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El teatro que viene

El Teatro Central trae a Sevilla una de las obras más premiadas de la última temporada, un monólogo tan fresco como interesante y comprometido.

30 nov 2020 / 04:00 h - Actualizado: 30 nov 2020 / 04:00 h.
"Teatro","Críticas"
  • El teatro que viene

Conformamos nuestra identidad desde nuestra propia mirada o desde la de los demás. Es la cuestión que da pie a esta obra, un monólogo tan interesante como comprometido que nos acerca a la forma que tienen los adolescentes de enfrentarse a temas sociales tan candentes como la inmigración, el racismo y la xenofobia..

La obra, a cargo de tres jóvenes promesas, representantes del teatro que viene, nos brinda una perspectiva diferente de abordar la denuncia social que nos llena de esperanza. La dramaturgia parte de la ruptura de la cuarta pared. Carlos, el protagonista, se dirige directamente a nosotros. Es un chico de 15 años (es lo que él cree) alegre y extrovertido a quien sus padres obligan a ir a terapia de grupo, un día a la semana, por algo que él mismo nos devela en un momento de la obra. Mediante una red social muy popular entre los jóvenes entabla relación con una chica de su edad (eso es lo que él cree) que al igual que él es de clase media. Así, en el primer acto se presenta como un chico normal y nos habla de sus padres, que también, según él, son de lo más normal. Nos habla también de sus amigos, de su afición al hip hop y, tras mostrarnos sus dotes de bailarín, nos hace partícipes de sus primeros contactos con Claudia, la chica que ha conocido por Tinder. Y con inusual frescura nos cuenta su proceso de cortejo y enamoramiento, preñado de ilusión y ternura.

Ha transcurrido la primera mitad de la obra y ya sentimos una tremenda empatía por ese chico que, aunque adolescente, todavía conserva algo de la inocencia infantil. Y entonces la historia da un giro inesperado que nos lleva a un terreno totalmente diferente: la denuncia de la xenofobia que el protagonista acaba sufriendo en primera persona. Carlos deja de ser inocente de golpe y se enfrenta a una tragedia que no acaba de ser verosímil. Aunque lo peor es que, para llegar ahí, el autor recurre a una denuncia falsa de violación, por parte de la prima de la novia. Y una vez más desde los tiempos de la Biblia, el mal tiene nombre de mujer. Con lo fácil que hubiera sido que, en vez de la prima, la denuncia hubiera partido del padre de la chica, por poner un ejemplo.

No obstante, el relato consigue sorprendernos, impactarnos y emocionarnos a partes iguales gracias, en gran medida, a la frescura del texto y su forma de retratar la mirada del adolescente, a mitad de camino entre la inocencia del niño y el arrojo deseante del adulto. En ese sentido cabe destacar el dinamismo y la composición que la dirección de Montse Rodríguez Clusella imprime a la puesta en escena. Para ello se sirve de una escenografía y una iluminación que cumplen plenamente con su función de ambientar la historia; una selección musical que eleva el potencial emotivo del relato y, sobre todo, una soberbia actuación por parte de Lluís Febrer, quien con apabullante naturalidad borda su personaje hasta el punto de que cualquier adolescente puede identificarse con él.

Obra: A.K.A. (Also Know AS)

Lugar: Teatro Central, 28 de noviembre

Dramaturgia: Daniel J. Meyer

Dirección: Montse Rodríguez Clusella

Intérpretes: Lluís Febrer

Calificación: ****


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