«El sistema educativo musical necesita renovarse»

Hablamos con Rafael Cañete, compositor y profesor de música que mañana estrena obra en el quinto concierto de abono del programa Gran Sinfónico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla

19 ene 2022 / 14:01 h - Actualizado: 19 ene 2022 / 14:03 h.
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Natural de Córdoba, Rafael Cañete Celestino conoce ya lo que son los nervios antes de un estreno, después de que la Orquesta del Aljarafe haya tocado varias de sus composiciones, y que miembros de la Sinfónica de Sevilla interpretaran en 2013 su Fantasía sobre un poema de Charles Bukowski y en 2015 Versos y ecos sonoros para conciencias dormidas. Su trabajo en el Conservatorio Profesional de Música de Sanlúcar la Mayor, su amistad con el gerente de la ROSS Pedro Vázquez, y su inquietud como agitador cultural son cuestiones que también hemos tratado en esta entrevista un día antes de que su Fantasía Sonora nº 3 disfrute de su puesta de largo en los atriles de la Sinfónica y el marco del Maestranza.

Imaginamos que estará muy excitado con el estreno mañana de su nueva obra, ¿qué nos puede contar de la Fantasía Sonora nº 3 y qué supone estrenarla con la Sinfónica al completo, después de haber trabajado en anteriores ocasiones con parte de su plantilla?

Sí, muy emocionado; es el sueño de cualquier compositor andaluz, el Teatro de la Maestranza y la Sinfónica de Sevilla. Se trata de un trabajo que se va forjando poco a poco, primero con obras de cámara, luego para conjuntos más complejos hasta que te encargan una obra con una duración determinada y un contexto concreto. A partir de ahí, antes de ponerte a escribir tienes que reflexionar sobre el planteamiento que quieres hacer a nivel musical, temático y estructural. Normalmente mis obras parten de una idea previa, una obra de arte, un paisaje o algún motivo concreto, exactamente igual sucede con Fantasía Sonora nº 3, pero no se trata de una cuestión de gusto personal sino de mi capacidad. Me resulta imposible imaginar música si no tengo un referente, sea un cuadro, un poema, o en este caso la cultura tartésica. Un familiar mío, Sebastián Celestino, es arqueólogo especializado en Tartessos y está a cargo del estudio de un templo muy importante que hay en Badajoz, por lo que a raíz de leer trabajos suyos y conversar con él, empecé a interesarme por esta cultura que proviene de la fusión de los fenicios y la población que ya existía aquí. Imaginé así el encuentro entre dos culturas diferentes, que no se combinaron por invasión sino de forma pacífica, todo un universo de viajes marítimos, dioses diferentes y unión de culturas que me fueron dando las claves para encontrar la música, descriptiva aunque sin contar una historia sino más bien una sucesión de imágenes.

Sus dos primeras fantasías sonoras se dedicaron a un poema de Charles Bukowski, gran referente de la cultura beat norteamericana, y a Los caprichos de Goya. ¿Qué posición ocupan en tu catálogo estas dos obras?

Les tengo un enorme cariño porque son mis obras más libres y personales. He escrito mucha música por encargo, para obras teatrales, ballets, incluso un réquiem. Me siento muy satisfecho con estos encargos pero me siento más libre cuando decido yo sobre qué componer, un poema de Bukowski que adoro o los Caprichos de Goya que tuve la suerte de estrenar y tanta vigencia tienen hoy por su carácter crítico, que además se proyectaron durante el estreno de la obra conforme se interpretaba. Cuando trabajas para una obra de teatro o un ballet tienes que amoldarte a las indicaciones del director, por eso estas tres obras siguen una numeración, porque me he sentido más cómodo y libre para decir lo que quería en cada momento, aunque trabajar por encargo da mucha vida, al rodearte de los intérpretes e ir dando forma al proyecto conforme van surgiendo necesidades. Cuando vas por libre te sientes más vulnerable y más responsable, el trabajo por lo tanto resulta más difícil pero más gratificante a nivel personal.

Has trabajado en muchas ocasiones con la Orquesta del Aljarafe y su director Pedro Vázquez. Con ellos estrenaste el Réquiem y las Impresiones Sinfónicas Prometeo, y ahora es la primera vez que te enfrentas a la Sinfínica de Sevilla al completo, ¿cómo vives esta nueva experiencia?

Hay una diferencia considerable entre el carácter fijo de los músicos de la Sinfónica de Sevilla y una orquesta como la del Aljarafe, integrada por intérpretes jóvenes y algunos profesionales, pero que cambian según cada concierto y no cuentan con la disciplina institucional que tiene la ROSS. Pero el esfuerzo y la implicación de sus integrantes y de Pedro Vázquez hizo posible que su trabajo fuera muy solvente. En este concierto de mañana estoy teniendo una magnífica colaboración con el director italiano Giuseppe Finzi, con una trayectoria internacional impresionante. Desde el principio ha mostrado un enorme interés por la obra, por comprenderla. Antes de acometerla solicitó conocerme e intercambiar impresiones sobre ella, a nivel técnico y expresivo.

Tu música es ecléctica, combina técnicas clásicas y contemporáneas, recursos expresionistas e impresionistas, música tonal y dodecafónica, mirando más a las vanguardias del siglo pasado que a la música contemporánea más estricta. ¿Podrías explicarnos cuáles son las técnicas concretas utilizadas en esta Fantasía nº 3?

Ciertamente se trata de una música que mezcla lo tonal y lo atonal, que busca el contraste expresivo entre la consonancia y la disonancia, recursos orquestales del siglo XX y técnicas más extendidas en la actualidad. Lo que más me interesa es que el público disfrute con la obra, por lo que no se trata de música demasiado intelectual, sino más emocional. Respeto todo tipo de música pero la mía es más comprensible, así es como me sale y la disfruto, siempre pensando que el público la entienda sin demasiadas complicaciones. Después de estudiar violín con profesores como Antonio Flores, con quien aprendí mucho sobre técnicas de contrapunto, salí a estudiar composición en París, donde encontré lo que buscaba, un trabajo muy creativo y directo sobre el arte compositivo, siempre a través de las partituras y buscando respuestas en el trabajo de otros compositores para encontrar soluciones a los problemas que planteaban las mías propias. Encontré una forma de trabajar muy distinta a la que percibí aquí tanto en composición como en armonía; me dieron las herramientas que necesitaba para trabajar en mi música.

¿Qué podría contarnos de su faceta como docente y su trabajo en el Conservatorio Profesional de Música de Sanlúcar la Mayor?

Empecé a trabajar allí en 2014, más de una década de su fundación, como profesor de armonía y análisis. Yo particularmente me defino más como compositor que como profesor, pero mi trabajo como tal me encanta y no lo concibo si no lo disfruto y me siento cómodo. Antes de la crisis del 2008 podía vivir de mi música, sobre todo de los encargos, pero después resultó inviable y mi trabajo como docente se convirtió en una tabla de salvación. Actualmente no solo es un complemento económico sino que me enriquece a nivel personal, obligándome a renovarme constantemente. Pero lógicamente cuanto más tiempo tenga para dedicarme a la composición, mejor.

Podemos considerarte también un agitador cultural, especialmente por el trabajo que realizas con jóvenes en espacios como el Proyecto Luna, con miles de alumnos y alumnas de conservatorios y colegios interpretando música en directo, ¿cómo ves el panorama de la música en Andalucía y cuáles son las medidas que se deberían adoptar para fomentar la música en nuestras comunidad y que se renueven los públicos interesados en esta disciplina?

Me siento bastante rebelde en este aspecto, y considerando que la política no es mi camino, intento cambiar las cosas a través de mi trabajo en la educación y la música, que a menudo respira esa rebeldía y crítica a la sociedad, el capitalismo y el materialismo hoy día desbordado debido a la proliferación de las redes sociales. Ha aumentado la obsesión por la imagen y lo superficial. Hace falta más educación y mayor implicación con los alumnos, pero habría que mejorar el sistema educativo con respecto a la música en los colegios. No basta con tocar una melodía a la flauta o aprenderse la vida de Beethoven en cuatro párrafos. Hace falta más práctica y más emoción, como sucede en países de nuestro entorno, por ejemplo Francia, donde una compañía como France Telecom tiene su propia orquesta con empleados de su plantilla y resultados aceptables, capaces de enfrentarse incluso a un Beethoven.

En cuanto a la afición, habiendo oferta y espacios impensables hace unas décadas en una ciudad como Sevilla, la afluencia de público deja a menudo que desear. Teniendo en cuenta que hay varios conservatorios, ¿cómo es posible que no se fomente entre el alumnado una mayor asistencia a conciertos, especialmente cuando quienes interpretan son sus propios compañeros y compañeras?

Es cierto que en Sevilla hay una oferta espectacular. Recuerdo que cuando estudiaba en el conservatorio ir al Maestranza y escuchar a la Sinfónica era un acontecimiento, pero quizás hoy con tanta información y acceso en los móviles se haya frenado a nivel social la asistencia y el entusiasmo por los conciertos. En el profesorado de los conservatorios encontramos de todo, desde profesores nada implicados a otros muy profesionales y entregados que por supuesto fomentan proyectos y procuran generar entusiasmo e interés, pero lo cierto es que algunos seguimos buscando las claves para que exista una mayor implicación del alumnado en la vida musical de la ciudad. Hace falta renovación, el profesorado actual estudió con profesores de un sistema muy antiguo. Aquí apenas había educación musical hasta finales de los ochenta, está todo muy anticuado. Afortunadamente hoy se tiende a salir más fuera, y eso generará por fuerza una influencia de otros sistemas educativos más modernos y sofisticados, como la alemana, la francesa o la inglesa, más prácticos y productivos, menos densos, no como los nuestros, llenos de asignaturas, arcaicos. Hace falta fundamentalmente renovación para dar salida a todo ese potencial y talento que hay en nuestra comunidad y que se está traduciendo en una cada vez mayor presencia de músicos de la tierra en orquestas de todo el mundo, gracias a proyectos e instituciones como la OJA o la Fundación Barenboim-Saïd, y al espíritu cada vez más aventurero de nuestros chavales.

Fantasía Sonora nº 3 se estrena mañana en el Teatro de la Maestranza, en un concierto de la ROSS que también incluye Tzigane de Ravel e Introducción y Rondó Capriccioso de Saint-Saëns, ambas con la violinista ucraniana Anastasiya Petryshak, y Fuentes y Pinos de Roma de Respighi bajo la dirección de Giuseppe Finzi.


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