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El premio del cazatesoros

La Orquesta Barroca ofreció ayer noche un concierto de recuperación de patrimonio en la Anunciación

05 nov 2015 / 17:36 h - Actualizado: 05 nov 2015 / 19:56 h.
"Música","Patrimonio"
  • El violinista Enrico Onofri. / El Correo
    El violinista Enrico Onofri. / El Correo

El improvisado escenario de la Anunciación recibía anoche al público con una concha acústica ideada con el anhelo de proyectar el sonido de la Orquesta Barroca más allá de la décima fila, algo que se consiguió parcialmente. Con todo, y pese a las evidentes incomodidades para músicos y aficionados de un templo, siempre preferiremos escuchar en un espacio como este a la OBS antes que en su nueva ubicación, un Teatro Lope de Vega que ya, con muy pocos conciertos celebrados, se ha demostrado como un lugar que emborrona la sonoridad.

Prosigue año tras año, lo que es digno de encomio, el Proyecto Atalaya de recuperación del patrimonio musical andaluz que impulsa la Universidad de Sevilla. En un contexto como el que hemos venido atravesando no nos tendría que haber sorprendido su cancelación. Es tarea de una institución como la Hispalense no cejar en el empeño, aunque cabría cuestionarnos si no sería plausible un programa alternativo o paralelo de impulso a la nueva creación musical...

El maestro italiano Enrico Onofri parece encontrarse encantado serpenteando por estos legajos. Y sólo un director y violinista como él puede asegurar el brío con el que deben ser servidas páginas remotas de autores como Vicente Basset, Pedro Rabassa o Antonio Ripa. Otra opción, no creérselo o hacerlo a medias, daría al traste con cualquier intento de colocar esta música en un lugar digno. Como todo buscador de tesoros tiene su recompensa, ayer la hallamos en el aria Si recatada, si traslúcida, de Juan Pascual Valdivia (1737-1811), llena de afectos, un tanto arcaizante, con esquejes aun renacentistas. Plenas de ímpetu las dos Oberturas de Vicente Basset (1748-1762), de expresión clasicista. La OBS sonó bien armada, y lo más valioso, con un profundo aprecio por los pentagramas que abordaron. La soprano inglesa Julia Doyle pasó algunos apuros en las obras de Rabassa (1683-1767) y González Gaitán (1716-1795), de escritura más asequible para una voz de mezzo, quedando aquí la solista oscurecida por la orquesta, cuando no directamente tapada (final de la cantada Voy buscando mi cordero). En la cantata Astro Nuevo, de Rabassa, y en la citada obra de Valdivia, la soprano demostró no sólo un competente desenvolvimiento en el español, también una afinación, proyección y estilo idóneo para este repertorio.


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