la genial artista apenas podía reconocer a sus seres más queridos. A la mañana siguiente de descubrirse el monumento, obra de Illanes, su hija Tolita la bajó a la calle para que lo viera, y preguntó: “¿Quién es esa?”. La más grande de todos los tiempos no fue consciente de un reconocimiento tan importante para ella, para el cante y para los gitanos. Esos que lloraron tanto cuando se fue, desde Antonio Mairena -que lo hizo precisamente en el monumento-, hasta los últimos calorros de Triana, Jerez, los Puertos y Cádiz. Algún crítico tuvo entre los gitanos, como Juan Talega, pero todos y todas la adoraron siempre y la consideraron la más grande.

Además del monumento, Pastora tuvo otros reconocimientos en vida, como el que le dio Córdoba en 1961. No Sevilla, que hubiera sido más lógico, porque era una sevillana de pura cepa, sino Córdoba. Fue un homenaje promovido por Ricardo Molina y Antonio Mairena, seguramente para tenerla contenta porque ya estaba en marcha la farsa de la Llave del Cante al cantaor de los Alcores, que se la dieron en esa misma ciudad un año después, en 1962, Llave que debió de dársele, sin el paripé de un concurso, a la mejor cantaora de la historia del flamenco. Pero Ricardo decidió que tenía que ser para su gran amigo Antonio Mairena, a pesar de que no era la figura de ese momento.

Otro importante reconocimiento fue declarar su obra Bien de Interés Cultural. Más que su obra, su voz, algo que no se había hecho jamás con ningún artista y mucho menos del flamenco. O sea, que Pastora Pavón Cruz fue una artista reconocida en vida y también cuando se fue de este mundo. Le escribieron los poetas y los mejores escritores y las mejores escritoras del país, como Lorca o Carmen de Burgos. La pintaron los mejores pintores, como Zuloaga y Julio Romero de Torres. Y la amaron toreros, cantantes, cupletistas, escultores, vendedores ambulantes y camareros.

¿Qué podría hacer Sevilla con la Niña de los Peines? No olvidarla, claro. Y que un teatro de la ciudad llevara su nombre, porque fue ella la que le dio el empujón definitivo al flamenco para que entrara en los teatros con los mismos honores que lo hicieron otros géneros. Hace más de un siglo la Niña de los Peines cantaba mano a mano con Chacón en los teatros de Sevilla. El Teatro Alameda podría llamarse Teatro Pastora Pavón. Murió justamente al lado de ese teatro, en la calle Calatrava, 20, el 26 de noviembre de 1960. Medio siglo hace de su muerte y aún vive.


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