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El salto de Darwin se quedó en el impulso

El Teatro Lope de Vega presenta este fin de semana ‘El salto de Darwin’, un drama del autor francouruguyo Sergio Blanco que reflexiona sobre nuestra condición animal.

28 nov 2021 / 12:38 h - Actualizado: 28 nov 2021 / 12:42 h.
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  • El salto de Darwin se quedó en el impulso

Una familia viaja por la ruta 40 de Argentina con las cenizas de su hijo muerto durante la guerra de las Malvinas, justo durante la semana en la que tendrá lugar la batalla final. Es el punto de partida de esta obra, una suerte de “road teatro” en la que nada es lo que parece.

Y es que, aunque al principio todo apunta a que nos encontramos con una reflexión sobre el duelo, la injusticia y la devastación de la guerra, en realidad lo que el autor pretende es adentrarse en la condición animal que todos llevamos dentro y que, ante una desgracia como la pérdida de un familiar, puede acabar con nuestra red de protección afectiva, que es justo lo que, según Darwin, justifica que la raza humana no pereciera ante la selección natural de las especies. Porque el ser humano no es ni mucho menos la especie animal más fuerte. De ahí que Darwin se plantee el porqué de su existencia y llegue a una interesante conclusión: los seres humanos nos abrimos camino gracias a nuestra capacidad para protegernos los unos a los otros.

Nos lo explica el personaje del cuñado en un momento de la obra con un monólogo que, aunque se sale del resto del discurso y es un tanto largo, resulta clarificador en cuanto al contenido de la dramaturgia, porque nos permite vislumbrar que la intención del autor es hacernos reflexionar sobre hasta qué punto los humanos somos capaces de involucionar en nuestra condición animal . Pero, por desgracia, en esta versión de Natalia Menéndez ese salto hacia atrás se acaba perdiendo.

Prácticamente toda la primera hora se entretiene en el viaje y en la presentación de los personajes, quienes poco a poco, nos van mostrando su forma de afrontar el duelo por la muerte de su ser querido. Hasta que aparece de repente Casandra, un personaje en principio inquietante, ya que es portador de un secreto que puede desestabilizar a la familia. Sin embargo, tal y como está perfilado, más que inquietar nos choca. Lo mismo que el resto de los conflictos que surgen de su relación con cada uno de los integrantes de la familia, que a pesar de ser portadores una buena carga dramática, se quedan como flotando en el ambiente, hasta el punto de que, al final, nos quedamos sin saber qué nos ha querido contar el autor.

No obstante la obra se salva porque se trata de una impecable producción que pone a disposición de la puesta en escena una hermosa escenografía, a cargo de Mónica Boromello, una sugerente iluminación de Juan Gómez-Cornejo y la magistral y cautivadora actuación de Cecilia Freire, Pablo Gómez-Pando, Olalla Hernández, Teo Lucadamo, Goizalde Núñez y Jorge Usón.

Obra: El salto de Darwin

Lugar: Teatro Lope de Vega, 27 de noviembre

Autor: Sergio Blanco

Coproducción: Teatro Español y Entrecajas en colaboración con el Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid

Adaptación y dirección: Natalia Menéndez

Música: Luis Miguel Cobo

Intérpretes: Cecilia Freire, Pablo Gómez-Pando, Olalla Hernández, Teo Lucadamo, Goizalde Núñez y Jorge Usón.

Calificación: **


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